La escena se repite en muchas casas con perro. Basta con coger las llaves, ponerse la chaqueta o hacer cualquier gesto que les haga intuir que vamos a salir para que algunos se pongan en alerta y empiecen a seguirnos de una habitación a otra de forma nerviosa, como si quisieran recordarnos que ellos también deberían venir con nosotros.
Han aprendido a asociar esos gestos con la marcha de su dueño y, cuando la puerta se cierra, comienza el problema. Ladridos constantes, destrozos en casa, muebles arañados o cojines hechos trizas son algunas de las conductas que pueden aparecer. Aunque muchas personas las interpretan como una travesura o una forma de llamar la atención, en realidad suelen ser la manifestación de un problema mucho más serio: la ansiedad por separación.
El problema es que, cuando esto ocurre, el propio dueño —y a veces también la familia o incluso los vecinos,— tienden a buscar un culpable. "Llora cuando se queda solo porque le mimas demasiado",o "dejaría de comportarse así si no le dejaras dormir contigo en la cama", son algunas de las frases que muchos propietarios de perros tienen que oír cuando se ven en esta situación.
Los problemas de separación son, de hecho, el principal motivo de consulta en la clínica del veterinario Enzo Roubaud, especializado en comportamiento animal. Según explica en una entrevista en La Vanguardia, buena parte de los dueños que acuden a él llegan cargados de culpa, convencidos de que el sufrimiento de su perro tiene que ver con haberle dado demasiado cariño. "Esto es un mito. El síndrome de ansiedad por separación tiene múltiples causas y no es por cómo lo criaste. Pensar eso es simplista y castigador", explica Roubaud en la entrevista.
Roubaud, de 30 años y especializado en comportamiento de mascotas en Chile, habla de los llamados "perros pandemia": animales que pasaron sus primeros meses de vida encerrados en casa junto a sus dueños durante la crisis del covid-19 y que, cuando llegó la vuelta a la rutina, no supieron adaptarse a quedarse solos. Pero deja claro que no son los únicos casos. Hay miles de perros nacidos antes de la pandemia que presentan exactamente los mismos síntomas, y ahí la responsabilidad ya no recae en cómo los ha educado su dueño. Las causas, según explica, pueden remontarse incluso a antes del nacimiento, porque la genética tiene un peso que no se puede controlar. "No podemos controlar la genética de un animal", añade.
Los cambios de comportamiento de un animal pueden condicionar la conducta
Para entender por qué un perro adulto reacciona como reacciona, Roubaud recurre al concepto de ontogenia de la conducta: el estudio de cómo distintas etapas de la vida de un animal van moldeando su comportamiento futuro. Y según su experiencia, hay al menos cuatro momentos clave.
El periodo prenatal ya deja huella. Lo que vive la madre durante la gestación —sobre todo en el último tercio del embarazo— condiciona el temperamento que tendrá el cachorro de adulto. Si la madre atraviesa episodios de estrés en ese tramo final, esas sensaciones llegan al cachorro por vía transplacentaria. "No han llegado al mundo y su sistema nervioso ya está recibiendo descargas altas de cortisol", explica el veterinario.
Las primeras horas de vida importan más de lo que parece. Roubaud señala que un cachorro que recibe el cariño de su madre en esas primeras horas será, de adulto, más receptivo al contacto y al afecto. Si por algún motivo el cachorro ha sido separado de su madre, recomienda dedicarle un mínimo de 40 minutos diarios de contacto y cariño durante los primeros días, precisamente para favorecer esa receptividad más adelante.
El destete y las primeras semanas marcan el nivel de independencia. Separar al cachorro de su madre antes de los dos meses —el tiempo mínimo recomendado— afecta directamente a su nivel de independencia en el futuro, según coinciden distintos especialistas en comportamiento. Un destete temprano predispone al animal a desarrollar más miedo e incluso a morder más objetos de lo habitual. Pasado ese umbral de los dos meses, sin embargo, sí resulta un buen momento para trasladar al cachorro a su nueva casa y familia.
El periodo de socialización lo prepara todo. Entre la tercera y la semana 12-16 de vida, aproximadamente, el cachorro atraviesa lo que se conoce como periodo de socialización. Todo lo que experimenta en ese tramo —contacto con su madre, con otros perros, con estímulos distintos— le va preparando para el resto de su vida. Un cachorro que pasa ese tiempo aislado, sin ese contacto, arrastrará las consecuencias en su comportamiento adulto.
En este sentido, el veterinario advierte que la educación y las experiencias que vive el perro desde cachorro tienen un peso decisivo en su comportamiento. Aunque los primeros meses de vida marcan su carácter, muchas conductas pueden trabajarse con paciencia y un aprendizaje adecuado. Si el animal se acostumbra de forma gradual a pasar tiempo solo y asocia esos momentos con experiencias positivas, será mucho más fácil que en la edad adulta afronte las ausencias de sus dueños con tranquilidad.
Por eso, que un perro llore cuando se queda solo no tiene relación con que lo mimemos en exceso. Ese tipo de reacciones suele estar condicionado por el aprendizaje y las vivencias acumuladas mucho antes de llegar a su hogar actual.
Fotografías | Magnific, Dr.Roubaud, Magnific, Magnific
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