"El sofá nunca debería mirar a la pared: hay que colocarlo hacia la esquina más bonita de la casa", avisa esta interiorista

La diseñadora defiende que la orientación del sofá influye en la luz, la amplitud visual y la forma en que se disfruta la vivienda

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Joana Costa

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Hay cambios decorativos que obligan a hacer obras y otros que solo requieren mover un mueble unos centímetros. Para la interiorista Elena Castells, uno de los errores más repetidos en muchas viviendas tiene precisamente que ver con la ubicación del sofá. Aunque suele colocarse donde mejor encaja sobre el plano, ella sostiene que la decisión debería tomarse pensando en algo mucho más importante: lo que ve la persona cuando se sienta.

La profesional, que comparte habitualmente consejos de interiorismo en sus redes sociales, defiende una idea sencilla: el salón debe organizarse alrededor de la mejor perspectiva de la casa. En uno de sus vídeos explica que, cuando visita una vivienda, suele sentarse primero en el rincón que más le gusta para entender cómo funciona el espacio y detectar posibles problemas de distribución.

La televisión, razón histórica

Su reflexión parte de una crítica a una costumbre muy extendida durante décadas. En muchos hogares, el sofá se ha colocado automáticamente frente al televisor, dejando en segundo plano aspectos como la entrada de luz natural, las vistas al exterior o la sensación de amplitud. Para Castells, esa disposición puede hacer que un salón luminoso y agradable pierda gran parte de su potencial.

La interiorista considera en uno de sus vídeos que la luz debe desempeñar un papel protagonista. Leer, descansar o simplemente pasar tiempo en el salón resulta mucho más agradable cuando la iluminación natural acompaña la estancia. Por eso recomienda prestar atención a las ventanas, a los recorridos de la luz durante el día y a los ángulos visuales que se generan desde la zona de estar.

Antes de pensar en muebles o elementos decorativos, los profesionales suelen analizar cómo se percibe el espacio. Observan dónde entra el sol, qué zonas transmiten mayor sensación de calma y cuáles ofrecen una perspectiva más abierta. A menudo, ese lugar coincide con una ventana, una vista despejada o una conexión visual hacia otras estancias de la vivienda.

Espacio desaprovechado

Según explica Castells, uno de los fallos más habituales consiste en situar el sofá de forma que quien se sienta quede mirando directamente hacia una pared vacía. La estancia puede parecer correcta desde un punto de vista funcional, pero pierde calidad de uso porque desaprovecha la mejor parte del espacio.

La clave está en entender que el sofá no es únicamente una pieza de mobiliario. Es el lugar donde se lee, se conversa, se descansa o se recibe a familiares y amigos. Por eso su orientación condiciona la experiencia cotidiana mucho más de lo que parece a simple vista.

La interiorista insiste además en la importancia de la perspectiva visual. Sentarse mirando una ventana, una librería bien diseñada o una zona abierta del salón genera una sensación completamente distinta a hacerlo frente a una superficie cerrada. El espacio parece más amplio, más luminoso y más conectado.

En muchos casos ni siquiera es necesario reformar la estancia. Basta con girar el sofá, separarlo ligeramente de la pared o replantear la distribución general para transformar la percepción del salón. Un cambio sencillo que, según Castells, puede hacer que una vivienda se disfrute de una manera completamente diferente.

Fotos | @byelenacastellspoch. / ClickerHappy/Pexels

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