Diseñar una casa no consiste únicamente en elegir muebles bonitos o seguir tendencias. Para los profesionales del interiorismo, cada decisión (desde la iluminación hasta la altura de unas cortinas) influye directamente en cómo se percibe y se vive un espacio. La interiorista Mariana Trujillo (@marit_interiorismo) lo tiene claro, hay ciertos errores decorativos que, aunque parezcan pequeños, pueden arruinar la armonía de una vivienda.
“Con el tiempo he visto cosas que harían llorar a cualquier diseñadora”, explica. Sin embargo, más allá de los errores evidentes, Trujillo señala que existen decisiones que generan incomodidad en casa incluso cuando no sabemos exactamente por qué.
A su juicio, la clave está en comprender cómo funcionan la luz, las proporciones y los materiales dentro de un espacio. Estas son algunas de las decisiones que, como diseñadora, asegura que nunca tomaría en su propia vivienda.
Las cortinas demasiado cortas
Entre los errores que más afectan a la percepción visual de una habitación están las llamadas “cortinas brinca charcos”, aquellas que se quedan cortas, a unos diez o quince centímetros del suelo, y que además se instalan justo en el marco de la ventana.
Este tipo de instalación, explica Trujillo, acorta visualmente las paredes y hace que el techo parezca más bajo. El resultado es una estancia menos elegante y con proporciones desequilibradas.
La alternativa que recomienda es instalar cortinas de techo a suelo, colocando la barra o riel lo más cerca posible del techo. De este modo, la mirada se eleva y se crea una sensación de mayor altura, un recurso muy utilizado en hoteles y proyectos de interiorismo profesional.
Depender de una sola luz del techo
Uno de los fallos más habituales en los hogares es confiar exclusivamente en la luz central del techo, conocida en el sector como “luz de constructor”. Aunque es funcional, esta iluminación única suele generar ambientes planos, fríos y poco acogedores.
Para crear espacios cálidos y con carácter, Trujillo defiende la importancia de trabajar con diferentes capas de iluminación. Esto implica combinar iluminación ambiental —la que aporta una luz general suave— con iluminación de trabajo, destinada a actividades concretas como leer o cocinar, y luz de acento, que sirve para destacar elementos decorativos o arquitectónicos.
“La iluminación es lo que realmente transforma un espacio”, explica la interiorista. Una lámpara de pie, una luz indirecta o pequeños focos dirigidos pueden cambiar por completo la atmósfera de una habitación.
Comprar muebles en conjunto
Otro error frecuente es adquirir muebles en sets completos, como el clásico conjunto de sofá de tres plazas, el de dos y varios sillones idénticos. Aunque puede parecer una solución práctica, el resultado suele ser un salón que recuerda más a un catálogo que a un hogar con personalidad.
Para Mariana Trujillo, la riqueza visual de un espacio está en la mezcla. Combinar muebles de diferentes estilos, materiales o épocas permite crear ambientes más interesantes y auténticos. “La magia está en mezclar texturas, estilos y piezas que tengan historia”, señala. De esta manera, la vivienda deja de parecer un escaparate para convertirse en un reflejo de quienes la habitan.
Pintar todo de blanco por miedo a equivocarse
El blanco ha sido durante años el color favorito en interiorismo por su capacidad para aportar luminosidad y sensación de amplitud. Sin embargo, según Trujillo, usarlo como única opción por miedo a arriesgar puede ser un error.
“Amo el blanco”, reconoce la diseñadora, “pero utilizarlo por defecto puede hacer que un espacio se sienta frío, estéril y sin personalidad”. Frente a ello, recomienda explorar neutros cálidos o introducir colores que aporten carácter.
Tonos como el verde, el azul o incluso un rojo bien utilizado pueden transformar un espacio sin necesidad de saturarlo. A veces, basta con un acento de color bien elegido para aportar profundidad y vida a una estancia.
Ignorar la escala de los elementos
La escala es uno de los principios más importantes del diseño de interiores. Un sofá demasiado grande en una habitación pequeña, una alfombra diminuta en medio del salón o un cuadro minúsculo en una pared amplia pueden romper completamente el equilibrio del espacio.
“La escala es el lenguaje secreto del diseño”, afirma la interiorista. Antes de elegir cualquier pieza, recomienda medir cuidadosamente y pensar en cómo se relacionará con el resto de elementos de la estancia.
Una alfombra bien dimensionada, por ejemplo, puede estructurar toda una zona de estar, mientras que una obra de arte de tamaño adecuado puede convertirse en el punto focal de la habitación.
Fotografía de portada | Vía @marit_interiorismo
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