Los colores de los 70 vuelven a estar de moda y ya se cuelan en las casas

Texturas envolventes, colores tierra y formas orgánicas marcan una decoración más emocional y acogedora este 2026

Butaca mostaza
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Joana Costa

Editor

Hay casas que, sin saber muy bien por qué, invitan a quedarse un rato más. No es solo una cuestión de muebles bonitos ni de metros cuadrados; tiene que ver con la atmósfera, con esa sensación casi física de refugio cuando se cruza la puerta. Este 2026, la decoración parece mirar precisamente hacia ahí: espacios menos fríos, más vividos, con alma y cierta nostalgia.

Después de años dominados por el blanco impecable, las líneas minimalistas y los interiores que parecían salidos de un catálogo casi clínico, el hogar empieza a recuperar temperatura

Colores que nos abrazan

Contra lo exclusivamente nórdico, vuelven las texturas que apetece tocar, los colores que abrazan la mirada y las formas curvas que suavizan la rutina diaria. Es una estética que recuerda, inevitablemente, al espíritu relajado y expresivo de los años setenta, pero reinterpretado con sensibilidad contemporánea.

Ahora bien: no se trata de copiar una década como si el salón fuera un decorado de época. La inspiración está en otra parte: en rescatar una manera de habitar más sensorial. Tejidos con cuerpo, superficies satinadas, maderas con presencia, tonos tostados y piezas de silueta orgánica convierten cualquier estancia en un lugar más cálido, menos rígido y mucho más humano.

El regreso de la pana

Hay algo profundamente reconfortante en esa vuelta a los materiales con memoria. La pana, por ejemplo, reaparece como un guiño silencioso a una época donde el diseño convivía con la comodidad sin complejos. Sofás, butacas o incluso pequeños pufs encuentran en esta textura una forma de añadir carácter sin necesidad de grandes gestos. Tiene ese punto doméstico y elegante que hace pensar en tardes largas, luz dorada entrando por la ventana y conversaciones sin prisa.

Sillones de pana. Sillones de pana.

Verdes, mostazas y chocolates

También el color abandona la neutralidad extrema. Emergen verdes oliva, mostazas profundos, marrones chocolate y naranjas terrosos que recuerdan al barro, a la madera envejecida, a la naturaleza en su versión más acogedora. Son tonos que no buscan impresionar, sino acompañar, y más que llenar el espacio, lo arropan.

Sofá marrón chocolate. Sofá marón chocolate.

Lo interesante es que no hace falta transformar la casa de arriba abajo para sentir ese cambio. A veces basta con un simple detalle: unos cojines nuevos, una alfombra con textura, unas cortinas más densas o una lámpara con formas redondeadas. Incluso una pared pintada en un tono tierra puede cambiar por completo la percepción de una estancia, como quien cambia la luz de una escena sin alterar el guion.

Ambiente más singular

No se trata de acumular referencias vintage, sino de construir un ambiente que resulte más cálido, más propio, más emocional. Mezclar estos colores con fibras naturales, madera, cerámica o lino ayuda a que el resultado no se vea recargado, sino equilibrado y sereno.

Cojín con tonos mostaza y verdes, y formas geométricas. Cojín con tonos mostaza y verdes, y formas geométricas.

Quizá el verdadero giro decorativo de este año no esté en una moda concreta, sino en una necesidad compartida: la de volver a sentir la casa como un lugar donde descansar del ruido exterior, pero sin ser solo de revista. Se trata de generar un espacio que no aspire a parecer perfecto, sino a parecer vivido.

Fotos | En Pexels: Joanna Bogacz, Josh Sorenson, Max Vakhtbovych y Eren Arıcı.

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