Emma Guillén, arquitecta: "Si la mesilla de cama queda demasiado alta, tendrás que inclinarte. Esta es la altura perfecta para colocarla"

Su altura condiciona el uso diario y tiene un impacto directo en la percepción del espacio

altura mesita de noche
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María Lancha

Editor

A la hora de decorar un dormitorio, es habitual dedicar mucho tiempo a escoger el cabecero, el colchón o la ropa de cama, mientras que otros elementos, como las mesillas de noche, suelen elegirse únicamente por su diseño. Sin embargo, la altura de este mueble puede influir directamente en la comodidad de uso y en la armonía visual de toda la estancia.

La arquitecta Emma Guillén (@rusem.ma) ha compartido uno de los consejos que más recomienda a la hora de diseñar un dormitorio funcional: elegir una mesilla cuya altura esté perfectamente adaptada a la cama. Un detalle que puede parecer insignificante, pero que marca la diferencia tanto desde el punto de vista práctico como estético.

El error más frecuente al elegir una mesilla

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Según explica la especialista, uno de los fallos más habituales es comprar una mesilla sin tener en cuenta la altura real del colchón. Cuando la superficie queda demasiado alta, acceder al móvil, un libro, un vaso de agua o la lámpara resulta menos cómodo, ya que obliga a levantar el brazo más de lo necesario. En cambio, si la mesilla queda demasiado baja, el usuario tendrá que inclinarse cada vez que quiera coger o dejar cualquier objeto.

Además de afectar a la ergonomía, una diferencia excesiva de altura también rompe la proporción del dormitorio y hace que el conjunto resulte menos equilibrado desde el punto de vista decorativo.

La altura perfecta, según una arquitecta

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Emma Guillén propone una regla muy sencilla que puede aplicarse a prácticamente cualquier dormitorio. La superficie de la mesilla debería situarse a la misma altura que la parte superior del colchón. Si no es posible encontrar un modelo con esa medida exacta, existe un pequeño margen que sigue siendo perfectamente válido.

La arquitecta recomienda que la diferencia no supere los cinco o diez centímetros, tanto por encima como por debajo del colchón. De este modo, el acceso a los objetos cotidianos resulta cómodo y el mobiliario mantiene una proporción visual mucho más agradable.

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Para quienes tengan dudas, la experta ofrece un ejemplo muy práctico. Si la parte superior del colchón se encuentra a 55 centímetros del suelo, la mesilla ideal debería medir entre 50 y 60 centímetros de altura. De esta forma, ambos elementos quedan alineados y el dormitorio gana tanto en funcionalidad como en equilibrio estético.

Da igual que sea una mesilla con patas o suspendida

mesilla @rusem.ma

Otro aspecto que destaca Emma Guillén es que esta recomendación no depende del tipo de mueble elegido. Tanto las mesillas tradicionales con patas como los modelos suspendidos deben respetar esa misma referencia de altura respecto al colchón. La diferencia radica únicamente en la forma de instalación y en el efecto visual que producen.

Las mesillas flotantes, por ejemplo, aportan una sensación de mayor amplitud y facilitan la limpieza del suelo, mientras que las de apoyo ofrecen una estética más clásica y suelen incorporar una mayor capacidad de almacenamiento. En ambos casos, lo importante es que la superficie quede alineada con la cama para garantizar un uso cómodo.

Fotografía de portada | Vía @rusem.ma | Foto de Taylor Friehl en Unsplash

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