Para muchos propietarios de perros, sacar a pasear a sus perros durante 20 minutos es un momento de desconexión y de bienestar. Pero para muchos, y sobre todo si sus vidas son un no parar. Antes de irse a trabajar a las 6 de la mañana, o al volver a casa después de una larga jornada laboral pasadas las 9, se apresuran a ponerle a su mascota la correa para bajar a dar un paseo y que puedan hacer sus necesidades y darles un poco de movimiento. Y en muchas ocasiones, sobre todo si hace un calor extremo o un frío helador, el paseo termina en cuanto el perro ha cumplido.
Pero para los perros, el paseo es mucho más que eso. Es un momento para descubrir el mundo, recopilar información y satisfacer uno de sus instintos más desarrollados: el olfato. De hecho, seguro que alguna vez te has desesperado porque tu perro se detiene cada pocos metros para olfatear una farola, un árbol o un trozo de césped. Sin embargo, cada vez más veterinarios y especialistas en comportamiento animal coinciden en que permitir esos momentos no solo es normal, sino que también puede ser muy beneficioso para su bienestar emocional.
Dejar que tu perro olfatee durante el paseo mejora su bienestar
La veterinaria Hannah Hart, en un artículo revisado para PetMD, explica que los perros "entienden el mundo principalmente a través del olfato, y permitirles explorar con la nariz durante los paseos constituye una forma esencial de enriquecimiento mental". Es decir, para un perro, detenerse a oler no es perder el tiempo, sino una actividad tan importante como caminar o correr.
Los expertos recuerdan que el sentido del olfato canino está extraordinariamente desarrollado. Mientras los seres humanos contamos con unos seis millones de receptores olfativos, los perros pueden superar los 200 millones, dedicando además una parte mucho mayor de su cerebro a procesar toda esa información. Gracias a ello son capaces de identificar qué animales han pasado por un lugar, cuánto tiempo hace que estuvieron allí o incluso detectar cambios en el entorno que nosotros somos incapaces de percibir.
Desde el American Kennel Club (AKC) también defienden los llamados sniff walks o paseos de olfato. Sus especialistas explican que impedir constantemente que un perro huela sería comparable a llevar a una persona a un museo con los ojos vendados. Para ellos, esos minutos dedicados a explorar con la nariz son una forma de recopilar información, reducir el estrés y estimular la mente.
Además, estos paseos no tienen por qué ser más largos. Según recoge el AKC, una caminata de apenas 20 o 30 minutos en la que el perro pueda detenerse a olfatear con calma puede resultar tan estimulante y cansarlo tanto como un paseo mucho más largo centrado únicamente en caminar deprisa.
Eso sí, los especialistas recomiendan hacerlo siempre de forma controlada. Lo ideal es utilizar una correa suficientemente larga para darle cierto margen de exploración, sin perder la supervisión ni permitir que se acerque a zonas peligrosas o a sustancias que puedan resultar tóxicas. El objetivo no es que el paseo sea completamente libre, sino encontrar un equilibrio entre la seguridad y la posibilidad de que el perro pueda utilizar el sentido con el que realmente interpreta el mundo.
Fotografías | Magnific, Magnific
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