Casi universalmente, el recibidor suele ser el lugar donde dejamos las llaves, el bolso y alguna que otra cosa que nunca encuentra su sitio. En la casa de Sara Carbonero, además, este espacio funciona como un preludio del estilo que recorre la vivienda.
Las fotografías difundidas en sus redes, @saracarbonero, muestran una entrada de tonos suaves, muebles con acabados envejecidos y materiales naturales, en sintonía con la decoración bohemia de su hogar en Boadilla del Monte.
Una base discreta
La base del espacio resulta discreta: paredes blancas y un suelo de madera clara que permite combinar piezas distintas sin que la estancia parezca demasiado recargada o genere distorsiones.
Sobre ese fondo destacan los volúmenes del mobiliario, las texturas de los tejidos y algunos detalles negros. El interés de su propuesta está más en la mezcla de acabados que en los contrastes intensos de color.
Una cómoda particular
Precisamente, una de las piezas principales de su recibidor es una cómoda de aire vintage, con varios cajones, pequeños tiradores metálicos oscuros y una pintura blanquecina de aspecto desgastado.
Su acabado introduce una nota de antigüedad frente a otros elementos necesariamente más contemporáneos. También aporta almacenaje cerrado, una solución práctica en una entrada para evitar que todos los objetos cotidianos queden a la vista y ese hogar parezca un caos ya en el primer momento.
A su lado aparece el elemento más singular del conjunto y el que confiere más carácter: un olivo de tamaño considerable colocado en una tinaja grande de barro.
El recipiente, de superficie envejecida, refuerza la presencia del árbol y aporta un guiño a los patios mediterráneos, pese a su lejanía. La combinación de vegetación, cerámica y madera concentra buena parte del carácter de esta zona de la casa.
El asiento se resuelve con un banco de estructura negra y una superficie de fibras trenzadas, acompañado de dos cojines rectangulares en tonos tierra. Su diseño introduce ligereza visual y ofrece un lugar donde sentarse para ponerse o quitarse los zapatos. El negro de la estructura añade definición a una estancia dominada por blancos, beiges y marrones. Todo es pura conexión con la naturaleza más terrenal.
Alfombra rectangular
Una alfombra rectangular cubre parte del pavimento y ayuda a delimitar el espacio. En la misma línea, combina grises y beiges con un dibujo geométrico discreto, suficiente para incorporar otro motivo sin competir con los muebles.
Cerca se encuentra un espejo de cuerpo entero, con un marco negro fino y apoyado en el suelo, que prolonga esa convivencia entre líneas sencillas y acabados más rústicos.
Los textiles tienen también presencia en las paredes. Entre las piezas que aparecen en las imágenes destaca un tapiz artesanal de macramé, elaborado con cuerdas crudas, nudos, formas geométricas y flecos largos. Una planta trepadora recorre parte de su estructura, sumando vegetación a una composición en la que el tejido ocupa el lugar que podría tener un cuadro de gran formato.
El entorno se completa con una particular escalera de peldaños, recipientes de cerámica y arreglos florales rojizos que aportan pequeños acentos de color a una apuesta por el tono crema. Se trata de detalles decorativos que mantienen la continuidad entre el recibidor y las estancias próximas.
Fotos | @saracarbonero/Instagram
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