El cambio climático y las olas de calor encadenadas nos están llevando a buscar soluciones eficientes transformar nuestras ciudades con el fin de intentar reducir el efecto de las islas de calor. En ciudades como París se está aumentando el arbolado, y quiero sustituir el 40% de revestimientos de hormigón en el espacio público por otros de tierra.
Esos cambios también están llevando hasta el ámbito doméstico, donde los propietarios también están intentando crear ambientes más frescos en sus zonas de exterior. En este sentido, durante mucho tiempo, la imagen del patio perfecto pasaba por tener un patio o una zona del jardín cubierto por baldosas o con una gran losa de hormigón. Era una solución resistente, limpia y aparentemente libre de complicaciones que permitía instalar una mesa, crear una zona de comedor o dejar espacio para que los niños jugaran sin preocuparse por el barro. Hoy, sin embargo, esa forma de entender el exterior está cambiando.
La búsqueda de jardines más frescos, sostenibles y conectados con la naturaleza ha hecho que muchos paisajistas vuelvan la vista hacia una forma de diseñar los patios que ya triunfó hace décadas. Aquellos espacios donde la piedra convivía con la grava, la vegetación y pequeños caminos recuperan protagonismo porque, además de resultar más atractivos, ayudan a que el jardín respire y se adapte mejor al clima.
El regreso de los patios donde el suelo no está completamente pavimentado
Los jardines con grandes superficies continuas de revestimiento están dejando paso a composiciones mucho más dinámicas. En lugar de cubrir todo el terreno con un único material, la tendencia es combinar diferentes acabados para crear recorridos, zonas de descanso y rincones verdes con una apariencia mucho más natural.
Grava decorativa, piedra natural, corteza de madera, losas colocadas de forma discontinua, adoquines drenantes o pavimentos con juntas abiertas son algunos de los recursos más utilizados. Estos elementos vuelven a ganar protagonismo en jardines donde se busca favorecer el drenaje del terreno y reducir la presencia de superficies completamente impermeables.
Pero esta tendencia no responde únicamente a una cuestión estética. El aumento de las temperaturas y la sucesión de olas de calor han cambiado la forma de diseñar los espacios exteriores. El hormigón y el cemento absorben una gran cantidad de radiación solar durante el día y continúan desprendiendo ese calor cuando cae la tarde, lo que puede hacer que un patio resulte mucho menos confortable precisamente cuando más apetece disfrutar de él.
Al introducir materiales permeables y aumentar la presencia de vegetación, el terreno mantiene una temperatura más equilibrada y favorece la infiltración del agua de lluvia. Esto ayuda a reducir los encharcamientos y disminuye la cantidad de agua que termina en la red de drenaje, siempre que el sistema se haya ejecutado correctamente y cuente con una base preparada para permitir esa filtración.
Atención al tipo de uso
La clave está en adaptar cada material al uso que va a recibir. Las zonas destinadas al paso de vehículos o donde se colocará mobiliario pesado necesitan pavimentos más resistentes, mientras que los senderos peatonales, los espacios entre parterres o las áreas de descanso pueden resolverse con soluciones mucho más ligeras.
Entre las alternativas más habituales destacan las losas separadas por grava, los adoquines permeables, la grava estabilizada mediante paneles alveolares o los bloques que permiten el crecimiento de césped y otras cubresuelos entre sus huecos. Además de mejorar el comportamiento del jardín frente al agua y el calor, estos materiales aportan textura, rompen la monotonía visual y ayudan a crear espacios mucho más interesantes.
Eso sí, optar por este tipo de pavimentos no significa descuidar la instalación. Una buena preparación del terreno es imprescindible para evitar que aparezcan hundimientos, desplazamientos o charcos con el paso del tiempo. Del mismo modo, conviene elegir el sistema teniendo en cuenta el tránsito previsto y las cargas que deberá soportar.
También es importante asumir que requieren cierto mantenimiento. La grava puede desplazarse si no dispone de borduras o elementos de contención, mientras que las juntas entre las piezas necesitarán una limpieza periódica para evitar la acumulación de hojas, tierra o malas hierbas.
Más que una moda inspirada en los años setenta, el regreso de este tipo de patios refleja un cambio en la forma de entender el jardín. Frente a los exteriores completamente sellados que absorben el calor por el día y lo emiten por la noche, gana fuerza una propuesta que combina materiales, vegetación y superficies permeables para crear espacios más agradables, frescos y en armonía con el entorno.
Vía | DAP, Stiven Rivera,Max Vakhtbovych , Magnific, 4045
En Decoesfera | Sí, hay expertos que piden que uses la orina como fertilizante para tu huerto. Y tiene más sentido de lo que parece
En Decoesfera | El sistema para dar sombra en casa que ya usaban nuestras abuelas y ahora es tendencia por su estética y sostenibilidad
Ver 0 comentarios