Decorar paredes es, probablemente, uno de los mayores desafíos dentro del interiorismo. Lejos de ser una tarea meramente estética, implica encontrar un delicado equilibrio entre lo vacío y lo saturado, entre lo impersonal y lo excesivo. Una pared bien resuelta no se limita a rellenar un espacio, sino que cuenta una historia, refleja la personalidad de quien habita la casa y aporta coherencia al conjunto.
Partiendo de esta premisa, el interiorista Unai Burgos (@sagarnastudio) propone cuatro claves esenciales para transformar cualquier pared en un elemento protagonista sin caer en errores comunes. Cuatro ideas que, lejos de seguir reglas rígidas, invitan a experimentar con criterio.
El passepartout
Uno de los recursos más efectivos y a menudo infravalorado, es el uso del passepartout. Esta técnica consiste en enmarcar piezas pequeñas, como cartas antiguas, ilustraciones o postales, dentro de marcos considerablemente más grandes, dejando un amplio margen alrededor.
El resultado es sorprendente, el objeto gana presencia, se revaloriza visualmente y adquiere un aire casi museístico. No se trata de esconder la pequeñez de la pieza, sino de enfatizarla, dándole el espacio que necesita para respirar y destacar. "Le das todo el protagonismo al recuerdo y elevas la piza por completo", afirma el experto.
Simetría o composición irregular
La clásica composición simétrica sigue siendo una apuesta segura. Dos o más piezas alineadas con precisión generan sensación de orden, elegancia y equilibrio visual. Sin embargo, Burgos anima a ir un paso más allá.
Las composiciones irregulares, en las que se combinan marcos de distintos tamaños, estilos y colores, aportan dinamismo y personalidad. Este tipo de disposición, más libre y orgánica, transmite calidez y autenticidad, alejándose de la rigidez de lo perfectamente calculado. "Aporta un aire mucho más acogedor y personal", dice.
El poder del gran formato
Elegir el tamaño adecuado de las piezas es fundamental. En espacios amplios como salones o pasillos, los cuadros en gran formato funcionan como verdaderos puntos focales. Una obra de gran escala puede transformar por completo la percepción de un espacio, dotándolo de carácter y sofisticación.
El interiorista recomienda apostar, siempre que sea posible, por arte pintado a mano o fotografías únicas, piezas con alma que aporten un valor diferencial. Las obras más pequeñas, en cambio, encuentran mejor su lugar en estancias íntimas como dormitorios o despachos, donde invitan a una contemplación más cercana.
La fórmula infalible
Entre los trucos más sencillos y efectivos destaca una combinación que rara vez falla, colocar una silla o un banco junto a la pared y, justo encima, un cuadro. Esta fórmula crea un pequeño rincón con identidad propia, sin necesidad de grandes inversiones ni complicaciones. El conjunto genera un diálogo visual entre los elementos, aportando profundidad y haciendo que la pared cobre vida de forma natural.
Fotografía de portada | Vía @sagarnastudio | Bea Rodríguez
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