Elegir bien las plantas de una terraza o un jardín no es solo una cuestión estética. Cada vez más personas buscan especies capaces de soportar el calor, los periodos de sequía y el ritmo de vida actual, en el que no siempre hay tiempo para dedicar grandes cuidados al exterior de casa. Apostar por variedades resistentes y adaptadas al clima ayuda a mantener los espacios verdes bonitos durante más tiempo, reduce el consumo de agua y evita muchas de las tareas de mantenimiento que suelen dar más trabajo.
En este contexto, las plantas mediterráneas se han convertido en una de las opciones favoritas para balcones, patios y jardines. Además de soportar bien las altas temperaturas y necesitar menos riego, muchas de ellas aportan aroma, color y un aspecto natural muy agradable durante buena parte del año. La lavanda es uno de los mejores ejemplos: una planta resistente, decorativa y fácil de cuidar que encaja tanto en pequeños balcones urbanos como en jardines.
La lavanda, una planta mediterránea que da color a terrazas y balcones
La lavanda es una planta resistente y fotogénica desde cualquier ángulo gracias a sus espigas moradas. Tiene un aroma que impregna cualquier espacio de exterior, y si se cuida mínimamente, florece temporada tras temporada sin pedir casi nada a cambio. Este tipo de planta es además de las que aguantan bien el calor que se avecina, algo que no es poca cosa cuando se trata de mantener vivo un balcón en pleno julio.
Ahora, estas plantas estarán a la venta desde el miércoles 27 de mayo por 2,49 euros. La planta llega en maceta de 12 cm de diámetro y con una altura de entre 18 y 23 centímetros, lo que la hace perfectamente manejable para balcones y terrazas aunque el espacio sea reducido. Y está disponible hasta el 31 de mayo, en cantidades limitadas.
Cómo cuidar la lavanda
En cuanto a los cuidados, la lavanda es mucho más sencilla de lo que parece. Lo primero que hay que tener claro es la ubicación: necesita sol directo y cuantas más horas mejor. No es planta para interiores ni para rincones en sombra; si no recibe luz suficiente, dejará de florecer y perderá buena parte de su encanto. En una terraza orientada al sur o al sureste estará en su salsa.
El riego es el punto donde más gente falla con la lavanda. Le va el riego moderado, lo que en la práctica significa esperar a que la tierra esté seca antes de volver a regar. Es muchísimo más resistente a la falta de agua que al exceso: las raíces encharcadas son su principal enemigo, así que hay que asegurarse de que la maceta drena bien y de no pasarse con la manguera.
Cuando empiece a florecer, un truco sencillo para alargar la floración es ir retirando las espigas ya secas. Y una vez que acabe la temporada, una poda ligera, sin llegar a la madera vieja, le vendrá bien para que rebrote con más fuerza al año siguiente. La lavanda es perenne, así que si se trata bien puede acompañarte temporada tras temporada.
Un detalle práctico: si tienes en mente trasplantarla a una maceta más grande, elige una mezcla de sustrato con buena permeabilidad, o añade algo de arena o perlita para mejorar el drenaje, ya que no le gustan los suelos compactos ni la humedad retenida.
Fotografías | Betül Balcı para Pexels, Aldi
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