El primer fin de semana de agosto, Lerma se convierte en un destino perfecto para quienes buscan un plan diferente a la playa o la montaña. La culpa la tiene el Mercado Barroco, una cita que encaja a la perfección en esta villa burgalesa, que conserva uno de los conjuntos monumentales más completos de la España de los Austrias, con su Plaza Mayor porticada, el Palacio Ducal —hoy convertido en Parador de Turismo— y un casco histórico que apenas ha cambiado desde el siglo XVII.
La localidad vivió su gran transformación urbanística entre 1600 y 1617, cuando Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III y primer duque de Lerma, impulsó la construcción de palacios, conventos y plazas que todavía hoy definen la imagen de la villa. En ese escenario se celebra el Mercado Barroco de Lerma, que este año podrá visitarse hasta el 2 de agosto y vuelve a instalarse en dos de los espacios con más carácter del municipio: la plaza de Santa Clara y la plaza de San Blas. Solo por pasear entre sus calles, con la música, los personajes del Siglo de Oro y el ambiente barroco que invade el casco histórico, el viaje ya merece la pena...
Un mercado que recrea el ambiente del Siglo de Oro
Cada primer fin de semana de agosto, Lerma regresa al siglo XVII con una celebración que transforma por completo sus calles. Desfiles, representaciones teatrales, conciertos y danzas barrocas evocan las fiestas que el Duque de Lerma organizó para recibir a Felipe III y a toda la Corte. Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, esta cita reúne cada año a más de 400 vecinos vestidos de época y se ha convertido en uno de los grandes eventos culturales y turísticos del verano en Castilla y León.
Y entre las actividades más populares de esta fiesta destaca el mercado barroco, donde hay decenas de puestos con artesanos de cuero, cerámica, madera, vidrio, textiles, forja, joyería artesanal, bisutería y cosmética. También hay puestos donde se venden productos gastronómicos como quesos, embutidos, panes tradicionales, miel, dulces, panes, conservas y cerveza artesanal, además de demostraciones de antiguos oficios, desde herreros a alfareros, pasando por cesteros o tejedores, y tabernas ambientadas que ofrecen especialidades regionales en un entorno de inspiración barroca.
Además, el mercado está animado por personajes barrocos y animación teatral itinerante, con circo y artistas callejeros que van apareciendo sin previo aviso entre puesto y puesto. Para los más pequeños hay cuentacuentos y teatro de títeres, además de una zona infantil pensada con juegos y atracciones de corte tradicional.
El sábado 1 de agosto es el día grande del mercado, con apertura desde las once de la mañana hasta las once de la noche, por lo que hay una jornada completa para pasear entre puestos, parar a comer y quedarse hasta que caiga el sol. El domingo 2 de agosto cierra el fin de semana con un horario algo menos amplio, al abrir de once de la mañana a ocho de la tarde.
Además, durante la celebración de las fiestas barrocas, y al margen del propio mercado, hay desfiles y procesiones con malabaristas, zancudos, gigantones, bufones y tarascas recorriendo las calles engalanadas, teatro clásico y representaciones con obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca y otros autores del Siglo de Oro en plazas y escenarios, juegos caballerescos con justas, encamisadas y el espectacular juego de cañas en la Plaza Mayor o música y danzas barrocas, además de mascaradas nocturnas y fuegos artificiales.
Fotografías | Patrimonio Activo, mercado_medievales_en_la _red
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