La humedad y la condensación son dos de los grandes enemigos silenciosos del hogar. No solo afectan a la estética de la vivienda, con antiestéticas manchas en techos y paredes, sino que también pueden convertirse en un problema de salud. Así lo explica Andrea Caaveiro (@petitbyandrea), experta en vivienda y bienestar en el hogar, quien pone el foco en un gesto cotidiano tan sencillo como decisivo, ventilar todos los días.
“Esto es lo que nadie te cuenta sobre la humedad y la condensación en casa”, advierte Caaveiro. Y es que la humedad está siempre presente en el ambiente, la gran diferencia está en cómo se gestiona este problema dentro de nuestras viviendas.
El nivel de humedad ideal
Según los expertos, el nivel óptimo de humedad en casa debería situarse entre el 40 % y el 60 %. A partir de ahí, especialmente cuando supera el 70 %, el riesgo aumenta considerablemente: proliferan ácaros y hongos, aparecen problemas respiratorios y comienzan los daños visibles en la vivienda.
Este porcentaje, además, no es estático. “Sube mucho con tareas cotidianas del día a día”, explica Caaveiro. Tender la ropa dentro de casa, utilizar baños sin ventanas, colocar prendas mojadas sobre los radiadores, la falta de ventilación en invierno o la tendencia actual a hacer casas cada vez más herméticas son factores que disparan la humedad interior sin que seamos conscientes.
Por qué aparece la condensación en invierno
El problema se agrava especialmente en los meses fríos. Cuando encendemos la calefacción, se produce una gran diferencia de temperatura entre el interior y el exterior. El aire caliente, cargado de humedad, entra en contacto con las superficies más frías de la casa como paredes, techos o ventanas, y se enfría, transformándose en pequeñas gotas de agua. Eso es la condensación.
Con el tiempo, esa humedad constante acaba generando manchas de moho que no solo se quedan en paredes y techos, sino que pueden extenderse a la ropa, los textiles del hogar e incluso a elementos decorativos.
La gran solución
La solución, aunque sencilla, suele ser la más olvidada. “Aunque sea invierno, es súper importante ventilar al menos 15 minutos al día”, insiste Caaveiro. Abrir ventanas permite renovar el aire, reducir la humedad acumulada y evitar que esta se condense en las superficies.
A este hábito básico se le pueden sumar otras medidas eficaces: utilizar un deshumidificador, evitar tender la ropa en el interior o hacerlo siempre con una ventana abierta, dormir con las puertas de los dormitorios abiertas para favorecer la circulación del aire y mantener una ventilación cruzada siempre que sea posible.
Uno de los fallos más habituales, según Caaveiro, ocurre cuando las ventanas sudan. “Tendemos a sellarlas, y eso es un gran error”, explica. Al hacer la vivienda todavía más hermética, el problema no solo no se soluciona, sino que empeora, ya que la humedad queda atrapada en el interior sin posibilidad de escape.
Soluciones avanzadas
Cuando la ventilación natural no es suficiente, existe una alternativa cada vez más común: los sistemas de ventilación forzada. Estos sistemas toman aire del exterior y lo impulsan por toda la vivienda sin necesidad de abrir ventanas, mejorando la calidad del aire interior y reduciendo de forma notable el nivel de humedad. Como resume Andrea Caaveiro, el mensaje es claro: "Una casa que respira es una casa más sana".
Fotografía de portada | Vía @petitbyandrea
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