El invierno suele percibirse como una etapa tranquila para las plantas de interior, pero en realidad es cuando aparecen algunos de los problemas más persistentes. La combinación de calefacción constante, poca ventilación y menor actividad vegetal crea un entorno ideal para que ciertas plagas pasen desapercibidas durante semanas.
A diferencia de lo que ocurre en primavera o verano, en invierno los síntomas suelen avanzar despacio. Las plantas crecen menos, las hojas se renuevan con lentitud y eso hace que cochinillas, hongos o araña roja puedan instalarse sin levantar sospechas inmediatas. Cuando se detectan, el daño ya suele estar avanzado.
Actuar a tiempo
Por eso, la prevención es clave durante los meses fríos. No se trata de intensificar cuidados, sino de ajustarlos al contexto invernal y observar con más atención. Un pequeño gesto a tiempo puede evitar que una plaga se extienda por varias plantas.
Las más comunes
La cochinilla es una de las más habituales en interiores calefactados. Aparece como pequeñas bolitas blancas o marrones adheridas a tallos y nervios de las hojas. Se alimenta de la savia, debilita la planta y puede frenar su crecimiento si no se elimina a tiempo, incluso acabar con ella.
La araña roja, por su parte, encuentra su hábitat perfecto en ambientes muy secos. Es típica de casas con calefacción fuerte y poca humedad ambiental. Sus finos hilos entre hojas y un aspecto apagado del follaje son las señales más claras de su presencia.
Plantas en el interior.
Los hongos suelen responder a un problema distinto. Aparecen cuando el sustrato permanece húmedo durante demasiado tiempo o cuando la ventilación es insuficiente. Manchas oscuras, moho superficial o mal olor en la tierra suelen ser los primeros avisos.
Los básicos
Una revisión regular es la mejor herramienta preventiva. Conviene observar las hojas con atención, especialmente el envés, donde muchas plagas se instalan primero. Este gesto sencillo permite detectar cualquier anomalía antes de que se propague.
La ventilación diaria también juega un papel importante. Abrir las ventanas unos minutos al día renueva el aire, reduce la humedad acumulada y dificulta la aparición de hongos. No es necesario ventilar durante horas, basta con hacerlo de forma constante.
Ajustar el riego a cada planta es clave.
El riego ajustado es otro factor clave en invierno. Regar menos, pero mejor, mantiene el sustrato en equilibrio y evita tanto la sequedad extrema como el exceso de humedad. La pulverización frecuente, tan habitual en otras épocas, debe limitarse en los meses fríos.
Si aun así aparece alguna plaga, conviene actuar con rapidez. El jabón potásico o el aceite de neem suelen ser eficaces si se aplican siguiendo las indicaciones y de forma continuada. Con vigilancia regular y cuidados adaptados al invierno, estas plagas pueden mantenerse bajo control sin grandes complicaciones.
Fotos | Pexels
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