Aunque parecía que ya no íbamos a tener que encender el aire acondicionado en lo que queda de verano, unos últimos coletazos de calor hacen que nos aferremos a él una vez más. Pero como llevamos advirtiendo estos últimos meses, no es tan importante tener uno de estos aparatos en casa, sino saber cómo funciona para así lograr el mejor rendimiento en casa.
Una buena limpieza, sumado a la mejor temperatura, hará que el aire acondicionado funcione mejor, gaste menos y consiga una sensación térmica óptima en casa sin aumentar considerablemente la factura de la luz (sin resultado alguno).
Y es que, algunas de las costumbres más extendidas alrededor de la climatización parten de una idea equivocada: que cuanto más frío programemos el aparato o más tiempo lo mantengamos funcionando, antes conseguiremos enfriar la estancia. La realidad es algo más compleja. Un experto en climatización (@sitgranollers) señala tres errores especialmente frecuentes que pueden afectar al rendimiento del equipo y al consumo energético.
Confundir el modo "Dry" con el modo frío
Una de las funciones que más dudas genera en los aparatos de aire acondicionado es el denominado modo seco o "Dry". A primera vista puede parecer una alternativa al modo de refrigeración convencional, pero ambos tienen objetivos diferentes. "Apenas enfría pero tampoco gasta tanta energía como el modo tradicional de enfriado", dice.
El modo seco está pensado principalmente para reducir la humedad del ambiente. El equipo extrae parte del vapor de agua presente en el aire y, al hacerlo, puede proporcionar una sensación de mayor confort. Por eso puede resultar especialmente interesante en días en los que el ambiente es húmedo, pero la temperatura no es excesivamente elevada.
Sin embargo, no debe entenderse como un sustituto del modo frío. Mientras que la función de refrigeración está diseñada específicamente para bajar la temperatura de la estancia, el modo Dry prioriza la deshumidificación. La sensación que proporciona puede ser más suave y el funcionamiento del ventilador puede ser diferente, por lo que no siempre conseguiremos el descenso de temperatura que buscamos.
La elección, por tanto, debería depender de las condiciones de la habitación. Si el problema principal es el calor, el modo de refrigeración será el adecuado. Si, por el contrario, existe una humedad elevada y la temperatura resulta relativamente soportable, la función de deshumidificación puede contribuir a mejorar la sensación térmica.
Poner el termostato a 16 ºC
La lógica parece sencilla, si queremos alcanzar cuanto antes una temperatura agradable, ¿por qué no seleccionar 16 ºC en lugar de 24 ºC? El problema es que el aire acondicionado no funciona como un grifo de frío que podemos abrir más o menos.
En un sistema convencional, establecer una temperatura muy baja no significa necesariamente que el aparato vaya a enfriar el aire de manera mucho más rápida. Lo que conseguimos principalmente es pedirle al equipo que continúe funcionando durante más tiempo para intentar alcanzar una temperatura objetivo que, además, puede ser innecesariamente baja.
El resultado puede traducirse en un mayor consumo energético y un menor confort térmico. Una vez alcanzada una temperatura razonable, el equipo puede regular su funcionamiento para mantenerla sin necesidad de trabajar constantemente al máximo.
Por eso, en lugar de convertir el mando a distancia en una carrera hacia los 16 ºC, resulta mucho más eficiente establecer una temperatura de confort razonable y permitir que el sistema haga su trabajo de manera progresiva.
El gran olvidado: limpiar los filtros
Los filtros se encargan de retener polvo, partículas y otras impurezas presentes en el aire. Con el uso, especialmente durante los meses de mayor funcionamiento, pueden acumular suciedad. Cuando esto ocurre, el aire tiene más dificultades para circular correctamente a través de la unidad interior.
Y aquí aparece un problema que va más allá de la limpieza. Un filtro sucio puede obligar al equipo a trabajar en peores condiciones, reduciendo su eficiencia y afectando a su capacidad para climatizar correctamente la estancia.
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Por este motivo, durante la temporada de mayor uso se recomienda revisar y limpiar los filtros con frecuencia. En muchos hogares, hacerlo aproximadamente cada 15 o 30 días puede ser una buena referencia, aunque la periodicidad adecuada dependerá del uso del aparato, del ambiente de la vivienda y de la cantidad de polvo o partículas presentes.
Fotografía de portada | Vía @sitgranollers
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