Cuando al fin están desapareciendo las cocinas abiertas, los baños sin puertas ni paredes están al alza

Los baños abiertos se ven cada vez más en hoteles, pero también en viviendas particulares dentro de una moda que busca potenciar la luminosidad, optimizar el espacio y reducir costes 

Baños sin puerta ni pared
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Nacho Viñau Ena

Coordinator

En los últimos años, la cocina abierta fue casi un axioma del diseño de interiores: eliminar paredes entre la cocina, el comedor y el salón prometía un hogar más social, más luminoso y más flexible. Integrar estas estancias creaba una sensación de amplitud incluso en apartamentos pequeños, facilitaba ver a los niños mientras preparas la comida y daba continuidad visual al espacio, un valor que muchos compradores y reformistas buscaban con ahínco. Y es verdad que en apartamentos y casas muy pequeñas, la cocina abierta es una estupenda opción. 

Sin embargo, esa misma apertura empieza a mostrar sus límites con el uso diario. Cuando la cocina se convierte en parte del salón, el ruido de los electrodomésticos, el olor de las frituras o el desorden de los preparativos están siempre a la vista y al oído. En un salón tradicional podrías cerrar una puerta y evitar que el zumbido de la campana extractora interrumpa la conversación; en una cocina abierta eso simplemente no sucede. 

Y justo ahora, que parece que la tendencia es volver a cerrar las cocinas, usando métodos a mitad de camino, como cerramientos con cristales para seguir aprovechando las ventajas de la amplitud del espacio y la luminosidad, pero poniendo coto a los ruidos y a los olores, llegan los baños abiertos. 

La tendencia de los baños abiertos

Tras siglos en los que la privacidad no existía, y hacer tus necesidades en público o en espacios compartidos era lo normal, durante el siglo XX los baños se cerraron y escondieron para ofrecer privacidad y confort a sus propietarios.  Como mucho, se podían ver bañeras exentas integradas en habitaciones y suites. Pero desde hace unos años, sobre todo en los hoteles, se juega con integrar los baños en las habitaciones mediante cristaleras que dejan ver el lavabo o la ducha desde la cama. Aún así, la zona del retrete siempre estaba oculta por defecto, ofreciendo esa privacidad que todo ser humano necesita para un momento tan íntimo. 

Baños sin puertas @bring_back_doors

Cierto es que en habitaciones de hotel, estar en la bañera mientras ves la habitación de diseño, y al fondo, el mar, puede ser un plus en ocasiones. Pero cada vez se ven más ejemplos en los que se han saltado los límites más elementales, y la privacidad desaparece por completo, al eliminar puertas y al tener a la vista ya no la bañera o la ducha, sino también el retrete. Y eso, es un problema para muchos, por la incomodidad que supone. De hecho, hay cosas que deberían permanecer siempre en la intimidad y ni la pareja debería ver.  

Porque, ¿de verdad alguien piensa que es elegante o apetecible que tu pareja te vea o te escuche en el baño? Especialmente, cuando llevas poco tiempo y hay límites que todavía no se han sobrepasado. En este punto, existe un proyecto llamado Bring Back Doors que recopila y denuncia estos despropósitos arquitectónicos. Allí, aparece un listado de hoteles donde se garantiza la privacidad en el baño, y también se mencionan hoteles con privacidad cero, ya que no tienen puerta, pared, o cuentan con una pared abierta o con cristalera. 

Esos baños sin barreras también se ven en casas privadas

Baños sin pared @le_petit_patito

Pero en esta postmodernidad en la que todo se difumina y en la que nos venden como avance lo que realmente es un retroceso, los baños integrados y sin puerta ganan terreno no solo en hoteles, sino también en viviendas particulares donde la falta de espacio o la búsqueda de una supuesta modernidad van difuminando la barrera de la intimidad. 

Elzulista @elzulista

Especialmente, esos baños sin intimidad pueden verse en las casas de alquiler más pequeñas, en esos zulos que se ven cada vez más en las grandes capitales, y además, a precios desorbitados, donde propietarios y promotores ofrecen casas donde el baño no tiene puerta, o donde hay tabiques no llegan al techo, y que ofrecen una intimidad ridícula. En el colmo, se han llegado a ver "viviendas" que tenían la ducha en la cocina.

Zulo @elzulista

Al eliminar la puerta, se acaba con la intimidad y con el último refugio privado

Quizás estos zulos sean casos llevados al extremo, pero no es menos cierto que en aras de la fluidez y de la modernidad, se apuesta cada vez más por integrar el baño para optimizar el espacio, recortar presupuesto y perder calidad. Porque al igual que se ha romantizado la idea de la gente no viaja en agosto para no convivir con las masas de turistas, vamos camino de que se haga lo mismo  con cosas que en las casas teníamos asumidas como derechos irrenunciables. 

Y no hablamos solo de esos zulos de apenas unos metros cuadrados que no deberían contar con una cédula de habitabilidad Hablamos de propuestas donde en el mejor de los casos hay cerramientos de vidrio, cabinas acristaladas o tabiques-biombo para separar el baño del dormitorio. Todo, vestido de una modernidad mal entendida para ser el más cool del lugar. 

En muchos casos, se les denomina baño en suite. Y cuentan con muros abiertos por los lados, tabiques a media altura  o paredes acristaladas, transparentes, opacas y traslúcidas. En algunos proyectos, se ha llegado a ver incluso un baño oculto tras una lujosa cortina.

Pero eliminar esas puertas y esos muros supone renunciar a un refugio básico y a la convivencia: olores, sonidos y la rutinas como ducharse, cepillarse los dientes o secarse el pelo quedan abiertos a la vista y al oído del resto de habitantes de la casa. Así, se pierde ese confort ganado en las últimas décadas, cuando en muchos edificios había un único baño en toda la planta, compartido por los vecinos del inmueble. 

El engaño de la modernidad y el diseño

Lo más preocupante es que esta eliminación de puertas y tabiques no responde en la mayor parte de los casos a ningún ideal arquitectónico ni a una búsqueda real de mejorar la vida de las personas. Se trata, simple y llanamente, de maximizar el espacio vendible y reducir costes constructivos.

Cuando un promotor o un propietario te dice que un baño con cristalera es más moderno, lo que en realidad te está diciendo es que le sale más barato. Cuando te venden un tabique que no llega al techo como una solución espacial innovadora, lo que están haciendo es ahorrarse metros de material. El engaño de la modernidad y el diseño.

En muchos casos, se vende que esa integración del baño en el dormitorio aumenta la sensación de amplitud, mejora la funcionalidad y permite aprovechar la luz natural, "creando ambientes más fluidos y dinámicos".

Tras esa poesía que queda muy bien sobre el papel, en muchas casas, el lavabo o la ducha ya forman de esos dormitorios en suite. Algo incómodo a todas luces, si hay que soportar el ruido de la pareja cuando se levanta antes que tú y debes oír todos sus ruidos mientras se ducha. O en esas ocasiones en las que se queda viendo la tele en el salón y se acuesta a la mil, debiendo lavarse los dientes en el lavabo que hay en el dormitorio sin separación, o que se oculta tras un armario en el mejor de los casos. 

En las casas de alto standing, la instalación de sistemas de ventilación de alto rendimiento para evitar la humedad, o la instalación de sanitarios silenciosos y griferías de bajo impacto acústico permiten reducir las molestias. Pero si la moda se extiende a viviendas de menos calidad que buscan copiar esa tendencia de forma aspiracional, aunque a coste reducido, el resultado será sencillamente súper incómodo lo mires por donde lo mires. 

Por suerte, y aunque la instalación de la ducha o el lavabo en el dormitorio ya se ve en muchas viviendas, el inodoro todavía queda escondido e independizado. Pero tiempo al tiempo a que lo veamos también sin esconderlo, tal y como sucede ya en muchos hoteles, o en esos zulos que se alquilan por cifras estratosféricas en el centro de capitales como Madrid.

El debate sobre los baños sin puertas no es solo una cuestión de tendencias decorativas: plantea preguntas sobre cómo queremos habitar nuestras casas, qué valor le damos a la intimidad y hasta qué punto el diseño debe adaptarse a modas que priorizan la continuidad espacial por encima de la experiencia diaria de los usuarios. Aunque algunos defiendan la estética minimalista y fluida, otros insisten en que la verdadera sofisticación no está en exponerlo todo, sino en proteger aquello que merece un espacio propio y cerrado.  

Fotografías de portada | @bring_back_doors, @bring_back_doors

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