Fernando y Ana, jubilados, viven en una autocaravana por 70 euros a la semana: "Nosotros tenemos aquí lo que necesitamos, vivimos bien, tenemos para comer y hemos ahorrado muchísimo"

Su historia demuestra que una vivienda no siempre se mide en metros cuadrados

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María Lancha

Editor

Cambiar una vivienda tradicional por una casa sobre ruedas puede parecer una decisión radical, pero para Fernando y Ana ha supuesto encontrar la tranquilidad que llevaban años buscando. Esta pareja de jubilados decidió hace tres años dejar atrás la rutina, vender su antigua forma de vida y convertir una autocaravana de 27 años en su hogar permanente. Desde entonces, cada amanecer les regala un paisaje diferente y aseguran haber ganado en libertad, calidad de vida y ahorro económico.

Su historia ha sido compartida en el canal de YouTube de Arnau Serrado, donde explican cómo pasaron de una vida convencional, marcada por las obligaciones y los gastos fijos, a otra mucho más sencilla, conectada con la naturaleza y centrada en disfrutar del presente.

De una vida convencional a una casa con ruedas

caravana Arnau Serrado

Fernando, argentino, y Ana, venezolana, llevan prácticamente toda la vida viviendo en España. Durante décadas siguieron el camino que muchas familias consideran habitual... trabajo, vivienda, empresa, hijos y responsabilidades. Sin embargo, al llegar la jubilación decidieron replantearse cómo querían vivir el tiempo que tenían por delante.

"Antes teníamos una vida convencional con casa, apartamento, empresa, hijos... la rueda de hámster. Ahora que estamos jubilados queremos disfrutar lo que nos queda de vida, pero siempre pendientes de nuestras responsabilidades", explica Fernando.

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La decisión no fue impulsiva. Ambos reconocen que abandonar una vivienda de ladrillo y desprenderse de muchas pertenencias exigió meses de reflexión. "No fue una decisión de un día ni de dos. Tuvimos que pensarlo mucho. Lo que más cuesta es desprenderte de tus hijos y cambiar una forma de vida que llevas muchos años manteniendo", recuerda.

Su vivienda actual es una autocaravana con casi tres décadas de historia que bautizaron cariñosamente como "La Vaca". El nombre tiene una explicación muy sencilla. "Es grande, gorda, blanca y además en la matrícula pone 'MU'", comenta Fernando entre risas.

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Cuando la compraron tenía 84.000 kilómetros y, tres años después, supera los 127.000. Sin embargo, aseguran que el motor sigue funcionando perfectamente. "Lo compramos con 84.000 kilómetros y ahora tiene 127.000. El motor es una maravilla", afirma convencido. Lejos de buscar un vehículo moderno, valoraron especialmente la calidad de construcción de este modelo.

"Los muebles son de los de antes, de madera. En las autocaravanas el principal problema es el peso, pero antes había mucha más consistencia y calidad que ahora", explica.

Un hogar pequeño, pero con todo lo necesario

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Aunque el espacio es reducido, Fernando y Ana aseguran que no echan nada en falta. La distribución está diseñada para aprovechar cada centímetro y cuenta con todas las comodidades necesarias para el día a día. La autocaravana dispone de cocina, nevera, calefacción, agua caliente, zona de descanso y espacios de almacenamiento cuidadosamente organizados.

"Tenemos todo lo que necesitamos. Llevamos tres años viviendo aquí y estamos muy bien. Tenemos agua caliente, calefacción, nevera y cocina. Es como si fuera una casa, pero con un jardín diferente cada día", resume Fernando.

Precisamente esa posibilidad de cambiar de paisaje cuando lo desean es una de las grandes ventajas que destacan de esta forma de vida. "Si te molesta el vecino, arrancas y te vas a otro sitio", bromea.

Una reforma hecha por ellos mismos

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Antes de iniciar esta nueva etapa, la pareja decidió adaptar completamente el vehículo. Toda la reforma fue realizada por ellos mismos, invirtiendo un total de 1.631 euros. Además del importante ahorro económico, consideran que el trabajo tuvo otra ventaja añadida.

"Nos ha servido para conocer la autocaravana por dentro y por fuera. Hemos aprendido cómo funciona absolutamente todo", explica Fernando. Eso sí, reconocen que una casa rodante también necesita mantenimiento constante.

"Esto es como un barco. Siempre hay algo que hacer. Igual que en una vivienda tienes que pintar o cambiar puertas, aquí también hay un mantenimiento continuo."

Vivir con menos para disfrutar más

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Una de las mayores transformaciones no ha sido únicamente económica, sino también mental. Fernando reconoce que ahora valoran mucho más las experiencias que las posesiones materiales.

"Vivir es disfrutar cuando paras en un parque, cuando visitas un castillo o descubres un rincón nuevo. Eso vale mucho más que las cosas materiales", asegura. Cada parada supone una nueva vista desde la ventana y una oportunidad para conocer lugares que antes solo visitaban durante las vacaciones. "Tenemos unas vistas nuevas todos los días", resume con satisfacción.

El ahorro, una de las claves de esta nueva vida

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Además de la libertad que proporciona viajar sin un destino fijo, Fernando y Ana destacan el importante ahorro que han conseguido desde que dejaron su vivienda tradicional. Mientras vivían en una casa, gran parte de sus pensiones se destinaban a gastos fijos como la comunidad, el garaje, la electricidad, el agua, el teléfono o las continuas reparaciones y tareas de mantenimiento.

"Nosotros tenemos aquí lo que necesitamos. Vivimos bien, no nos falta de nada, tenemos para comer y hemos ahorrado muchísimo en gastos", afirma Fernando.

La pareja calcula que su gasto ronda los 70 euros semanales, aunque reconocen que el presupuesto depende mucho de los desplazamientos que realicen y del país en el que se encuentren. "Cuanto más te mueves, más gastas. También depende de dónde estés. Francia, por ejemplo, es bastante más caro que España", explica.

Aunque no llevan una contabilidad estricta, sí perciben una diferencia evidente respecto a su antigua vida. "Ahora llegamos a final de mes con dinero en la cuenta. Antes vivíamos pendientes de que llegara el día 24 para cobrar la pensión", recuerda.

Los dos coinciden en que esta forma de vivir les ha permitido cambiar por completo su escala de prioridades. Hoy, el lujo ya no consiste en tener una vivienda grande o acumular objetos, sino en disponer de tiempo para disfrutar de cada jornada. "Estamos en otra onda. Queremos disfrutar del día de hoy; mañana ya se verá", concluyen.

Fotografía de portada | Arnau Serrado

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