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Cómo limpiar las correas de las persianas para quitar las manchas negras y dejarlas como nuevas

El contacto continuo con las manos hace que las cintas acumulen grasa, polvo y suciedad, pero podemos limpiarlas sin desmontar la persiana

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Joana Costa

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Es una estampa habitual limpiar los cristales, repasar los marcos e incluso acordarse de quitar el polvo de las lamas, pero hay una parte de las persianas que suele sobrevivir durante meses fuera de cualquier rutina doméstica: la correa. El problema es que precisamente es uno de los elementos que más tocamos y esa suciedad acumulada acaba convirtiendo una cinta clara en otra grisácea y llena de manchas.

Si bien no todas se ensucian al mismo ritmo, las persianas situadas cerca de la cocina pueden estar más expuestas a grasa y vapores, mientras que las ventanas que permanecen abiertas reciben más polvo y partículas del exterior. Además, solemos agarrar siempre aproximadamente la misma zona concreta, de ahí que aparezcan franjas mucho más oscuras que el resto.

Un problema de limpieza, no de desgaste

Antes de lanzarse a frotar fuertemente con el estropajo conviene comprobar que estamos ante un problema de limpieza y no de desgaste. Si hay fibras sueltas, la cinta está deteriorada o empieza a recogerse con dificultad, frotar intensamente puede empeorar su estado. Una correa desgastada puede necesitar ser sustituida en lugar de una sesión especialmente entusiasta de limpieza.

Si está en buenas condiciones, no hace falta desmontarla. Lo primero es bajar completamente la persiana para trabajar con la cinta más estable y colocar, si es necesario, un paño detrás para proteger la pared. Conviene limpiar la longitud accesible completa y recordar que la parte posterior también acumula suciedad aunque no la veamos habitualmente.

Agua tibia y jabón para empezar

Para una suciedad moderada puede prepararse agua tibia con una pequeña cantidad de jabón neutro o lavavajillas. Basta con humedecer un paño o una esponja y recorrer la cinta de arriba abajo, evitando empaparla. Para las manchas difíciles puede utilizarse un pequeño cepillo de cerdas suaves o un cepillo de dientes viejo.

La clave está más en repetir el movimiento que en frotar demasiado fuerte. Es muy importante trabajar ambas caras y prestar especial atención a las zonas donde colocamos habitualmente las manos. En cambio, un frotado suave resulta especialmente recomendable cuando la cinta tiene ya unos cuantos años y sus fibras pueden haberse debilitado (y quizás no encontramos un recambio).

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Cuando la suciedad está muy incrustada

Si el jabón no resulta suficiente, puede aplicarse un producto quitagrasas sobre las zonas más sucias y dejarlo actuar aproximadamente cinco minutos. Después se vuelve a trabajar la cinta con una esponja humedecida en agua jabonosa hasta que la grasa adherida vaya desapareciendo, sin utilizar más fuerza de la necesaria.

Terminado el proceso, hay que pasar una bayeta limpia y húmeda para retirar los restos de producto y secar posteriormente con otro paño. Es importante dejar que la cinta pierda toda la humedad restante antes de utilizar normalmente la persiana, evitando que el agua pueda terminar entrando en el mecanismo del recogedor.

También conviene evitar lejía, limpiadores abrasivos y detergentes excesivamente concentrados, que pueden alterar el color o deteriorar las fibras. Y más que seguir un calendario rígido, lo práctico es incorporar la correa a la limpieza de las ventanas y actuar cuando aparezcan las primeras manchas, antes de que años de manos, polvo y grasa terminen dejando su particular biografía sobre la cinta.

Fotos | En Pexels Gantas Vaičiulėnas e IA

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