Mientras miles de personas buscan desesperadamente una vivienda asequible en las grandes capitales, Fernando tomó hace años una decisión que muchos incluso pueden considerar algo difícil de entender. Este madrileño renunció a vivir gratis en Madrid para instalarse en Benamira, una pequeña localidad del siglo IX en la provincia de Soria donde, durante buena parte del año, es el único habitante permanente.
Su historia, recogida en un vídeo publicado por el creador de contenido Diego Revuelta en YouTube, se ha convertido en un ejemplo de otra manera de entender el bienestar, el ahorro y la vida en la denominada España vaciada.
Una estancia temporal que acabó convirtiéndose en un proyecto de vida
Fernando llegó a Benamira hace diecisiete años con la idea de permanecer únicamente unos meses en el que era pueblo de sus padres. Su intención era sencilla, evitar el gasto del alquiler mientras trabajaba. Sin embargo, aquel plan provisional terminó transformándose en un cambio de vida definitivo.
Hoy, con 39 años, trabaja en el mantenimiento y conservación de carreteras de la zona y asegura haber encontrado un equilibrio que no cambiaría por el ritmo de una gran ciudad. "Llevo una vida bastante semejante a la de una persona de Madrid, con la diferencia de que yo tardo 15 minutos en ir al trabajo", confirma orgulloso.
Aunque disponía de una vivienda familiar en Madrid donde podía residir sin pagar alquiler, decidió establecerse en Soria, donde percibe un sueldo neto de unos 1.500 euros mensuales. Lo más llamativo es la forma en que distribuye ese dinero. Según explica, sus gastos rondan los 750 euros al mes, una cantidad que incluye alimentación, suministros, calefacción y desplazamientos diarios.
Esa diferencia le permite destinar aproximadamente la mitad de sus ingresos al ahorro, una situación difícil de alcanzar en ciudades con un mercado inmobiliario mucho más tensionado. "Pago 0 euros por la casa, 40 euros en luz, unos 300 o 400 euros en comida y otros 300 o 400 euros en la gasolina del coche", dice.
Vivir solo en un pueblo prácticamente deshabitado no significa, en su caso, llevar una vida aislada. De lunes a viernes trabaja junto a otros compañeros, mientras que el resto del tiempo lo dedica a actividades que disfruta especialmente como correr por el monte, cuidar el huerto, cocinar, leer o escribir.
Incluso ha encontrado en esta peculiar circunstancia una fuente de inspiración para otra de sus aficiones: los monólogos de humor. Con ironía resume esta faceta diciendo: "Soy monologuista por obligación, porque no tengo con quién hablar".
"Ese miedo se ve más desde fuera"
Uno de los aspectos que más llama la atención de quienes conocen su historia es cómo afronta la soledad. Para Fernando, no representa un problema, sino una elección consciente. "Yo creo que ese miedo se ve más desde fuera que desde aquí", afirma al hablar de quienes imaginan una vida difícil en un pueblo con apenas presencia humana durante gran parte del año.
Después de años viviendo en Benamira, asegura que no echa de menos el ritmo acelerado de las grandes ciudades. "Veo los ritmos de vida que tienen y digo, 'yo no sé cómo aguantáis ni cinco días así'", reflexiona. Su filosofía puede resumirse en otra de las frases que comparte durante la entrevista: "Para estar triste en un lado, prefiero estar feliz aquí".
El guardián de un pueblo casi vacío
Benamira conserva en pie 58 viviendas, aunque la mayoría solo vuelven a abrir sus puertas durante el verano o algunos fines de semana, cuando regresan las familias vinculadas al pueblo. Durante el resto del año, Fernando permanece allí prácticamente solo y se ha convertido, de manera natural, en la persona que vela por el lugar.
Él mismo explica cuál considera que es su papel. "Para muchos es una tranquilidad en parte. Soy como el guardián, de cualquier cosa que pueda pasar en sus casas, que por lo menos esté yo pendiente." Su presencia ofrece cierta tranquilidad a quienes mantienen sus viviendas familiares y alimenta la esperanza de que el pueblo continúe teniendo vida durante todo el año.
Fernando cree que el debate sobre el acceso a la vivienda no puede desligarse del fenómeno de la despoblación rural. En su opinión, ambos problemas podrían abordarse de forma conjunta impulsando la llegada de nuevos vecinos a pequeños municipios que cuentan con espacio disponible, pero carecen de servicios y políticas de repoblación.
"Sería solucionar dos problemas", sostiene al defender la creación de vivienda pública en zonas rurales como una fórmula para aliviar la presión inmobiliaria de las grandes ciudades y, al mismo tiempo, revitalizar los pueblos que han ido perdiendo habitantes.
Según explica, el interés existe. De hecho, asegura que Benamira ha recibido cientos de solicitudes de personas interesadas en instalarse allí, aunque lamenta que no exista una estrategia real para facilitar ese proceso. "Hemos recibido más de 400 solicitudes de personas que quieren vivir aquí pero no hay un plan real para que vengan a vivir 20 personas de golpe", dice.
Vivir barato también tiene un precio
Las ventajas económicas son evidentes. Mientras que en Madrid una habitación puede superar con facilidad los 700 euros mensuales, Fernando recuerda que en Benamira el alquiler de una vivienda completa podría situarse entre los 200 y los 250 euros.
Sin embargo, también reconoce que la vida en un entorno tan despoblado presenta importantes inconvenientes. El hospital más cercano se encuentra a unos 90 kilómetros, el transporte público es inexistente y los cortes de suministro eléctrico son relativamente habituales. "Aquí estamos a nuestra suerte, totalmente", lamenta al referirse al abandono que, a su juicio, sufren muchos pequeños municipios.
Pese a las dificultades, Fernando tiene claro que volvería a tomar la misma decisión. Tanto es así que, si alguien le ofreciera hoy una vivienda gratuita en Madrid, sabe perfectamente cuál sería su respuesta. "Le diría que sí. Que me dé las llaves. Y lo alquilo y me vengo acá", reafirma su decisión.
Fotografía de portada | Pexels (Claudio Meloni)
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