Hay pueblos que aparecen en las listas de los más bonitos de España y que, cuando llegas, ves que la fama es merecida. Mojácar es uno de ellos. Un remolino de casas blancas encaramadas en lo alto de una colina de la Sierra Cabrera, en el Levante almeriense, con vistas al Mediterráneo y un trazado de callejuelas de herencia árabe que hace que perderse por allí sea, literalmente, el plan. Nuestras compañeras de Trendencias explican que pasear por este pueblo es como pasear por Santorini, aunque sin salir de Andalucía.
Lo que quizá no sabe tanta gente es que Mojácar añade cada domingo un argumento más para visitarlo: un mercadillo de antigüedades que lleva años celebrándose junto a la entrada del pueblo y que, si tienes el ojo entrenado, puede convertirse en una de esas mañanas que recuerdas durante tiempo si encuentras la pieza adecuada para decorar tu casa.
Porque decorar con antigüedades sigue siendo una de las formas más interesantes de dar carácter a un interior. No porque sea tendencia, sino porque una lámpara rescatada de algún desván, un espejo con la moldura desconchada o una silla que ya ha vivido tres vidas distintas aportan algo que los muebles de serie simplemente no pueden: historia. Y los mercadillos de pueblo son uno de los pocos sitios donde todavía es posible encontrar ese tipo de piezas sin que el precio haya sido ya inflado por el algoritmo de los portales de segunda mano.
La cita dominical con las antigüedades
El Rastrillo de Mojácar se celebra todos los domingos por la mañana, de 9:00 a 14:00 horas, en la entrada del pueblo, junto al edificio de usos múltiples en la zona conocida como la Fuente. En total cada fin de semana se congregan en esta zona unos 50 puestos donde conviven libros, pinturas, abalorios, antigüedades y objetos de segunda mano de toda condición.
El formato es el habitual en este tipo de mercadillos: pasear sin prisa, rebuscar, ver qué aparece... No hay un hilo conductor ni una categoría dominante. Lo mismo te encuentras con una pila de libros descatalogados que con una pieza de cerámica que alguien llevó consigo desde quién sabe dónde. Esa mezcla, que a veces puede resultar un poco caótica, es exactamente lo que hace que este tipo de mercadillos tengan su encanto. No se compra lo que necesitas, se compra lo que encuentras.
Conviene llegar sin demasiado calor encima, especialmente en verano: los puestos están al aire libre y el sol en Almería cae con justicia. Si vas en coche, lo habitual es aparcar a las afueras del núcleo histórico y subir a pie. Mojácar tiene un aparcamiento gratuito junto a la Plaza del Rey Alabez, en la parte más alta del pueblo. Desde allí se baja andando y se recorre el pueblo hasta llegar al mercadillo.
Mojácar, algo más que un telón de fondo
Mojácar forma parte de la red de Los pueblos más bonitos de España, y la distinción tiene su justificación. Su corazón es un entramado de callejuelas laberínticas y rampas imposibles de piedra, con casitas de fachadas blancas y macetas de flores, con esa mezcla de culturas que ha ido dejando capas a lo largo de los siglos: fenicios, griegos, romanos, árabes, castellanos. Todo eso está presente en la arquitectura, en las plazas y en los nombres de los rincones.
En la parte baja del pueblo está la Fuente Mora, una fuente de origen morisco donde los árabes entregaron la ciudad a los Reyes Católicos en 1488, y que desde entonces sigue funcionando. La Plaza Nueva con sus vistas al Valle de las Pirámides, el Arrabal, el antiguo barrio judío o la Iglesia de Santa María del siglo XVI construida sobre una antigua mezquita son algunos de los atractivos de esta localidad almeriense. No hace falta ningún plan elaborado, ya que con callejear basta.
Fotografías Mojacar.es, Los Pueblos más bonitos de España
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