El invierno cambia por completo la forma en la que las plantas crecen y se comportan. Muchas entran en reposo, otras reducen su actividad casi al mínimo y otras simplemente ralentizan su ritmo. Aun así, uno de los errores más frecuentes entre aficionados es mantener los mismos riegos que en primavera o verano.
En cambio, el agua es responsable de buena parte de las bajas invernales: no por escasa, sino por abundante. El frío, la falta de luz y la calefacción alteran la humedad del sustrato y la capacidad de las plantas para absorber agua.
Amarilleo y hojas blandas
Esto provoca que un gesto aparentemente pequeño, el regar por si acaso, se convierta en un problema serio. Amarilleos, hojas blandas, troncos oscuros o raíces negras suelen traducirse en lo mismo: exceso de riego.
Mantener la frecuencia
El primer error común es regar con la misma frecuencia que en verano. Durante los meses fríos, la mayoría de plantas necesita la mitad de agua o incluso menos. Algunas especies pueden pasar semanas sin riego, especialmente si están en estancias frescas y con poca luz. Mantener un ritmo alto provoca encharcamiento y, con él, hongos y pudriciones.
Regar sin comprobar
El segundo error es no comprobar el sustrato antes de regar. Introducir un dedo dos o tres centímetros en la tierra es la forma más sencilla de saber si realmente está seca. Muchos expertos recuerdan que la superficie puede parecer árida mientras la parte interna sigue húmeda.
Es necesario comprobar el sustrato antes de regar.
Agua demasiado fría
Otro fallo frecuente es regar con agua fría directamente del grifo. El contraste térmico estresa las raíces, especialmente en especies tropicales. Lo ideal es usar agua templada o dejarla reposar un rato antes de aplicarla.
Ojo a la calefacción
La calefacción también influye. En hogares con radiadores potentes, el sustrato puede secarse por arriba, pero no en profundidad. Este engaño visual lleva a regar más de lo necesario. Además, el aire seco favorece que algunas plantas pierdan agua por evaporación, pero eso no significa que necesiten más riego: lo que necesitan es más humedad ambiental.
No a lo platos con agua
Colocar platos llenos de agua bajo las macetas es otro error clásico. Aunque pueda parecer práctico, mantener la base del tiesto siempre mojada asfixia las raíces y genera hongos. En realidad, es mejor vaciar siempre el agua sobrante a los pocos minutos de regar.
Pulverizar promueve los hongos
El uso incorrecto del pulverizador tampoco ayuda. Pulverizar en exceso, sobre todo por la tarde o en estancias frías, favorece la aparición de hongos. Algunas plantas, como sansevierias o ficus, ni siquiera necesitan pulverización en invierno.
Atención a las pulverizaciones, capaces de generar hongos.
Diferenciar entre especies
A todo esto se suma la falta de adaptación según tipo de planta. Las suculentas, por ejemplo, deben regarse muy poco en invierno, mientras que plantas como los helechos necesitan más humedad ambiental, pero no más agua en el sustrato. Confundir estos conceptos lleva a problemas difíciles de revertir.
Uno de los mejores consejos es establecer una regla sencilla: en invierno, si se tienen dudas sobre si regar, ho hay que hacerlo, pues es la mayoría de plantas soporta mejor la falta puntual de agua que el exceso.
Corregir estos errores transforma el invierno en una estación mucho más segura para las plantas. Con menos riego, más observación y rutinas adaptadas, muchas especies llegan a primavera más fuertes, sanas y listas para brotar.
Fotos | Pexels
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