Hay hogares donde el armario parece no ser nunca suficiente. Da igual cuántos metros tenga, cuántas puertas incorpore o cuánto hayamos invertido en él, el desorden termina apareciendo y encontrar una simple camisa por la mañana puede convertirse en una pequeña batalla diaria. Sin embargo, para la arquitecta Emma Guillén (@rusem.ma), el problema no suele estar en el tamaño, sino en la distribución interior.
La clave de un armario funcional no reside únicamente en acumular barras, cajones o baldas, sino en entender cómo usamos la ropa en nuestro día a día. “Da igual lo grande que sea tu armario si no está distribuido así”, defiende la experta. Y precisamente ahí está la diferencia entre un espacio práctico y otro condenado al caos.
Separar prendas largas y cortas
Uno de los errores más habituales es dedicar toda la altura del armario a una única barra corrida. A simple vista puede parecer una solución cómoda, pero desperdicia gran parte del espacio útil. Emma Guillén recomienda dividir claramente las prendas largas y las cortas.
Vestidos, abrigos o gabardinas necesitan un área alta y despejada para evitar arrugas y deformaciones. En cambio, camisas, chaquetas, faldas o pantalones pueden colocarse en dobles barras, aprovechando mucho mejor la altura disponible. Esta sencilla organización multiplica la capacidad sin necesidad de ampliar el armario.
La ergonomía también importa
Un armario bonito pero incómodo termina siendo poco práctico. Por eso, otro de los principios fundamentales que destaca la arquitecta es la ergonomía. Los cajones, explica, deben situarse entre la cintura y la altura de las manos.
Es precisamente en esa franja donde el cuerpo trabaja de forma más natural y cómoda. Colocar cajones demasiado bajos obliga a agacharse constantemente, mientras que situarlos demasiado altos dificulta la visibilidad y el acceso.
La misma lógica debe aplicarse a las baldas. Las superiores están pensadas para aquello que se utiliza menos, ropa de otra temporada, maletas, mantas o prendas especiales. En cambio, las baldas comprendidas entre la línea de los ojos y las manos deberían reservarse para las piezas de uso cotidiano. Esa organización intuitiva hace que el armario funcione de forma casi automática.
Cajones transparentes y divisiones
Mantener el orden no depende únicamente de ordenar un día, sino de conseguir que sea fácil conservarlo con el paso del tiempo. Y ahí entran en juego los organizadores interiores. Los cajones transparentes o con divisiones internas son especialmente útiles para ropa interior, cinturones, pañuelos, corbatas o accesorios pequeños que suelen acabar mezclados.
Las divisiones también ayudan a establecer categorías claras y reducen el desorden visual, algo fundamental para transmitir sensación de calma dentro del dormitorio.
Un armario que evoluciona contigo
Otro consejo esencial de Emma Guillén es apostar por baldas regulables. Las necesidades cambian con los años y el armario debe poder adaptarse a ellas. No se organiza igual el espacio de una persona que trabaja a diario en oficina que el de alguien con una rutina más informal.
Contar con estructuras flexibles permite reorganizar alturas y compartimentos sin necesidad de hacer reformas completas. Una característica que, aunque muchas veces pasa desapercibida, marca una enorme diferencia a largo plazo.
El truco visual que multiplica la sensación de amplitud
Además de funcional, un armario también puede contribuir a mejorar visualmente el dormitorio. Para ello, la arquitecta recomienda incorporar espejos, especialmente en espacios pequeños.
Los frentes espejados reflejan la luz, amplían visualmente la estancia y aportan una mayor sensación de profundidad. Pero además, cumplen una doble función práctica, eliminando la necesidad de añadir un espejo extra en la habitación.
Fotografía de portada | Vía @rusem.ma | Foto de Rumman Amin en Unsplash
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