Durante años, el gotelé fue uno de los acabados más habituales en las viviendas. Su textura permitía disimular pequeñas irregularidades de las paredes y se convirtió en una solución frecuente en multitud de hogares. Sin embargo, con el cambio de las tendencias decorativas, las superficies lisas han ido ganando protagonismo y cada vez son más quienes deciden eliminarlo para conseguir interiores más actuales, luminosos y minimalistas.
El problema llega cuando se piensa que basta con lijar la pared, eliminar la textura y pintar. Según explica el arquitecto Damián Gil (@damialgilarquitecto), el proceso es bastante más complejo si se busca un resultado realmente uniforme.
"Muchos piensan que quitar el gotelé es solo lijar y pintar", señala Gil. Y añade una advertencia especialmente importante para quienes están pensando en emprender esta reforma: hacerlo sin seguir un proceso adecuado puede provocar que, una vez terminada la obra, sigan siendo visibles diferentes imperfecciones.
El objetivo no es solo eliminar la textura
Uno de los errores más habituales consiste en centrar todo el trabajo en hacer desaparecer el relieve del gotelé. Sin embargo, una pared puede parecer lisa a simple vista y presentar posteriormente sombras, pequeñas ondulaciones o defectos que se hacen especialmente evidentes cuando recibe luz natural o iluminación artificial.
"Si no se hace bien", advierte el arquitecto, pueden aparecer sombras, grietas y un acabado que nunca llega a verse completamente fino. Son problemas que pueden pasar desapercibidos durante la reforma, pero que adquieren protagonismo cuando las paredes quedan terminadas.
Así se consigue una pared completamente lisa
El procedimiento comienza con la preparación del paramento. En el método explicado por Gil, el primer paso consiste en picar la superficie para trabajar sobre ella y eliminar adecuadamente el acabado existente.
A continuación se aplica un puente de unión, un producto cuya función es favorecer la adherencia de las capas posteriores sobre el soporte. Este paso resulta especialmente importante cuando se va a trabajar sobre una superficie que necesita una preparación específica para recibir los nuevos materiales. Una vez preparada la pared, llega uno de los momentos fundamentales del proceso, la nivelación.
No se trata simplemente de cubrir los restos visibles del gotelé. Cada imperfección debe corregirse antes de llegar a la fase de acabado, ya que la pintura no está pensada para solucionar desniveles o defectos importantes de la superficie.
Una vez que la pared presenta una base uniforme, se aplica una capa de material de acabado fino destinada a cubrir pequeñas imperfecciones y conseguir una superficie más homogénea.
Después llega otro paso imprescindible, el lijado. El lijado permite eliminar pequeñas irregularidades y dejar la superficie preparada para recibir la pintura. Es una fase que requiere paciencia, ya que cualquier defecto que permanezca en este momento puede terminar siendo visible una vez aplicada la capa final.
La pared debe quedar suave, uniforme y libre de imperfecciones perceptibles antes de comenzar a pintar. Solo entonces se puede pasar a la última etapa del proceso. Y es precisamente la pintura la que termina de transformar el espacio, pero no debe ser la encargada de ocultar los problemas anteriores.
Fotografía de portada | Vía @damiangilarquitecto | Leroy Merlin
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