Hay casas en las que el aire acondicionado parece estar haciendo su trabajo y, sin embargo, basta con cruzar el pasillo para notar que la temperatura ha cambiado. El salón puede estar razonablemente fresco mientras el dormitorio conserva el calor de toda la tarde, el despacho se convierte en un pequeño horno después de varias horas delante del ordenador o el baño sigue teniendo ese ambiente húmedo que hace que el verano parezca todavía más pesado. No es una impresión nuestra: dentro de una misma vivienda puede haber diferencias de varios grados.
Durante una ola de calor, además, la casa deja de comportarse como un espacio uniforme. Una ventana orientada al oeste, una persiana que permanece abierta durante las horas de más sol, una cocina en plena faena o un dormitorio que ha estado cerrado todo el día pueden cambiar bastante el resultado. Según Luis Miguel Martínez, Product Manager de Haier HVAC, puede haber hasta cuatro grados de diferencia entre unas habitaciones y otras. Y eso explica por qué bajar un poco más el termostato del salón no siempre soluciona el problema en el resto de la vivienda.
Las cinco habitaciones que más atención necesitan cuando aprieta el calor
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El dormitorio acumula el calor durante horas
Dormir con calor es especialmente incómodo porque el dormitorio puede seguir desprendiendo por la noche parte de la energía que ha ido acumulando durante el día. Paredes, techo, suelo, muebles e incluso el colchón pueden conservar ese calor durante horas, de manera que abrir la ventana cuando cae el sol no siempre consigue que la habitación se refresque inmediatamente.
La orientación también tiene mucho que decir. Un dormitorio que recibe sol directo durante buena parte de la tarde necesitará más protección que otro situado en una fachada más sombría. Mantener persianas, toldos o cortinas cerrados durante las horas de mayor radiación ayuda a evitar que el calor entre en primer lugar.
La ventilación conviene reservarla para los momentos en que el aire exterior sea más fresco que el interior. Y eso, ha cambiado con respecto a hace unos años con el aumento de las noches tropicales. Además, si se utiliza aire acondicionado, resulta más razonable preparar la habitación antes de acostarse y mantener una temperatura confortable que intentar enfriarla de golpe seleccionando una temperatura demasiado baja.
La cocina tiene una particularidad: genera calor
Hay una diferencia evidente entre la cocina y otras habitaciones de la casa: aquí el calor no llega únicamente desde el exterior. El horno, la placa, el lavavajillas y hasta algunos pequeños electrodomésticos aportan carga térmica a una estancia que, además, suele concentrar bastante actividad.
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En los días más calurosos, utilizar el horno durante horas centrales puede hacer que la temperatura suba rápidamente. Siempre que sea posible, conviene trasladar su uso a las horas de menos calor y recurrir a preparaciones que requieran menos cocción. La campana extractora también tiene un papel importante para evacuar el aire caliente y los vapores mientras cocinamos.
Y hay otro detalle que puede marcar la diferencia: si la cocina tiene salida directa al exterior, es preferible aprovecharla para ventilar cuando fuera haga menos calor. Así evitamos que todo ese aire caliente termine desplazándose hacia las habitaciones contiguas.
En el baño, el problema puede ser la humedad
El baño no tiene por qué ser la habitación más caliente de la casa para resultar la más incómoda. Después de una ducha, el vapor eleva la humedad y hace que el ambiente se perciba mucho más pesado. Esa sensación de calor húmedo y pegajoso que aparece en verano tiene buena parte de su explicación aquí.
La solución pasa, sobre todo, por sacar esa humedad cuanto antes. El extractor debe utilizarse durante la ducha y mantenerse unos minutos después, mientras que en los baños con ventana conviene aprovecharla para renovar el aire cuando las condiciones exteriores sean favorables.
También ayuda reducir ligeramente la temperatura del agua y no prolongar innecesariamente las duchas. Y, siempre que sea posible, es mejor extraer primero el vapor al exterior que abrir directamente la puerta del baño y dejar que toda esa humedad pase al resto de la vivienda.
El despacho suma calor de personas y aparatos
Un ordenador encendido durante horas, varios monitores, cargadores, lámparas y otros dispositivos electrónicos van aportando calor a la habitación. Si además se trata de un despacho pequeño en el que pasamos buena parte de la jornada, la temperatura puede subir con bastante rapidez.
Apagar los aparatos que no se estén utilizando y evitar que el sol incida directamente sobre la mesa de trabajo son dos gestos sencillos que ayudan. También es importante favorecer la circulación del aire, especialmente en habitaciones pequeñas.
Aquí un ventilador puede ser un buen aliado: mover el aire mejora la sensación térmica sin necesidad de bajar todavía más la temperatura del aire acondicionado. Y si sabemos que vamos a pasar varias horas trabajando en esa habitación, tiene más sentido anticiparse y climatizarla antes de que esté completamente recalentada
Fotografías | Aire acondicionado Caloryfrio.com, Max Vakhtbovych, Haier
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