A lo largo de este fin de semana vamos a recibir en España la primera ola de calor del año. En 2025, el verano tuvo 33 días con ola de calor. Y todo indica que en 2026 vamos a seguir el mismo camino. Lo peor de esas olas de calor ya no es el calor excesivo que hay por el día... para mí, lo peor son esas noches tropicales en las que el termómetro está por encima de los 20 grados, convirtiéndose en un problema para conciliar el sueño y descansar como deberíamos.
En esos casos, el aire acondicionado es la solución inmediata que muchos tienen para intentar combatir esa situación asfixiante y poder descansar para poder ir a trabajar al día siguiente. Sin embargo, aunque la climatización ayuda a combatir el calor y favorece el sueño cuando las temperaturas son elevadas, los especialistas llevan años advirtiendo de que un uso inadecuado puede acabar pasándonos factura, ya que dormir con temperaturas demasiado bajas o durante o durante demasiadas horas puede afectar a nuestras vías respiratorias.
De entrada, el descanso puede verse afectado cuando hay una corriente constante de aire frío durante la noche. En condiciones normales, la temperatura corporal desciende de forma natural mientras dormimos, un proceso que forma parte de la regulación fisiológica del sueño. Sin embargo, la exposición prolongada a un flujo de aire frío puede interferir con este equilibrio térmico, haciendo que el organismo tenga que compensar y, en consecuencia, dificultando un descanso plenamente reparador.
En esta línea, un estudio publicado en Extreme Physiology & Medicine analizó el efecto del movimiento del aire sobre la calidad del sueño. Los resultados apuntaron a que las personas expuestas directamente a una corriente de aire presentaban un mayor número de microdespertares durante la noche, lo que interrumpía la continuidad del sueño profundo y reducía su carácter reparador.
Además, este tipo de exposición continuada al flujo de aire puede asociarse a una mayor activación fisiológica durante la noche, con incrementos en la frecuencia cardiaca y en la movilidad corporal, especialmente en fases de sueño más superficial. En este sentido, no es recomendable dirigir el chorro de aire frío directamente hacia la persona que está durmiendo, ya que puede comprometer la estabilidad del descanso y favorecer una sensación de fatiga al despertar.
A ello se añade el posible efecto del frío sostenido sobre el sistema musculoesquelético. La exposición prolongada puede favorecer la vasoconstricción periférica, lo que reduce el riego sanguíneo en determinados tejidos y puede contribuir a una mayor rigidez muscular. En algunos casos, esta situación se relaciona con molestias al despertar, como tensión cervical o dolor en la zona de la espalda.
El problema no es el aire acondicionado, sino cómo lo utilizamos
Uno de los avisos más repetidos por los otorrinolaringólogos tiene que ver con el trabajo extra que obliga a realizar a la nariz durante la noche. El doctor Juan Carlos Casado, de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, explicaba en RTVE que la nariz actúa como un sistema natural de filtrado y acondicionamiento del aire que respiramos. Cuando ese aire es excesivamente frío y seco, esos mecanismos tienen que esforzarse más de lo habitual. Como consecuencia, pueden aparecer molestias como rinitis, faringitis o irritación de garganta.
La explicación es relativamente sencilla. La nariz no solo sirve para respirar: también calienta, humidifica y filtra el aire antes de que llegue a los pulmones. Cuando el aire acondicionado reduce de forma continuada la humedad ambiental, las mucosas nasales pierden hidratación y se vuelven más vulnerables.
La sequedad de las mucosas es uno de los principales problemas
Diversos otorrinos coinciden en señalar la sequedad ambiental como uno de los efectos más frecuentes asociados al uso intensivo del aire acondicionado. El otorrinolaringólogo Josep Maeso Riera explica que estos sistemas generan una importante reducción de la humedad del ambiente, algo que puede favorecer la sequedad de las mucosas nasales y de la garganta.
"La sequedad ambiental genera molestias significativas a nivel de mucosas, tanto nasal como de garganta. A pesar de tener una humedad ambiental alta, los sistemas de climatización resecan. A veces puede ser suficiente colocando algún recipiente plano con agua delante o encima del calefactor (si es plano), para recuperar la humedad ambiental. Sin embargo, en ocasiones no será suficiente y será necesario considerar un humidificador", explica este profesional.
Cuando esa barrera natural pierde humedad, la nariz filtra peor las partículas presentes en el aire. Además de provocar sensación de congestión, picor o irritación, también puede favorecer la aparición de molestias respiratorias y aumentar la sensibilidad frente a virus, bacterias y otros agentes externos.
Algunos especialistas también recuerdan que el aire frío puede reducir la eficacia de los cilios presentes en las vías respiratorias, unas pequeñas estructuras encargadas de eliminar partículas y microorganismos. Si su funcionamiento disminuye, la capacidad defensiva del aparato respiratorio también puede verse comprometida.
Sus consecuencias pueden ser variadas. La exposición continuada a un ambiente con aire seco no solo se asocia a la aparición de rinitis o faringitis, sino que también puede agravar cuadros en personas con patologías respiratorias como el asma o la EPOC. Además, este tipo de condiciones ambientales puede provocar molestias oculares como irritación, afectar a la piel y aumentar la sensibilidad frente a distintos alérgenos.
Cuidado con los virus
Precisamente, uno de los grandes problemas del verano está provocado por los aires acondicionados. Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología, el 20% de los catarros estivales son provocados por el el aire acondicionado, que baja la temperatura de nuestras mucosas y las hace más susceptibles a los microorganismos. Tal y como explican, el aire frío "obliga a trabajan de manera excesiva y cuando fallan suelen aparecen la faringitis, la rinitis o la amigdalitis".
La temperatura recomendada para dormir
Para reducir estos efectos no deseados, una opción es poner en marcha el aire acondicionado unos 30 minutos antes de acostarse, de modo que la habitación se enfríe previamente, y después apagarlo al ir a dormir o utilizar el modo “Sleep”, que ajusta gradualmente la temperatura y termina desconectando el equipo de forma automática.
En cuanto a los valores recomendados, conviene evitar descensos excesivos y no bajar de los 22 ºC, manteniendo idealmente un rango entre 23 y 25 ºC. Además, puede ser útil recurrir a un humidificador para conservar una humedad relativa en torno al 40-60%, un nivel que ayuda a preservar en mejores condiciones las barreras naturales del organismo.
También conviene revisar y limpiar periódicamente los filtros del equipo. Los neumólogos recuerdan que los aparatos acumulan polvo, microorganismos y otras partículas que pueden contribuir a la irritación de las vías respiratorias cuando el mantenimiento no es el adecuado.
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