En muchas cocinas contemporáneas, abiertas al salón y concebidas como el corazón del hogar, hay un elemento que suele pasar desapercibido hasta que falla, la campana extractora. Para la arquitecta Sandra Rodríguez de R de Room, este electrodoméstico es, sin embargo, una pieza clave en el confort doméstico. “Creo que la mayoría de la gente no sabe utilizar las campanas extractoras”, afirma en una entrevista en la Cadena SER. Y no habla de diseño, sino de algo mucho más básico: su uso correcto.
La campana extractora, mucho más que un complemento estético
En el diseño de interiores, la campana ha evolucionado de aparato funcional a elemento protagonista. Modelos integrados en techo, campanas escultóricas de acero o soluciones invisibles en placa son habituales en proyectos actuales. Pero, más allá de la estética, su misión sigue siendo la misma: eliminar humos, grasas y olores para mantener la calidad del aire en casa.
El problema, según explica Rodríguez, no es la falta de tecnología, sino la falta de conocimiento. “Hay que usarlas bien”, insiste. Y ese bien empieza antes incluso de encender los fogones, cosa que la mayoría de la gente desconoce o hace mal.
Abrir la ventana mientras cocinamos
Puede parecer intuitivo pensar que abrir la ventana ayuda a ventilar y eliminar olores. Sin embargo, la arquitecta lo desaconseja tajantemente, si tienes la campana encendida, la ventana debe permanecer cerrada dado que la campana extractora genera una corriente de aire dirigida hacia su sistema de extracción.
Si abrimos una ventana, el aire exterior entra con fuerza y altera ese flujo, provocando que los olores y partículas se dispersen por la vivienda en lugar de ser absorbidos correctamente. El resultado es justo el contrario al deseado, el olor a fritura acaba en el salón, el pasillo y hasta en los dormitorios.
En cocinas abiertas, este error se multiplica. Un gesto tan simple como cerrar la ventana puede marcar la diferencia entre un ambiente limpio y una casa impregnada de olores.
Encenderla demasiado tarde
Otro hábito común es activar la campana cuando ya estamos cocinando y el humo empieza a ser visible. “Muchas veces la ponemos cuando estamos a medias y ya es tarde”, advierte Rodríguez. La recomendación profesional es clara, encender la campana antes de empezar a cocinar.
De este modo, se crea desde el inicio una corriente ascendente que captura vapores y partículas en el mismo momento en que se generan. Esperar implica permitir que el humo se expanda primero por la estancia. Del mismo modo, no conviene apagarla justo al terminar, sino dejarla funcionando unos minutos más para eliminar los restos de vapor y olores que permanecen en el ambiente.
Fotografía de portada | R de Room | arquitectas
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