Una pareja de 57 y 60 años explica lo que han hecho para ahorrar más que nunca: "Vivimos sin muebles y hemos notado una mejoría física"

Reducir la vivienda a lo imprescindible no solo ha rebajado sus gastos, sino que ha mejorado su bienestar físico, fuerza y equilibrio

Pareja que vive sin mubbles
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Nacho Viñau Ena

Coordinator

Nos encantan las historias que rompen con lo establecido. Sobre todo, cuando esas decisiones no solo funcionan, sino que además traen beneficios inesperados. Hoy ponemos nuestro objetivo en una pareja que ha llevado el minimalismo hasta sus últimas consecuencias: vivir prácticamente sin muebles.

A veces, el ahorro no llega solo por gestionar mejor el dinero, sino por llevar al extremo las recomendaciones de Marie Kondo y aprender a vivir con el menor número de cosas posible. Y es que en los últimos años, corrientes como el consumo consciente han ganado peso en una sociedad que, durante décadas, ha estado acostumbrada a acumular. Pero esta pareja de 57 y 60 años ha ido mucho más allá.

La decisión de prescindir del mobiliario

Tal y como explican en Bussiness Insider, Angela Horn y su pareja fueron evolucionando hacia este estilo de vida fue gradual. Desde 2008 habían ido reduciendo pertenencias y experimentando con una vida más sencilla, pero nunca se habían planteado prescindir casi por completo del mobiliario. La idea surgió a raíz de escuchar un pódcast sobre personas que vivían sin muebles.

En aquel momento, además, estaban a punto de mudarse a una cabaña completamente amueblada en una zona rural de Sudáfrica, un proyecto que finalmente no prosperó. El giro llegó cuando apareció la oportunidad de alquilar un apartamento sin amueblar, atractivo y sobre todo, asequible, rodeado de un jardín.

Pareja que vive sin muebles

Al principio cometieron algunos errores. Compraron un futón barato y bajo para dormir, pero resultó ser una mala opción para sus espaldas, así que pronto lo descartaron y optaron por sus colchones de camping. Dentro de la vivienda, solo cuentan con una pequeña mesa de bambú para el ordenador y dos colchonetas individuales para dormir.

Un ahorro que va más allá del dinero

Este tipo de minimalismo tiene diferentes beneficios y, además, un impacto directo en el gasto. La ausencia de sofás, sillas, mesas grandes, estanterías o camas supone un ahorro significativo, tanto en la inversión inicial como en el mantenimiento. No hay que renovar tapicerías, cambiar muebles dañados ni adaptar la vivienda a nuevas modas.

A esto se suma un gasto menor en mudanzas, ya que el traslado se simplifica de forma drástica, algo especialmente relevante para personas que valoran la movilidad y el cambio frecuente de residencia. El dinero que no se destina a equipar la casa puede dirigirse a otros fines, como experiencias, viajes, ahorro a largo plazo o simplemente una mayor tranquilidad económica.

Este tipo de vida también reduce el consumo indirecto. Menos muebles implican menos necesidad de decorar, menos compras impulsivas y menos acumulación de objetos que acaban generando desorden.

Beneficios para la salud que no esperaban

Pero el impacto no es únicamente económico. La pareja destaca mejoras claras en su bienestar físico. En aproximadamente un mes, comenzaron a sentirse más fuertes físicamente. Al no disponer de sillas o sofás en los que hundirse durante horas, cambian de postura con frecuencia, se levantan más a menudo y se mantienen activos de forma casi inconsciente.

Casa sin muebles

Pasan la mayor parte del tiempo en el suelo sobre esterillas de yoga, una elección que contrasta con lo que socialmente se espera de personas próximas a la edad de jubilación. A esa edad, lo habitual es invertir en sofás cómodos, sillones reclinables o muebles pensados para maximizar la comodidad pasiva. Sin embargo, ellos han preferido huir de esa idea.

Las tareas domésticas también se han simplificado. Con menos superficies y menos objetos, limpiar resulta rápido y sencillo, y el apartamento mantiene un aspecto ordenado casi de forma automática. Esta sensación de espacio y ligereza contribuye, según explican, a una mayor calma mental y a una relación más relajada con el hogar.

No es para todo el mundo

Ellas mismos reconocen que este estilo de vida no es universal ni fácilmente trasladable a todo el mundo. Por ese motivo, han optado por adaptar su vida social y evitar incomodar a los invitados, prefiriendo encuentros al aire libre, paseos o citas en cafeterías y restaurantes.

Aunque reconocen que todavía idealizan el confort de un sofá amplio, no estarían dispuestas a renunciar a los beneficios que han encontrado en esta forma de vivir. Y es que, a veces, menos es más en el sentido más literal de la expresión.

Fotografías | Ángela Horn - Business Insider

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