A los 57 y 60 años, cuando lo habitual es pensar en sillones ergonómicos, sofás envolventes y camas de gran formato, esta pareja decidió recorrer el camino contrario: vaciar su casa casi por completo. Cuatro años después, aseguran sentirse más fuertes, más ligeros y, sobre todo, más felices que lo que podrían haber sido con una casa completamente amueblada.
Su historia, recogida por Business Insider, no nace de un gesto impulsivo ni de una declaración ideológica radical. Es el resultado de un proceso pausado, de casi dos décadas, en el que desde el año 2008 fueron desprendiéndose de objetos hasta descubrir que podían vivir bien con lo mínimo imprescindible.
Un apartamento luminoso y casi vacío
Hoy habitan un apartamento sin amueblar, rodeado de jardín y bañado por luz natural. En su interior apenas hay una pequeña mesa de bambú para el ordenador y dos colchonetas individuales para dormir. El resto del tiempo lo pasan en el suelo, sobre esterillas de yoga.
La escena rompe con los códigos tradicionales de confort asociados a la madurez. En una etapa vital en la que muchos priorizan la comodidad pasiva, ellos han optado por un entorno que fomenta el movimiento constante y la actividad física espontánea.
Lo que comenzó como curiosidad tras escuchar un pódcast sobre personas que vivían sin muebles, terminó convirtiéndose en un experimento de vida. Justo cuando planeaban mudarse a una cabaña rural completamente equipada, apareció la oportunidad de alquilar un piso vacío, atractivo y asequible, lo que decidieron interpretarlo como una señal.
Una transición gradual, con aprendizaje incluido
Su acercamiento al minimalismo no fue repentino. Desde 2008 ya venían reduciendo pertenencias y simplificando su estilo de vida. Sin embargo, prescindir casi por completo del mobiliario no estaba en sus planes iniciales.
Como todo proceso de cambio, hubo ensayo y error. En un primer momento adquirieron un futón bajo y económico que resultó incómodo para sus espaldas. La solución fue volver a lo básico: colchonetas de camping más funcionales y adaptadas a sus necesidades reales. Ese ajuste marcó el tono de su nueva etapa, observar, probar y quedarse únicamente con lo que aporta valor.
El ahorro invisible del espacio vacío
Más allá de la estética, su decisión tiene implicaciones económicas claras. La ausencia de sofás, grandes mesas, estanterías o camas voluminosas elimina gastos iniciales elevados y reduce los costes de mantenimiento. No hay tapicerías que renovar, muebles que reparar ni tendencias que obliguen a actualizar el salón cada pocos años.
Además, mudarse se convierte en una operación sencilla y económica. Para quienes valoran la movilidad o contemplan cambios de residencia en el futuro, la ligereza material es una ventaja estratégica.
También existe un efecto indirecto, menos muebles significan menos superficies que llenar. Al disminuir las posibilidades de almacenamiento y exposición, se reducen las compras impulsivas y la acumulación innecesaria. El resultado es una estructura de gastos más previsible y contenida, que favorece el ahorro sin necesidad de grandes planes financieros.
Una mejora en bienestar
Sin sofás en los que quedarse atrapados durante horas, su rutina cambió casi sin darse cuenta. Se levantan con mayor frecuencia, alternan posturas y permanecen activos a lo largo del día. En apenas un mes comenzaron a notar mejoras en su fuerza y resistencia física.
El suelo, lejos de ser un enemigo del confort, se ha convertido en un aliado del movimiento. Esta dinámica rompe con el sedentarismo que suele instalarse en el hogar moderno, donde el mobiliario invita a la inmovilidad prolongada.
Orden casi automático
Otro efecto inmediato ha sido la simplificación de las tareas domésticas. Con menos objetos y superficies, la limpieza resulta rápida y eficiente. El apartamento se mantiene visualmente despejado sin grandes esfuerzos, reforzando una sensación constante de calma.
Curiosamente, la pareja admite que en ocasiones idealiza la idea de un gran sofá mullido. Sin embargo, no están dispuestos a renunciar a los beneficios que han experimentado. Porque no se trata de vivir en la incomodidad, sino de cuestionar qué necesitamos realmente para estar bien.
Imágenes | Business Insider
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