Durante años, eliminar el gotelé ha sido uno de los primeros objetivos de quienes compran una vivienda antigua. Este acabado, tan habitual en las casas construidas entre las décadas de los setenta y los noventa, ha pasado de ser una solución práctica para disimular imperfecciones a convertirse en uno de los elementos más rechazados en las reformas actuales.
Sin embargo, antes de lanzarse a raspar paredes y alisar cada rincón de la vivienda, la experta en reformas Pilar Pérez (@lapipireforma) invita a plantearse una alternativa que, en muchos casos, puede resultar más rápida, más limpia e incluso más económica.
El gotelé muchas veces ocultaba un problema mayor
Aunque hoy se asocie principalmente a una cuestión estética, el gotelé tenía una función muy concreta cuando comenzó a popularizarse, esconder las irregularidades de los muros. En muchas viviendas antiguas las paredes no son completamente rectas. Las pequeñas ondulaciones, desniveles o imperfecciones eran habituales debido a los sistemas constructivos de la época, y el relieve del gotelé ayudaba a disimularlas visualmente.
El problema aparece cuando se decide retirarlo. Una vez desaparece esa textura, afloran todas las irregularidades del soporte, lo que obliga a invertir tiempo y dinero en aplicar capas de yeso o masilla para conseguir una superficie completamente lisa. En algunos casos, el coste de esta fase puede ser mucho mayor de lo previsto inicialmente.
Una reforma suele traer otra detrás
La eliminación del gotelé rara vez es la única intervención en una vivienda antigua. Lo habitual es aprovechar la reforma para renovar también las instalaciones eléctricas, actualizar las tomas de corriente o modificar la distribución de los puntos de luz.
Según explica Pilar Pérez, estas nuevas instalaciones suelen ejecutarse mediante rozas en las paredes, una opción preferible a realizarlas por el techo cuando se pretende mantener la máxima altura libre en la vivienda. De este modo se evita tener que instalar falsos techos demasiado bajos, que pueden reducir la sensación de amplitud de las estancias. Sin embargo, abrir rozas implica volver a reparar las paredes, aumentando el trabajo de albañilería y el tiempo necesario para completar la reforma.
Revestir las paredes con pladur
Cuando coinciden varios de estos problemas, la experta propone valorar una solución diferente, colocar un trasdosado de pladur sobre los muros existentes. Este sistema consiste en crear una nueva superficie delante de la pared original mediante una estructura ligera sobre la que se fijan placas de yeso laminado.
El resultado son paredes completamente lisas, listas para pintar o revestir, sin necesidad de eliminar previamente el gotelé. Además de mejorar el acabado estético, esta solución permite ocultar todas las instalaciones eléctricas, de telecomunicaciones o incluso determinadas conducciones sin necesidad de realizar rozas en los muros originales.
Más confort dentro de casa
Otra de las grandes ventajas del pladur es la posibilidad de incorporar aislamiento térmico y acústico en el espacio que queda entre la pared original y el nuevo revestimiento. Muchas viviendas antiguas cuentan con cerramientos poco eficientes que favorecen la pérdida de calor en invierno y la entrada de altas temperaturas en verano.
Pero como toda solución constructiva, esta alternativa también tiene una contrapartida porque al instalar un trasdosado, las habitaciones reducen ligeramente su superficie útil.
La pérdida suele limitarse a unos pocos centímetros por cada pared revestida, una diferencia que en muchas viviendas resulta prácticamente imperceptible. Por eso, antes de tomar una decisión, es recomendable analizar el estado de la vivienda y las necesidades concretas de la reforma.
Fotografía de portada | Vía @lapipireforma
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