Pedro, fontanero de 50 años: “Hay trabajo de sobra, hasta el punto de que nosotros hemos tenido que anular hace dos años la luna de miel, porque no podíamos parar”

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Nacho Viñau Ena

Coordinator

Todos sabemos lo que supone tener una fuga de agua en casa o que se estropee el termo y tener que esperar a que el fontanero nos dé cita. Si la avería no es urgente, puedes pasar hasta una semana esperando a que este profesional acuda a tu domicilio, con lo que eso supone: tener que ducharte con agua fría en pleno invierno. Y esto no son estadísticas, esto es una experiencia propia que he vivido en mis carnes.

Realmente, en España tenemos un problema con la falta de profesionales que se dedican al mundo de las reformas, y en particular, a la fontanería. Hay mucha demanda, y cada vez menos personas que se dediquen a reparar este tipo de averías. Y eso hace que los profesionales del sector vayan desbordados y les falten horas para afrontar esas emergencias que nos surgen a todos en el día a día. 

Un buen ejemplo de lo que viven a diario los profesionales de este país son Pedro Campelo, un fontanero de 50 años, y Patricia Cabrero, su socia, pareja, y la encargada de la gestión y de la organización del trabajo. Ambos han contado su experiencia y cómo han levantado la empresa que crearon en el podcast Sector Oficios. Se conocieron en una compañía de multiservicios, en la que él atendía reparaciones y ella trabajaba como tramitadora. Y con el tiempo, decidieron comenzar a trabajar por su cuenta. 

Pedro creció entre tuberías y reparaciones

La relación de Pedro con la fontanería viene de lejos, ya que su niñez la pasó entre tuberías y reparaciones, al ser el oficio al que se dedicaban varios miembros de su familia. "Mi padre y tres de mis tíos eran fontaneros”, explicaba en el podcast. Y desde crío, comenzó a acompañar a su padre en sus jornadas de trabajo y, casi sin darse cuenta, fue aprendiendo los rudimentos del oficio. 

Primero colaboraba en tareas sencillas, como preparar materiales, y después se atrevió con trabajos algo más complejos, entre ellos la instalación de radiadores. Pero una cosa era ayudar y otra muy distinta enfrentarse por su cuenta a una avería. En esos momentos, contar con los conocimientos y la experiencia de su padre seguía siendo fundamental.

Fontanería

Su camino profesional, sin embargo, no siguió siempre ligado a las tuberías. Durante una etapa trabajó en albañilería y participó en la construcción de túneles en diferentes lugares de España. La llegada de su primer hijo fue el punto de inflexión: las largas ausencias que exigía aquel trabajo dejaron de encajar con la vida que quería llevar. 

"Yo ya quería volver al pueblo y hacer algo que realmente me llenara", explicaba. Esa decisión le llevó a dar el paso de montar su propio negocio de fontanería en 2007. Para arrancar, contó con una ayuda de 6.000 euros que destinó a comprar maquinaria y una furgoneta.

La trayectoria profesional de Pedro volvió a dar un giro con la crisis del ladrillo. La falta de encargos empezó a hacerse notar en su pueblo y, en 2015, optó por buscar nuevas oportunidades en Madrid. Allí encontró trabajo realizando reparaciones para aseguradoras, aunque lo hacía a través de empresas de multiservicios. La experiencia no siempre resultó satisfactoria: recuerda que en una de esas compañías los pagos se demoraban más de lo debido. Acabó cambiando de empresa y fue precisamente en esa nueva etapa cuando conoció a la mujer que más tarde se convertiría en su esposa y también en su socia.

Las aseguradoras se llevaban más de la mitad de lo que cobraban a los clientes

Fue en ese momento cuando Pedro y Patricia comenzaron a plantearse sin tenía sentido seguir trabajando para una empresa que hacía de intermediaria y que se quedaba con una parte importante de lo que pagaban los clientes. Fue entonces cuando decidieron dar el salto, independizarse y crear su propia empresa para trabajar de forma directa con las aseguradoras. En este punto, la parte económica fue decisiva. 

Fontanería

Pedro señala que “Nosotros nos llevamos menos de la mitad de lo que cobraban ellos. Y a partir de ahí, fueron ampliando los servicios que ofrecían para poder hacerse cargo de las reparaciones de forma integral. La coordinación entre ambos  fue fundamental para crecer, llegando a tener que olvidarse de su vida privada para dar servicio a los clientes. 

Según explica Pedro, "Hay trabajo de sobra, hasta el punto de que nosotros hemos tenido que anular hace dos años la luna de miel, porque no podíamos parar". La falta de descanso se prolongó durante años, hasta el punto de encadenar tres años sin vacaciones porque era imposible dejar a los clientes colgados. De hecho, ni siquiera regresar al pueblo les garantizaba desconectar. Si alguien reconocía la furgoneta, era bastante habitual que aprovechara para consultarles algún problema con la caldera, el grifo o el calentador. Una disponibilidad que tiene su lado positivo, pero también un coste personal.

Un negocio que funciona gracias al trabajo en equipo

La empresa funciona y puede mantener ese ritmo de trabajo gracias a un reparto de responsabilidades en el que cada uno tiene un papel bien definido. Pedro ejerce de fontanero, y se ocupa de las intervenciones sobre el terreno, mientras que Patricia lleva toda la parte organizativa: desde atender a los clientes y concertar las visitas hasta preparar facturas, gestionar documentos, cuadrar desplazamientos o perseguir los cobros que se retrasan. Una labor menos visible, pero imprescindible para que el trabajo diario salga adelante. Pedro tiene claro que el negocio no funcionaría igual sin esa coordinación: “Porque los dos estamos empujando en la misma dirección. Ella hace una parte, yo hago la otra”, afirmaba.

Y ambas partes del trabajo son igual de importantes, ya que de puertas afuera, Pedro es la cara visible del negocio. Pero detrás de cada intervención hay muchas horas de trabajo que no aparecen cuando el fontanero llega a un domicilio. Él mismo reivindica esa labor que realiza su pareja desde la oficina: "De hecho, no es extraño que, al regresar a casa al final de la jornada, todavía la encuentre frente al ordenador, terminando partes de trabajo o concertando nuevas citas para los días siguientes".

Esa coordinación les permite enfrentarse al gran volumen de trabajo que tienen, que les viene por dos vías diferentes. Por un lado, una parte importante de su actividad procede de las compañías aseguradoras. "Los seguros nos dan trabajo todo el año", señalaba Patricia. 

También atienden directamente a particulares, especialmente cuando necesitan solucionar averías que sus pólizas no contemplan. Esa entrada constante de encargos les proporciona estabilidad, pero implica estar pendientes del teléfono y adaptar su vida a las incidencias que van surgiendo. Y es que las urgencias no entienden de horarios ni de compromisos familiares.

Fotografías | Sector Oficios, wirestock para Magnific

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