Carlos Gutiérrez, veterinario: "El 13% de los gatos sufren de ansiedad por separación pero el resto, cuando están solos, se relajan"

El experto señala distintas teorías sobre lo que piensan los gatos cuando nos vamos de casa

Qué piensan los gatos cuando sales de casa
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Nacho Viñau Ena

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Hay una escena que se repite cada mañana en miles de casas: la puerta se cierra al irnos a trabajar, el gato se queda mirando desde el sofá y el dueño sale con la sensación de estar cometiendo una pequeña traición. El gato nos mira con cierto desdén e incluso pasotismo, sobre todo si comparamos con la forma en la que se queda un perro. Pero sabemos que no le gusta que le dejemos solo.  

La idea de que el gato interpreta cada salida como un abandono está bastante extendida entre muchos propietarios de felinos. Pero según el veterinario Carlos Gutiérrez, no tiene ningún fundamento. En un vídeo de su canal de YouTube, Mascotas y Familias Felices, desmonta este mito sin rodeos: "Una de las cosas que la gente piensa, y que no es verdad, es que ellos creen que no vamos a volver nunca más a casa".

Lo cierto es que el gato, como animal de costumbres, entiende perfectamente que la ausencia es temporal. Forma vínculos de apego seguro con quien lo cuida y espera su regreso, algo que se nota en ese recibimiento en la puerta, entre maullidos y restregones, que tantos dueños reconocen. "Saben que aunque nosotros no estemos en casa, estamos en otro sitio y seguimos existiendo", explica Gutiérrez.

¿Y entonces qué cree que hacemos durante todas esas horas?

Qué piensan los gatos cuando sales de casa

Ahí es donde el veterinario se pone más interesante. Si el gato sabe que va a volver a verte, la pregunta lógica es qué imagina que estás haciendo mientras tanto. Y aquí entran varias teorías que Gutiérrez plantea apoyándose en cómo funciona la mente felina.

La primera tiene que ver con la comida. Para un gato, salir de casa solo puede significar una cosa: ir a buscar alimento, igual que haría él en estado salvaje. El problema es que cazar no es nada fácil, ni siquiera para un felino entrenado por la evolución para eso: en libertad, solo tres de cada diez intentos de caza terminan con éxito. "Si para ellos es tan complicado encontrar la comida podrían creer que para nosotros también lo es porque ellos no saben de la existencia del supermercado", apunta el veterinario. Así que cuando el dueño vuelve cargado de bolsas, el gato simplemente confirma su teoría. Y si un día llega con las manos vacías, probablemente piense que su dueño es un cazador un poco torpe.

La segunda teoría va por el lado de la territorialidad. Los gatos dedican buena parte del día a patrullar su espacio, controlando que no haya intrusos ni nada fuera de sitio, y pueden llegar a recorrer hasta 20.000 pasos diarios en esa tarea, entre 5 y 7 kilómetros. Como interpretan el mundo desde su propia experiencia, no resulta extraño que asuman que las ausencias largas de su humano tienen el mismo objetivo: vigilar el territorio de puertas para afuera. "No es descabellado que piensen que nuestras largas ausencias se deben a que estamos asegurándonos de que ningún intruso entre en nuestro territorio", señala Gutiérrez.

Hay una tercera opción, más inquietante para el gato: que estemos en el veterinario. Muchos felinos de interior solo conocen un único destino fuera de casa, y es precisamente ese. Como los gatos forman recuerdos muy potentes a partir de experiencias intensas, es posible que asocien todo lo que hay más allá de la puerta con una clínica veterinaria. Gutiérrez lo cuenta con un ejemplo propio: su gato, Alcachofo, se escondía en cuanto los veía calzarse las zapatillas, convencido de que lo esperaba el transportín y, con él, un mal rato entre los que Gutiérrez llama, con humor, "malvados veterinarios".

La explicación más sencilla: simplemente descansan

Con todo, el veterinario reconoce que probablemente se le esté dando demasiadas vueltas a algo que, en la práctica, es mucho más simple. "Nuestros gatos no se plantean absolutamente nada, solamente saben que sales de casa y que ya volverás", resume. Y en la mayoría de los casos, ese rato a solas se convierte en pura relajación: el gato aprovecha un entorno que percibe como seguro para dormir y desconectar sin más.

Ahí entra el único matiz importante, y es que no todos los gatos viven la soledad igual. Alrededor de un 13% presenta signos de ansiedad por separación, con reacciones que van desde la vocalización excesiva hasta conductas destructivas. El resto, la inmensa mayoría, simplemente se relaja hasta que la puerta vuelve a abrirse.

Fotografías |  Mario Martins para Pexels, wirestock para Magnific

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