En un momento en el que la subida del precio de la electricidad y la energía en España ha transformado la forma en la que habitamos nuestras casas, el confort térmico se ha convertido en un lujo para miles de personas. Detrás de las tendencias en aislamiento, textiles cálidos o soluciones de eficiencia energética, se esconde una realidad mucho más cruda: hogares en los que encender la calefacción ya no es una opción.
El caso de Susana García, limpiadora de 62 años, pone rostro a un problema estructural que afecta especialmente a personas mayores, trabajadores con salarios bajos y hogares vulnerables de este país. Es la cara de una subida de precios incontrolable que deja a muchas personas sin la mínima posibilidad de encender un radiador en los meses más fríos.
Vivir con frío
En una entrevista reciente en Antena 3, Susana confesaba que lleva siete años sin poner la calefacción en casa. No se trata de una elección estética ni de una apuesta por la vida minimalista, sino de una imposibilidad económica. A pesar de recibir el bono social eléctrico, su sueldo mensual de 600 euros no le permite asumir el coste energético que supone mantener una temperatura adecuada en su vivienda.
Sus gastos fijos son inamovibles, 270 euros de hipoteca y 100 euros de derrama comunitaria. Tras pagar lo imprescindible, a final de mes le quedan unos 200 euros, una cantidad que, según ella misma afirma, “no da ni para comer”. En ese contexto, la calefacción es un gasto directamente descartado.
Cuando Susana llega a casa después del trabajo, la imagen dista mucho de la idea tradicional de hogar cálido y acogedor. Se pone la bata, se sienta en el sofá y se tapa con una manta junto a su perro, Cholo. “Nos acurrucamos así los dos y así pasamos el día”, relata con una naturalidad que estremece más que el propio frío.
Cuenta con dos pequeños calefactores eléctricos, que utiliza de forma puntual para intentar retener algo de calor en la vivienda. Pero encenderlos durante horas es inviable, la factura eléctrica manda. El resultado es un hogar en el que el confort se improvisa con capas de ropa, mantas y resignación.
El precio de la luz y la pobreza energética
El testimonio de Susana no es una excepción. En España, la subida del precio de la electricidad ha agravado un problema ya existente: la pobreza energética, entendida como la incapacidad de mantener una vivienda a una temperatura adecuada en invierno o verano.
En los últimos años, tendencias en decoración han puesto el foco en soluciones como alfombras térmicas, cortinas gruesas, burletes para puertas o iluminación eficiente. Recursos útiles, sí, pero insuficientes cuando el problema es estructural y los ingresos no alcanzan para cubrir lo esencial.
Fotografía de portada | Unsplash
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