Emma Guillén, arquitecta: "Da igual lo grande que sea tu armario si no está distribuido así"

Lo que realmente marca la diferencia es cómo está organizado por dentro

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María Lancha

Editor

Hay hogares donde el armario parece no ser nunca suficiente. Da igual cuántos metros tenga, cuántas puertas incorpore o cuánto hayamos invertido en él, el desorden termina apareciendo y encontrar una simple camisa por la mañana puede convertirse en una pequeña batalla diaria. Sin embargo, para la arquitecta Emma Guillén (@rusem.ma), el problema no suele estar en el tamaño, sino en la distribución interior.

La clave de un armario funcional no reside únicamente en acumular barras, cajones o baldas, sino en entender cómo usamos la ropa en nuestro día a día. “Da igual lo grande que sea tu armario si no está distribuido así”, defiende la experta. Y precisamente ahí está la diferencia entre un espacio práctico y otro condenado al caos.

Separar prendas largas y cortas

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Uno de los errores más habituales es dedicar toda la altura del armario a una única barra corrida. A simple vista puede parecer una solución cómoda, pero desperdicia gran parte del espacio útil. Emma Guillén recomienda dividir claramente las prendas largas y las cortas.

Vestidos, abrigos o gabardinas necesitan un área alta y despejada para evitar arrugas y deformaciones. En cambio, camisas, chaquetas, faldas o pantalones pueden colocarse en dobles barras, aprovechando mucho mejor la altura disponible. Esta sencilla organización multiplica la capacidad sin necesidad de ampliar el armario.

La ergonomía también importa 

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Un armario bonito pero incómodo termina siendo poco práctico. Por eso, otro de los principios fundamentales que destaca la arquitecta es la ergonomía. Los cajones, explica, deben situarse entre la cintura y la altura de las manos.

Es precisamente en esa franja donde el cuerpo trabaja de forma más natural y cómoda. Colocar cajones demasiado bajos obliga a agacharse constantemente, mientras que situarlos demasiado altos dificulta la visibilidad y el acceso.

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La misma lógica debe aplicarse a las baldas. Las superiores están pensadas para aquello que se utiliza menos, ropa de otra temporada, maletas, mantas o prendas especiales. En cambio, las baldas comprendidas entre la línea de los ojos y las manos deberían reservarse para las piezas de uso cotidiano. Esa organización intuitiva hace que el armario funcione de forma casi automática.

Cajones transparentes y divisiones

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Mantener el orden no depende únicamente de ordenar un día, sino de conseguir que sea fácil conservarlo con el paso del tiempo. Y ahí entran en juego los organizadores interiores. Los cajones transparentes o con divisiones internas son especialmente útiles para ropa interior, cinturones, pañuelos, corbatas o accesorios pequeños que suelen acabar mezclados.

Las divisiones también ayudan a establecer categorías claras y reducen el desorden visual, algo fundamental para transmitir sensación de calma dentro del dormitorio.

Un armario que evoluciona contigo

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Otro consejo esencial de Emma Guillén es apostar por baldas regulables. Las necesidades cambian con los años y el armario debe poder adaptarse a ellas. No se organiza igual el espacio de una persona que trabaja a diario en oficina que el de alguien con una rutina más informal. 

Contar con estructuras flexibles permite reorganizar alturas y compartimentos sin necesidad de hacer reformas completas. Una característica que, aunque muchas veces pasa desapercibida, marca una enorme diferencia a largo plazo.

El truco visual que multiplica la sensación de amplitud

Además de funcional, un armario también puede contribuir a mejorar visualmente el dormitorio. Para ello, la arquitecta recomienda incorporar espejos, especialmente en espacios pequeños.

Los frentes espejados reflejan la luz, amplían visualmente la estancia y aportan una mayor sensación de profundidad. Pero además, cumplen una doble función práctica, eliminando la necesidad de añadir un espejo extra en la habitación.

Fotografía de portada | Vía @rusem.ma  | Foto de Rumman Amin en Unsplash

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