Hacer que un salón pequeño parezca más amplio es uno de los grandes desafíos del interiorismo actual, especialmente en viviendas urbanas donde cada metro cuadrado cuenta. Frente a las reformas estructurales, cada vez más personas buscan soluciones prácticas, asequibles y sin obras que transformen el espacio desde la percepción visual.
En este contexto, la arquitecta Anneke Dijkstra (@anneke___) comparte una serie de claves profesionales que demuestran que la amplitud no siempre depende del tamaño real, sino de cómo se diseña y se amuebla. Sus trucos se basan en principios arquitectónicos sencillos: luz, proporción, ligereza visual y coherencia cromática.
Muebles ligeros que dejan pasar la luz
El primer gran aliado para ampliar visualmente un espacio son los muebles de apariencia ligera. En su propio salón, la arquitecta ha optado por una mesa de cristal, un recurso clásico que nunca falla. Aunque sus dimensiones sean similares a las de una mesa opaca, el hecho de permitir el paso de la luz evita cortes visuales y genera una sensación inmediata de amplitud.
Eso sí, la arquitecta advierte de su principal inconveniente, requiere más mantenimiento. "Cualquier huella o mota de polvo se nota", señala. Un pequeño sacrificio a cambio de un gran resultado estético.
Cortinas que elevan el espacio
Otro de los trucos fundamentales está en la colocación de las cortinas. Situarlas lo más alto posible, incluso por encima del marco de la ventana, y permitir que sobresalgan ligeramente por los laterales ayuda a elevar la percepción del techo y a ensanchar visualmente el hueco.
Además, elegir tejidos ligeros que dejen pasar la luz natural contribuye a crear un ambiente más abierto y luminoso, evitando que el salón se perciba cerrado o comprimido.
La importancia de la proporción
En espacios reducidos, el tamaño de los muebles es determinante. Anneke Dijkstra insiste en la necesidad de elegir piezas proporcionadas al espacio, como ocurre con el mueble de la televisión. Optar por un modelo ligeramente más pequeño que la pared donde se apoya permite que el conjunto “respire” por los lados y evita una sensación claustrofóbica.
Una paleta cromática coherente
El color es otro elemento clave para lograr armonía y amplitud. En este salón, la arquitecta ha trabajado con una paleta base coherente, donde predominan el blanco, el verde y los marrones en diferentes tonalidades. Sobre esta base neutra y natural, ha introducido pequeños acentos de color —naranja, rosa o violeta— en detalles puntuales. Esta estrategia permite dar personalidad al espacio sin saturarlo, manteniendo una lectura visual limpia y continua.
Iluminación indirecta para ganar profundidad
Por último, la iluminación. Frente a una única lámpara central, Dijkstra apuesta por puntos de luz indirecta repartidos estratégicamente. Este tipo de iluminación suaviza las sombras, aporta profundidad y evita que el techo “caiga” visualmente sobre el espacio. El resultado es un salón más equilibrado, acogedor y visualmente amplio.
Fotografía de portada | Anneke Dijkstra
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