Rafael, albañil jubilado: "Lo que más cuesta en hacer un edificio es coger aguas, es lo que más trabajo da y es lo más duro"

Un retrato de cómo ha cambiado el mundo de la construcción y la propia manera de entender la vivienda

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María Lancha

Editor

Construir una vivienda es mucho más que levantar paredes. Detrás de un edificio hay cimentaciones, estructuras, forjados, fachadas, instalaciones y una larga lista de trabajos que, una vez terminados, quedan ocultos bajo los acabados que vemos en el interior. Para quienes han dedicado buena parte de su vida al oficio de la construcción, cada una de esas fases tiene sus propias dificultades.

Rafael, albañil jubilado y padre de Víctor Domínguez (Wall Street Wolverine), conoce bien ese proceso. En una conversación mantenida en el podcast de su hijo, recuerda cómo era trabajar en la construcción décadas atrás y compara aquella realidad con las exigencias actuales.

Entre sus reflexiones hay una especialmente llamativa por lo poco intuitiva que puede resultar para quien no conoce los entresijos de una obra: "Lo que más cuesta en hacer un edificio es coger aguas", dice.

Lo que más cuesta no siempre es lo que se ve

Cuando pensamos en la construcción de un edificio, probablemente imaginamos grandes estructuras, muros, fachadas o tejados como los elementos que concentran el mayor esfuerzo. Sin embargo, para Rafael, uno de los momentos más exigentes del proceso está relacionado precisamente con la estructura y la ejecución del edificio. "La cuestión es hacer las fachadas, forjados y cosas de esas. Eso es lo que más trabajo da y es lo más duro", explica. 

Su testimonio pone el foco en una parte de la construcción que suele pasar desapercibida cuando contemplamos una vivienda terminada. Antes de que lleguen los revestimientos, los muebles, la iluminación o cualquier elemento decorativo, hay una estructura que debe ejecutarse correctamente y que condicionará todo lo que venga después.

Las fachadas y los forjados forman parte de ese trabajo pesado que, aunque posteriormente quede integrado en el resultado final, requiere planificación, esfuerzo físico y experiencia. Son precisamente esos elementos constructivos los que permiten que el edificio tome forma y pueda avanzar hacia las siguientes fases de la obra.

De las primeras casas a la construcción actual

Rafael también recuerda cómo se construían las viviendas en la época de su abuelo, cuando, según relata, el proceso administrativo y técnico era muy diferente al actual. "Cuando hizo el abuelo las primeras casas, ni planos, ni planos", cuenta. 

En aquel momento, asegura, bastaban algunos permisos básicos: "Permiso de agua, permiso de alcantarillado y solucionado, ahora te piden de todo". Precisamente este último punto aparece también en su relato cuando habla de los requisitos actuales para vender una vivienda. "Para vender un piso, te piden eficiencia energética, he puesto paneles solares", explica Rafael.

La eficiencia energética se ha convertido en uno de los elementos cada vez más presentes en el ámbito residencial. El comportamiento energético de una vivienda, sus instalaciones y las medidas destinadas a reducir el consumo han adquirido un protagonismo que hace décadas apenas formaba parte de la conversación cotidiana sobre construcción.

La realidad actual

Pero la conversación no se limita a los aspectos técnicos de la construcción. Rafael también reflexiona sobre el acceso a la vivienda y sobre la enorme transformación económica que, desde su perspectiva, se ha producido entre generaciones.

"Ahora mismo, la gente joven no tiene ni idea de nada", afirma antes de comparar las posibilidades de adquirir una vivienda que, según recuerda, existían durante su juventud con las circunstancias actuales.

"Antes, con dos millones de pesetas comprabas una casa, estabas trabajando 4-5 años y ya podías comprar una casa, ahora necesitas estar toda la vida y encima hipotecas hasta a tus hijos", sostiene.

Su relato dibuja así el contraste entre dos épocas en las que tanto la construcción como la adquisición de una vivienda se desarrollaban bajo circunstancias muy diferentes.

Una vida dedicada a levantar casas

La mirada de Rafael tiene además el valor de quien ha conocido la construcción desde dentro. Su testimonio habla de una profesión en la que buena parte del trabajo que realmente sostiene un edificio no queda a la vista cuando la obra termina.

Las fachadas, los forjados y el resto de elementos estructurales pueden desaparecer visualmente bajo capas de aislamiento, revestimientos, pintura o acabados decorativos. Sin embargo, son fundamentales para que una vivienda pueda llegar a convertirse en el espacio habitable que conocemos.

Y es precisamente desde esa experiencia acumulada durante años de oficio desde donde Rafael resume qué considera más complicado de levantar un edificio: "Lo que más cuesta en hacer un edificio es coger aguas", sentencia.

Fotografía de portada | Wall Street Wolverine

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