El invierno puede resultar monótono, con días cortos y un paisaje dominado por los tonos grises. Pero no tiene por qué ser así dentro de casa. Las plantas con flor son el recurso perfecto para introducir color y alegría en nuestros espacios durante la temporada fría, y no hace falta gastarse una fortuna para conseguirlo. De hecho, hay especies que florecen precisamente cuando más las necesitamos, en pleno invierno, y que resultan muy fáciles de cuidar.
Entre las plantas que florecen en los meses de frío encontramos opciones tan interesantes como los ciclámenes, los crisantemos, las caléndulas, las violas o las prímulas. Estas últimas son especialmente populares porque comienzan a dar flor a finales del invierno y se mantienen florecientes hasta bien entrada la primavera, ofreciendo un colorido espectacular en momentos en que el jardín o la terraza pueden parecer apagados.
Una planta con flores de colores vibrantes por menos de 1 euro
Lidl ha puesto a la venta desde hoy, 30 de enero, la prímula acaulis por solo 0,99 euros. Esta planta de temporada, que mide entre 14 y 18 cm de altura y viene en una maceta de 9 cm de diámetro, está disponible en diversos colores vibrantes que van desde el amarillo, rosa, rojo, blanco hasta tonalidades violetas y azules. Las flores de la prímula acaulis destacan por sus cinco pétalos y a menudo presentan combinaciones de dos o más colores, lo que las hace especialmente vistosas y decorativas.
La prímula acaulis, también conocida como flor de San José, es una planta cuyas flores parece que emergen directamente desde la base de hojas. Se trata de una especie muy resistente que florece en invierno o a principios de primavera, convirtiéndola en la opción ideal para dar un toque de color a la casa, la terraza o el jardín cuando más se necesita. Y lo mejor de todo es que su cuidado es muy sencillo, por lo que resulta perfecta tanto para quienes tienen experiencia con las plantas como para quienes se están iniciando.
Dónde colocar la prímula en casa
La ubicación es fundamental para que la prímula se desarrolle bien y nos regale una floración abundante. Esta planta prefiere los espacios con mucha luz, pero sin recibir sol directo, especialmente durante las horas centrales del día. En interior, lo ideal es situarla cerca de una ventana, pero protegida por una cortina fina que filtre los rayos solares más intensos. El sol directo puede quemar tanto las hojas como las flores, así que es importante evitarlo.
Si decides colocar tu prímula en el exterior, busca un lugar en semisombra donde reciba luz pero esté resguardada del sol de mediodía. En el jardín o la terraza, las prímulas quedan especialmente bien plantadas en grupos amplios, combinadas con otras plantas de temporada o bulbosas como tulipanes o narcisos. En macetas y jardineras también funcionan fenomenal, tanto en balcones como en patios.
Un aspecto importante a tener en cuenta es que la prímula necesita una buena ventilación, pero hay que evitar las corrientes de aire fuertes que puedan dañar las flores. Busca un rincón protegido donde la planta pueda respirar sin estar expuesta a ráfagas constantes de viento.
La temperatura perfecta para que florezca sin parar
Las prímulas se sienten cómodas en ambientes frescos. La temperatura ideal para esta planta está entre los 10°C y los 18°C, aunque puede tolerar desde los 5°C hasta los 25°C. Esta resistencia al frío es precisamente lo que la convierte en una planta perfecta para el invierno, ya que puede vivir perfectamente en terrazas o jardines incluso cuando las temperaturas bajan.
Sin embargo, hay que tener cuidado con las heladas fuertes. Si el termómetro baja de 0°C de forma prolongada, es conveniente proteger la planta con un acolchado de paja o corteza en el suelo, o trasladarla a una zona más resguardada si está en maceta.
En el caso de las prímulas de interior, es importante mantenerlas alejadas de las fuentes de calor como radiadores, especialmente a finales del invierno que es cuando se forman los capullos florales. Las altas temperaturas pueden acortar considerablemente la vida de las flores y hacer que la planta sufra.
Cómo regar la prímula correctamente
El riego es uno de los aspectos más importantes en el cuidado de las prímulas. Esta planta necesita que el sustrato se mantenga húmedo, pero sin llegar al encharcamiento. Durante la primavera y el verano, cuando la planta está en pleno crecimiento y floración, habrá que regarla unas dos o tres veces por semana. En invierno, con una vez a la semana será suficiente.
Para saber cuándo regar, puedes tocar la tierra con el dedo: si los primeros centímetros están secos, es momento de añadir agua. Es muy importante que la maceta tenga agujeros de drenaje y, si utilizas un platillo debajo, retira el agua sobrante después de cada riego. El exceso de humedad puede provocar la pudrición de las raíces, un problema muy común en las prímulas que puede acabar con la planta.
Un consejo importante: evita mojar las flores y las hojas al regar. Riega directamente sobre la tierra, preferiblemente por la mañana, para que la planta pueda absorber el agua a lo largo del día. Si las flores se mojan, pueden marchitarse o caerse prematuramente.
Abono y nutrientes para una floración espectacular
Si quieres que tu prímula te regale flores grandes, abundantes y de colores intensos, es recomendable abonarla regularmente durante la época de floración. Puedes utilizar un fertilizante líquido específico para plantas con flor, aplicándolo cada dos o tres semanas diluido en el agua de riego.
Una alternativa muy práctica son los abonos de liberación lenta para plantas con flor, que puedes aplicar al inicio de la temporada y que irán liberando nutrientes de forma progresiva durante varios meses. De esta forma te puedes desentender del abonado durante una buena temporada. También funcionan muy bien los fertilizantes orgánicos como el humus de lombriz, que además de nutrir la planta mejoran la estructura del sustrato.
Es importante no abonar en exceso, ya que un exceso de nutrientes puede resultar contraproducente. Sigue siempre las indicaciones del fabricante en cuanto a dosis y frecuencia de aplicación.
El sustrato ideal y cuándo trasplantar
Las prímulas no son muy exigentes en cuanto al sustrato, pero agradecen una tierra ligera, suelta y rica en materia orgánica. Para preparar un buen sustrato para prímulas, puedes mezclar a partes iguales tierra universal, turba y fibra de coco, añadiendo un poco de humus de lombriz para enriquecer la mezcla. Si añades también un puñado de perlita, mejorarás el drenaje y evitarás que el agua se acumule en el fondo de la maceta.
El momento ideal para trasplantar es a principios de primavera, cuando la planta está más fuerte, aunque si acabas de comprarla también puedes hacerlo al llegar a casa para darle más espacio y un sustrato fresco. Ten cuidado con las raíces durante el trasplante, ya que son delicadas, y riega bien la planta una vez la hayas ubicado en su nueva maceta.
Poda y mantenimiento básico
Las prímulas no requieren una poda compleja, pero sí es importante retirar regularmente las flores marchitas. Este gesto tan sencillo tiene varios beneficios: por un lado, estimula a la planta a producir nuevas flores, alargando así la floración; por otro, evita que la planta gaste energía en producir semillas y mantiene un aspecto más cuidado y ordenado.
Para retirar las flores marchitas, simplemente corta el tallo floral completo desde la base con unas tijeras limpias o pellízcalo con los dedos. También es conveniente eliminar las hojas que se pongan amarillas o se sequen, para favorecer el crecimiento de follaje nuevo y prevenir posibles enfermedades.
En cuanto a las hojas, si acumulan polvo puedes limpiarlas con cuidado usando una esponja suave humedecida en agua o pulverizándolas ligeramente. Como las hojas de la prímula tienen una textura rugosa, también puedes usar un pincel de cerdas suaves para retirar el polvo sin dañar la planta.
Problemas comunes y cómo solucionarlos
Las prímulas son plantas resistentes, pero pueden sufrir algunos problemas si las condiciones no son las adecuadas. Uno de los síntomas más comunes es que las hojas se vuelvan amarillas, especialmente en los bordes. Esto suele indicar que el ambiente es demasiado seco para la planta. La solución pasa por aumentar la humedad ambiental pulverizando agua alrededor de la planta un par de veces por semana, mejorando la ventilación o revisando el riego, que quizá sea insuficiente.
Otro problema habitual es la aparición de moho gris o la pudrición de raíces, generalmente causados por un exceso de riego o por un mal drenaje. Si detectas estos síntomas, reduce la frecuencia de riego, asegúrate de que la maceta drena correctamente y elimina las partes afectadas de la planta. En casos graves, puede ser necesario trasplantar a un sustrato nuevo.
Fotografías | Freepik, Lidl
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