Hay quien vuelve de las vacaciones con una camiseta de recuerdo o con un imán para la nevera. Otros prefieren llenar la maleta con una pieza que tenga historia: un espejo con una bonita pátina, una lámpara de los años 70, una vajilla que ya no se fabrica. De hecho, yo soy de los que siempre dejan un hueco en la maleta para guardar esos pequeños hallazgos que se suelen encontrar en los viajes.
Los mercadillos de antigüedades siguen siendo uno de los mejores lugares para encontrar ese tipo de objetos que aportan personalidad a cualquier interior. Son espacios para pasear sin prisas, rebuscar entre cientos de puestos y dejarse sorprender, porque nunca sabes cuándo va a aparecer esa pieza que parecía imposible encontrar y que acaba convirtiéndose en la protagonista del salón.
Un plan imprescindible para los amantes de la decoración en la Costa del Sol
Si este verano pasas unos días en la Costa del Sol, merece la pena reservar la mañana del domingo para visitar el Rastro de Torremolinos, uno de los mercadillos de segunda mano y antigüedades más conocidos de la provincia de Málaga.
Se celebra todos los domingos, de 9:00 a 14:00 horas, en el Recinto Ferial de Torremolinos, un espacio de fácil acceso donde también hay aparcamiento en las inmediaciones y conexiones mediante transporte público.
Aunque también hay puestos de ropa, libros, juguetes o pequeños objetos de colección, la zona dedicada a la decoración es la que más interés despierta entre interioristas, coleccionistas y aficionados al diseño vintage.
Entre los puestos es posible encontrar muebles auxiliares de madera maciza, espejos antiguos, lámparas de diferentes épocas, marcos, cerámicas, cristalerías, relojes, cuadros, cajas de madera, cestas de fibras naturales, jarrones, utensilios de cocina tradicionales o pequeñas piezas decorativas que encajan perfectamente en casas de estilo mediterráneo, rústico o contemporáneo.
Uno de los atractivos del rastro es que conviven auténticas antigüedades con objetos vintage de mediados del siglo XX y piezas de segunda mano que, con una pequeña restauración o una mano de pintura, pueden transformarse en muebles únicos. Esa mezcla hace que recorrer los más de cien puestos sea casi una búsqueda del tesoro, especialmente para quienes disfrutan decorando su casa con objetos que tienen carácter y una historia detrás.
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Además, los precios suelen ser mucho más asequibles que en un anticuario tradicional, por lo que es un buen lugar para iniciarse en el mundo de las antigüedades sin hacer un gran desembolso. Como ocurre en cualquier rastro, conviene llegar temprano para evitar las horas de calor y para encontrar las mejores piezas antes de que desaparezcan.
Y si después de la visita todavía quedan ganas de seguir disfrutando del día, siempre es buena idea acercarse al paseo marítimo de Torremolinos, perderse por las calles del centro o hacer una parada para comer frente al mar. Porque, al final, estos mercadillos son mucho más que un lugar donde comprar: forman parte de esos planes tranquilos que convierten un domingo cualquiera en uno de los mejores recuerdos del verano.
Fotografías | Magnific, Magnific
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