En decoración, pocas cosas generan tanto rechazo inicial como esos suelos heredados de otra época: terrazo lleno de motas, baldosas en damero o piedras irregulares que parecen imposibles de integrar en una estética actual. Sin embargo, la arquitecta Paula Carabal (@paulacarabal) plantea un enfoque completamente distinto: no existen suelos feos, sino combinaciones poco acertadas.
A través de sus propuestas, defiende que estos pavimentos pueden convertirse en el punto de partida de espacios con personalidad, siempre que se entiendan sus códigos y se diseñe en consecuencia. "No hay cosas feas, sino mal combinadas.", dice.
Terrazo
Los suelos estampados tipo terrazo, tan habituales en viviendas antiguas, pueden resultar visualmente intensos. Lejos de intentar ocultarlos, la clave está en integrarlos con el mobiliario. Optar por piezas que dialoguen con los tonos del suelo permite crear una base coherente, mientras que el contraste puede reservarse para elementos protagonistas como el sofá. "Con suelos estampados tipo terrazo hacemos la de integrar el mueble con el fondo y contrastamos con el sofá", confiesa.
En zonas como el comedor, donde el terrazo puede transmitir frialdad, introducir muebles con presencia aporta equilibrio y calidez. La iluminación también juega un papel importante: lámparas de inspiración setentera refuerzan el carácter del suelo, mientras que alfombras y textiles permiten modular el color, ya sea integrándolo o destacándolo con acentos puntuales.
Baldosas en damero
El clásico suelo de tablero de ajedrez, con su fuerte contraste, pide una intervención más contenida. Carabal recomienda evitar colores demasiado intensos o combinaciones agresivas. En su lugar, propone construir ambientes más cálidos a partir de maderas medias y tonos empolvados. "Con suelos de tablero de ajedrez, te diría que huyas de contrastes tan duros y colores fuertes", dice.
Esto no significa renunciar al color. Al contrario, es posible lograr espacios luminosos y vivos incorporando maderas claras, gamas de azul, rosa o incluso matices vino, siempre desde una paleta equilibrada que suavice el impacto visual del suelo.
Piedra gris
Los suelos de piedra en tonos grisáceos ofrecen una base neutra con gran potencial. En este caso, la estrategia pasa por trabajar una paleta armónica de grises y marrones, que refuerce la naturalidad del conjunto.
Para evitar la monotonía, se pueden introducir piezas de mobiliario en colores más rotundos como un azul profundo y añadir pequeños acentos decorativos que aporten dinamismo. La ventaja de estos elementos es su facilidad de renovación, lo que permite actualizar el espacio sin grandes intervenciones.
Piedra clara
Los suelos de piedra más clara y de gran formato pueden transmitir una estética anticuada si no se trabajan adecuadamente. Aquí, la arquitecta insiste en la importancia de las formas: introducir geometrías interesantes en muebles, textiles o iluminación ayuda a romper con esa sensación clásica.
La combinación de colores claros, maderas medias y toques en marrón contribuye a generar una atmósfera cálida y actual. Como en los casos anteriores, una base neutra bien construida permite jugar con el color en elementos secundarios, adaptando la intensidad según el gusto personal.
Fotografía de portada | Vía @paulacarabal
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