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Vamos a la piscina

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A todos nos gusta darnos un chapuzón ahora que se acerca el buen tiempo, ¿verdad?. El sol agobiante se acerca, y con él vuelven las ganas de disfrutar de nuevo de la piscina, tanto para paliar el calor como para hacer deporte o simplemente disfrutar de unos momentos de descanso. Si eres de los que quieren instalar una piscina en tu jardín pero te da miedo que el mantenimiento sea muy laborioso o que, a la larga, su conservación se convierta en un engorro, se acabó tu problema si sigues los consejos de este artículo.

La condición más importante es contar con una superficie lo suficientemente amplia para poder construir una piscina. El área recomendada es de, aproximadamente, 8 x 3 metros, ya que, aunque la piscina en sí no ocupe tantos metros, tendremos que reservar espacio para la depuradora. No podemos obviar ningún detalle...

Una vez solucionado el tema del espacio, deberemos ocuparnos de seleccionar los materiales necesarios para la construcción de la piscina. Aquí influye el gusto de cada uno pero, sea cual sea la opción elegida, tienen que ser de buena calidad para así garantizarnos una duración prolongada. Los materiales más habituales para levantar nuestra piscina son los ladrillos o el hormigón. En este último caso, el proceso es muy sencillo. Tras realizarse la excavación, se coloca una capa de grava en el fondo y, a continuación, se realiza la estructura de hormigón. Para mantener la higiene del agua de la piscina, son muy necesarios algunos compuestos químicos. El cloro es el más utilizado para desinfectar el agua; se puede comprar en líquido o bien en polvo para disolver en agua. Este tipo de productos con alto contenido en ácidos de cloro eliminan las incrustaciones calcáreas y depósitos orgánicos que se quedan en las paredes y en los fondos. En el mercado también podemos encontrar agentes desinfectantes exentos de cloro. Otro de los elementos esenciales son los antialgas o alguicidas. Con ellos nos aseguramos un correcto mantenimiento de la piscina. Estos líquidos funcionan gracias a la acción de amonios que impiden la formación de algas, bacterias y otro tipo de gérmenes.

A la acción de ambos productos, podemos añadir el uso de modificadores o reguladores del pH, productos ácidos que reducen el pH del agua de las piscinas, para que no sea agresivo con la piel de los bañistas. El uso de estos ácidos es imprescindible para la salubridad de la piscina y, aunque no son nocivos, es fundamental ducharse después del baño para eliminar los mínimos restos químicos que pudieran haberse quedado en la piel.

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