Marc, el chico que encontró una finca abandonada en Cataluña mientras iba a escalar y en cuatro años la ha convertido en su refugio de vida autosuficiente: "Estoy súper contento"

Un lugar construido poco a poco, sin grandes inversiones y con la voluntad de devolver la actividad a un espacio que llevaba años abandonado

VIDA RURAL
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María Lancha

Editor

Hay lugares que parecen esperar durante años a que alguien vuelva a darles una oportunidad. Abandonados, sin nada de provecho ni nadie que quiera hacerse cargo de ellos, así pasa la vida mientras perdemos la oportunidad de disfrutar de los bonito que nos brinda la naturaleza.

Este es el caso de la finca que Marc (@elpayesderoca) encontró en Cataluña mientras recorría la zona para ir a escalar. Lo que entonces era un terreno prácticamente abandonado, cubierto de maleza y con una construcción en ruinas, se ha transformado, cuatro años después, en un pequeño ecosistema donde conviven vivienda, huerto, árboles frutales, agua de manantial y una gran balsa.

Marc cuenta su historia en una entrevista en el canal de YouTube de Arnau Serrado, donde muestra con detalle el espacio y explica cómo ha conseguido convertir una finca olvidada en su particular refugio de vida autosuficiente.

"Ahora veréis la finca, que realmente no es mía", explica Marc durante la entrevista. El terreno estaba en una zona del pueblo que había quedado completamente despoblada y vinculada a antiguos molinos de papel. Su propuesta consistió en recuperar el espacio, mantenerlo limpio y volver a ponerlo en producción.

Una finca abandonada que vuelve a tener vida

RURAL Arnau Serrado

Antes de convertirse en su hogar, la finca estaba prácticamente tomada por la vegetación. Marc conocía el lugar desde hacía años porque frecuentaba la zona como escalador. De hecho, fue precisamente esa afición la que hizo que descubriera el terreno. "Vivo en la ciudad, soy escalador y pasaba mucho por esta zona, justamente por este camino que va a una zona de escalada", relata.

También conocía al antiguo propietario de las tierras, que en ocasiones le pedía ayuda con algunas tareas, como el riego. Cuando este falleció, Marc decidió volver al lugar y comenzar a recuperar la finca.

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Pero para hacerlo necesitaba contar con la autorización correspondiente. Se puso en contacto con la administración y presentó un proyecto para devolver la actividad al terreno. "Me hicieron una entrevista, hubo un concurso y al final tuve la suerte de que me la concedieron", recuerda.

El acuerdo establecía que Marc podía utilizar la finca como usufructuario a cambio de mantenerla, limpiarla y volver a ponerla en producción. Una fórmula que le permitió recuperar un espacio que llevaba tiempo sin uso sin necesidad de adquirirlo. "Esta es la premisa del contrato legal que tengo con la administración", explica. "Habitaría estas tierras para mantenerlas limpias y autoabastecerme de alimentación para volver a activar los terrenos, hacer huertos y sacar alimentos."

Una casa de piedra recuperada desde las ruinas

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Uno de los elementos más especiales de la finca es la pequeña construcción que ahora funciona como vivienda. Cuando Marc llegó, el estado del inmueble era muy diferente. "Cuando llegué, un pino cayó justo encima de la cubierta de la casa que hay en este terreno", cuenta. La construcción estaba prácticamente derrumbada, pero tras hablar con la administración obtuvo permiso para restaurarla.

Hoy, aquella antigua barraca vuelve a estar en uso. La casa tiene dos plantas y está integrada en el terreno, hasta el punto de que parte de la planta inferior permanece enterrada.

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La rehabilitación se ha realizado con soluciones sencillas y materiales vinculados a la propia naturaleza del lugar. Las paredes están revestidas con cal, un acabado tradicional que permite que la piedra respire, mientras que el contacto directo de la planta inferior con el terreno ayuda a mantener una temperatura más estable. "El piso de abajo está enterrado en la tierra y la temperatura cambia completamente, está todo en contacto con la piedra", explica Marc.

El suelo también necesitó una solución práctica. Como resultaba complicado mantenerlo limpio, optaron por aplicar una capa de pintura de parking, mucho más resistente y fácil de fregar. El resultado está lejos de las viviendas convencionales. No hay grandes superficies, ni materiales sofisticados, ni una colección de objetos de diseño. La personalidad de la casa procede precisamente de todo aquello que ya existía. "Sigo manteniendo la esencia del antiguo propietario, hay muchos muebles que ya estaban", afirma.

Decorar con lo que ya existe

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La vivienda de Marc es también un ejemplo de una manera de entender la decoración basada en la reutilización. Los muebles antiguos conviven con objetos sencillos y soluciones improvisadas que responden a las necesidades reales de la vida cotidiana.

Junto a la casa, por ejemplo, ha creado un gran macetero en el que cultiva distintas plantas. "Al lado de la casa he hecho un macetero gigante con dos lavandas, menta, guindillas...", explica. No se trata de una decoración concebida únicamente para resultar estética, sino de un espacio en el que cada elemento tiene una función. La vegetación, los muebles recuperados, la piedra, la cal y los elementos de madera forman parte de un conjunto en el que la frontera entre interior y exterior prácticamente desaparece.

Un aislamiento muy poco convencional

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Entre las soluciones más curiosas que Marc ha empleado durante la rehabilitación se encuentra el aislamiento de la vivienda. "El aislamiento de la casa está hecho con papel higiénico mojado", explica. A esta particular solución se suman otros recursos muy sencillos. Para cocinar utiliza un camping gas y para calentarse ha instalado una estufa de leña.

El agua procede directamente de un manantial situado bajo la casa. Según cuenta Marc, el caudal es constante y es el agua que utiliza habitualmente. "El agua es de manantial, está justo debajo de la casa", explica. "Yo bebo directamente del manantial, no para de salir agua y yo siempre he estado bien, nunca me ha pasado nada."

Se trata, en cualquier caso, de una característica propia de esta finca y de su experiencia personal; la calidad sanitaria de un manantial debe comprobarse mediante los análisis correspondientes antes de considerar su agua apta para el consumo.

Una despensa cultivada en la propia finca

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El exterior de la vivienda es prácticamente una extensión de la cocina. Marc cuenta con dos huertos y numerosos árboles frutales que le permiten producir buena parte de los alimentos que consume. La balsa también desempeña un papel fundamental. Cuando llegó a la finca, decidió limpiarla y aprovechó el lodo acumulado como abono orgánico.

"La balsa la limpié entera y saqué un montón de abono", explica. "Llevo tres años utilizando este abono y todo lo que cultivo es ecológico 100%." Su alimentación vegetariana hace que pueda basar buena parte de su dieta en los productos que obtiene directamente de la tierra. "Vivo de lo que cosecho porque soy vegetariano", afirma.

Así, la finca funciona como un pequeño circuito en el que los recursos del propio terreno se aprovechan para mantener los cultivos y generar alimentos. Más que una vivienda aislada, el proyecto se acerca a la idea de un pequeño sistema autosuficiente.

Luz sin placas solares

La electricidad es uno de los pocos elementos que Marc no ha incorporado mediante una instalación convencional. El motivo es la seguridad. Al tratarse de una zona por la que pasa gente, explica que ya ha sufrido intentos de robo y teme que unas placas solares instaladas en el exterior puedan desaparecer. "No puedo poner placas solares porque me las quitan", cuenta.

Su alternativa ha sido mucho más sencilla: unas barras de luz que encontró de segunda mano y que puede recargar con una batería portátil. "Lo que he hecho es simplemente unas barras de luz de Wallapop, las cargo con una batería extraíble y con eso, como la chapa es metálica y hace imán, ya tengo luz."

Una solución doméstica, económica y fácilmente desmontable que resume bastante bien la filosofía de toda la finca: utilizar lo que hay disponible, reparar antes que sustituir y buscar soluciones prácticas antes que sofisticadas.

Fotografía de portada | Arnau Serrado

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