Cuando termina la floración y las plantas empiezan a secarse, uno de los primeros impulsos suele ser coger las tijeras y retirar todo lo que ha perdido el color. Sin embargo, Javier Coves, paisajista especializado en jardines naturalistas, propone hacer justo lo contrario y dejar que una parte de esa vegetación permanezca durante el invierno.
En una entrevista con La Vanguardia, Coves explica que una flor seca no es necesariamente un elemento que haya dejado de tener utilidad. "No cortar la flor seca, porque esa espiga marrón del invierno es estructura, comida y semilla", señala.
Aimento y refugio
Mantener esas espigas permite que las semillas permanezcan en el jardín y puedan favorecer la aparición de nuevas plantas. Al mismo tiempo, según explica el paisajista, siguen ofreciendo alimento y refugio para insectos y otra fauna durante los meses fríos.
El jardín no tiene por qué estar siempre igual
Esta manera de cuidar las plantas forma parte de una concepción más amplia del jardín. Coves apuesta por espacios que evolucionen con las estaciones en lugar de intentar conservar durante todo el año una imagen perfectamente ordenada.
2Lo naturalista no está en la lista, está en cómo se planta", explica. Su propuesta consiste en combinar las especies en lugar de distribuirlas en filas o grupos completamente separados, permitiendo que se resiembren, se mezclen y ocupen diferentes espacios según las condiciones de cada temporada.
Por eso, las flores tampoco tienen que ser siempre las protagonistas. El color de las hojas, las gramíneas moviéndose con el viento o las estructuras secas que permanecen durante el invierno pueden formar parte del atractivo del jardín.
Coves recomienda además pensar la plantación por capas. Los árboles pueden formar una cubierta superior que filtre la luz; debajo pueden crecer arbustos adaptados al entorno y, a nivel del suelo, combinarse herbáceas y gramíneas capaces de extenderse y cambiar con el paso del tiempo.
Elegir las plantas pensando en el clima
Para el paisajista, otro de los errores habituales es intentar reproducir jardines diseñados para condiciones climáticas completamente distintas. "El error casi siempre es el mismo, importar una imagen pensada para otro clima", lamenta.
Como ejemplo, señala que especies asociadas al paisaje mediterráneo, como la lavanda, el romero, la jara, el olivo o el ciprés, pueden encontrar dificultades en zonas de Galicia caracterizadas por una mayor humedad, menor insolación y problemas de drenaje.
Por eso, antes de decidir qué plantar, Coves recomienda observar las características del terreno y las condiciones climáticas. Su planteamiento se resume en tres pasos: "Leer primero el suelo y el clima, elegir lo que pertenece al sitio e intervenir lo menos posible".
Fotos | En Pexels: Markus Winkler, Adam Stuart y @javiercovespaisajismo/Instagram
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