Daniela y José son dueños de un bar en un pueblo de 70 habitantes: "Trabajamos en el pueblo, con el bar a coste cero y la vivienda tiene un alquiler de 110 euros"

Esta pareja decidió cambiar el estrés de la ciudad por la tranquilidad de un pequeño pueblo de la España vaciada

ESPAÑA RURAL
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María Lancha

Editor

Hay lugares que parecen detenidos en el tiempo y otros que, precisamente por eso, ofrecen la oportunidad de empezar de nuevo. Villegas, un pequeño municipio de la provincia de Burgos con alrededor de 70 habitantes, pertenece a esta segunda categoría. En pleno corazón de la España vaciada, este pueblo lucha por mantener viva su esencia y conservar servicios tan importantes para la comunidad como su bar.

Hasta allí llegaron Daniela y José, una pareja procedente de Cádiz que decidió dejar atrás la rutina urbana para emprender una nueva vida en el entorno rural. Lo que encontraron fue una oportunidad difícil de imaginar en una ciudad: una vivienda con un alquiler social de 110 euros al mes y un bar que pueden gestionar sin pagar alquiler ni los gastos de luz y agua del establecimiento.

"Trabajamos en el pueblo, con el bar a coste cero y la vivienda tiene un alquiler de 110 euros", explican. Una frase que resume buena parte de su cambio de vida y que invita a preguntarse si todavía existen rincones en España donde empezar de cero resulta posible sin asumir las enormes cargas económicas que suelen acompañar a la vida urbana.

Un anuncio que lo cambió todo

La historia de Daniela y José comenzó con una búsqueda de alternativas a una vida que ya no les convencía. Cansados del ritmo acelerado de la ciudad y de una rutina que les dejaba poco espacio para disfrutar del tiempo juntos, decidieron explorar otras posibilidades. Fue entonces cuando descubrieron un anuncio del Proyecto Arraigo, una iniciativa orientada a facilitar la llegada de nuevos habitantes a municipios rurales que necesitan recuperar población.

La propuesta les llamó la atención, porque buscaban personas interesadas en instalarse en pueblos de Burgos y existía la posibilidad de hacerse cargo del bar de Villegas, además de acceder a una vivienda.

La rapidez con la que avanzó todo les sorprendió. "Echamos la solicitud el miércoles o el jueves, el viernes nos llamaron y el lunes siguiente ya habíamos pedido los días libres para venir a ver el pueblo. Fue una locura", recuerdan.

En apenas unos días, aquella idea que parecía lejana comenzó a tomar forma. Lo que inicialmente podía haber sido una simple consulta se convirtió en una posibilidad real de cambiar de provincia, dejar atrás sus costumbres y construir un proyecto de vida diferente.

La decisión no estuvo exenta de dudas. Trasladarse desde Cádiz hasta un pequeño pueblo burgalés suponía alejarse de su entorno conocido, de sus amistades y de su familia. También significaba adaptarse a un paisaje, un clima y una forma de vida muy distintos. Sin embargo, la oportunidad de emprender con unas condiciones económicas más favorables terminó pesando más que el miedo a lo desconocido.

Una casa que superó todas las expectativas

Si hay algo que marcó el comienzo de esta nueva etapa fue la vivienda. Cuando Daniela y José recibieron la noticia, imaginaban que encontrarían una casa antigua, quizá deteriorada por el paso del tiempo o con unas condiciones poco atractivas para vivir. La realidad fue muy diferente. "Cuando recibimos la noticia pensábamos que iba a ser una casa antiquísima, pero es una maravilla", cuentan.

José recuerda especialmente la primera impresión que le produjo entrar en ella. "Me veía haciendo vida aquí", reconoce, después de admitir que ambos llegaron al pueblo súper asustados.

La vivienda, distribuida en dos plantas, terminó convirtiéndose en uno de los principales motivos para confiar en la decisión que acababan de tomar. "Pensaba que sería un cuchitril o algo de mala muerte", explica José, sorprendido por el estado de la casa y por las posibilidades que ofrecía para construir una vida cotidiana cómoda y tranquila.

Encontrar una casa en buenas condiciones, con espacio para desarrollar la vida diaria y un coste mensual reducido, puede cambiar por completo la perspectiva de una mudanza. La vivienda deja de ser una preocupación económica constante y se convierte en el escenario donde comienza a tomar forma una nueva manera de vivir.

Vivir por 110 euros al mes

El coste de la vivienda es uno de los aspectos que más sorprenden de esta historia. En un contexto en el que el precio del alquiler supone una parte considerable de los ingresos de muchas familias, Daniela y José pagan 110 euros mensuales por su hogar.

Aunque inicialmente la idea era que la vivienda no les costara nada, finalmente tuvieron que formalizar un alquiler social, según explican, por las condiciones legales aplicables a la cesión del inmueble. "De hecho, la idea era no cobrarnos nada por la vivienda, pero por ley nos lo tienen que cobrar como alquiler social", señalan.

El acceso a la casa también estaba sujeto a determinados requisitos. Entre ellos, la pareja destaca la necesidad de no tener antecedentes penales y aportar una fianza de 700 euros por el local del bar.

Estas condiciones muestran que, aunque la propuesta resulta muy atractiva, no se trata simplemente de llegar al pueblo y recibir una vivienda y un negocio sin ningún tipo de compromiso. Existen requisitos y responsabilidades que forman parte del acuerdo, así como la necesidad de implicarse en el mantenimiento de un servicio esencial para la localidad.

Aun así, el ahorro que supone disponer de una vivienda por ese precio les permite afrontar el día a día con una tranquilidad económica que, según relatan, difícilmente habrían encontrado en su anterior entorno.

El bar del pueblo

La segunda parte de la oportunidad estaba en el bar de Villegas. Para el municipio, conservar este establecimiento significa mantener un lugar de reunión que contribuye a la vida social del pueblo. Para Daniela y José, representa la posibilidad de trabajar sin tener que asumir algunos de los gastos fijos que suelen hacer especialmente difícil iniciar un negocio hostelero. "Cuando entramos al bar pensamos que era una buena oportunidad", recuerda José.

La pareja puede gestionar el establecimiento sin pagar alquiler por el local ni hacerse cargo de los gastos de luz y agua, según explica. De este modo, los ingresos que genera el negocio quedan para ellos, aunque eso no significa que estén exentos de todos los costes, obligaciones o responsabilidades propios de la actividad. "Por el bar no pagamos nada, ni luz ni agua ni nada, todos los beneficios son íntegros para nosotros", afirman.

La fórmula permite que ambas partes salgan beneficiadas. El pueblo conserva un servicio que podría desaparecer si nadie se hiciera cargo de él y la pareja encuentra una oportunidad laboral vinculada directamente al lugar donde vive.

Una vida más sencilla y con menos gastos

Uno de los cambios más importantes para la pareja está relacionado con el coste de la vida. Entre el alquiler de la vivienda y los gastos domésticos, aseguran que sus desembolsos mensuales son muy reducidos. "De gastos, si contamos los 110 euros de alquiler y tiramos por lo alto en los meses de más frío, el mes que más gastamos, 200 euros como mucho. Si le pones la compra, 280 al mes como muchísimo", explican.

Fotografía de portada | Diego Revuelta

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