La cocina ya no es solo un espacio funcional reservado para cocinar. En la vivienda contemporánea, se ha convertido en el verdadero corazón del hogar. Por eso, cada vez más proyectos apuestan por unir la cocina con el comedor, creando espacios abiertos, luminosos y perfectamente conectados.
Pero ¿cómo lograr esa integración sin perder diseño ni funcionalidad? Miguel Gómez (@formas_cocinas), experto en cocinas, nos da las claves a través de un proyecto que demuestra que incluso una cocina pequeña puede transformarse en un espacio amplio y sofisticado.
La clave está en la continuidad del mobiliario
Uno de los aspectos fundamentales para lograr una unión armónica entre cocina y comedor es el mobiliario. Según Miguel Gómez, la integración comienza cuando ambos espacios comparten un mismo lenguaje visual. Para ello, se recomienda que uno de los muebles del comedor actúe como nexo de unión entre ambos ambientes.
La propuesta consiste en crear un mueble único y continuo que arranque como mueble superior del salón, integrado con la zona de televisión, y que, sin interrupciones, se prolongue hasta convertirse en el mobiliario de la cocina. El resultado es una sensación de continuidad que hace que los espacios fluyan de forma natural, sin cortes visuales ni elementos discordantes.
Electrodomésticos integrados
En los espacios abiertos, el orden visual es imprescindible. Por eso, la integración de los electrodomésticos se convierte en una prioridad. En este proyecto, el horno y el microondas se integran mediante un panelado que recorre toda la pared, utilizando acabados que conjugan a la perfección con los muebles del salón.
Esta solución no solo aporta uniformidad estética, sino que también refuerza la sensación de que la cocina forma parte del espacio de estar. En una cocina de dimensiones reducidas, además, se opta por panelar una de las paredes en acabado mármol con brillo, un recurso que aporta profundidad visual y multiplica la percepción del espacio.
La campana extractora, los cajones y los módulos se integran completamente en el mobiliario, sin tiradores y con sistemas de apertura por pulsado. El resultado es una cocina limpia, elegante y casi invisible, que se mimetiza con el comedor sin perder funcionalidad.
La isla
Aunque se trate de un espacio abierto, es importante establecer una separación sutil entre la cocina y el comedor. Aquí es donde la isla de cocina cobra un papel protagonista. Para Miguel Gómez, este elemento es fundamental, ya que delimita las áreas sin necesidad de levantar muros.
La isla funciona como frontera visual entre ambos espacios, pero también como punto de encuentro. Puede utilizarse como zona de trabajo para cocinar, como barra para desayunos o comidas informales e incluso como alternativa a la mesa de comedor tradicional. “Te permite hacer vida alrededor de ella”, señala el experto, destacando su versatilidad y su valor social dentro del hogar.
Ocho metros de integración total
La base del proyecto parte de un gran frente de mobiliario que recorre la pared, integrando cocina y comedor en un conjunto continuo de casi ocho metros. Esta solución permite que una cocina de tamaño reducido se perciba como mucho más amplia al formar parte de un único espacio bien diseñado.
La ausencia de cortes, la integración total de los elementos y la coherencia estética hacen que el conjunto funcione como un todo, donde cada zona tiene su función, pero sin renunciar a la sensación de amplitud.
Fotografía de portada | Miguel Gómez
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