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Diario de a bordo: instalamos suelo de madera en la terraza

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Como ya os comenté hace un tiempo, el crudo invierno dejó en mi terraza un recuerdo imborrable: unos interesantes agujeros en las losetas cerámicas. La verdad es que el constructor no estaba nada inspirado el día que escogió el suelo, ya que sabiendo que en la zona las heladas son frecuentes en invierno, tuvo a bien elegir las baldosas más penosas que había en el mercado, sin resistencia a las heladas para más señas.

Cada primavera descubría unos pequeños agujeritos en ellas, pero este año después de casi dos meses de nieves frecuentes, su tamaño había aumentado considerablemente.

Y no me quedó más remedio que tomar una decisión al respecto. Otro invierno más y el año que viene tendría que abrir las puertas de mi casa a una brigada de albañiles, cosa que no me apetecía nada por distintos motivos.

Desperfectos provocados por la nieve y las heladas

Desde el primer día que pisé mi terraza tuve claro que me encantaría tener un suelo de madera tropical. Incluso pedí algún presupuesto, los cuales me devolvieron unas cifras prohibitivas. Durante todos estos años no se me quitó la idea de la cabeza: tarima de madera y bolo blanco...

Con el tiempo investigué sobre la mejor manera de hacerlo y así supe que las tarimas de exterior se apoyan sobre rastreles y que estos tienen que ir en el sentido del desagüe para que el agua no se embalse bajo el suelo.

Pero en mi cabeza asaltaban nuevas dudas. Una de ellas era la limpieza. Teniendo en cuenta que la madera tiene que tener una separación entre los tablones, es de rigor que la suciedad acabara acumulándose bajo la tarima y al realizar una instalación fija no veía la manera de efectuar una limpieza óptima, y la idea de tener un ecosistema bajo mis pies me hacía replantearme el tema.

Envés de las losetas

Y en estas tribulaciones andaba cuando encontré unas losetas de madera de Ipe que tenían una pequeña estructura plástica en la parte inferior. La madera tenía muy buen aspecto, mucho mejor que cualquiera que hubiera visto antes, sólida y con un buen acabado. La baza de estas losetas es el sistema de ensamblaje: se unen unas a otras gracias a su base plástica, con lo que no es necesario instalar rastreles, taladrar, clavar ni atornillar, lo que simplifica el trabajo.

Me puse manos a la obra y en unos pocos días la terraza presentaba un aspecto totalmente distinto: justo como lo vi en mi cabeza diez años antes.

Para cubrir el suelo utilicé unas pocas herramientas: sierra de calar, lija, cúter, destornillador y algunas regletas metálicas. Algunas de las losetas no encajaban bien, así que tuve que hacer unos cortes en las hendiduras de la base de plástico para facilitar la unión. Fui uniéndolas de tres en tres, formando cuadrados, para luego colocar estos enfrentados.

Esquema de colocación

Esquema de la terraza

Delimité las zonas donde se agrupan las macetas, dejando estas áreas libres de tarima. Realicé algunos cortes en la madera para crear varios huecos, y rematé dos de ellos en diagonal.

Afortunadamente las medidas de la terraza jugaron a mi favor y no tuve que hacer muchos cortes, lo que me facilitó la labor. De todos modos, la madera de Ipe es fácil de cortar con la sierra caladora. Las losetas cortadas en diagonal no tenían suficiente sujeción en las partes más pequeñas, por lo que tuve que unirlas por debajo con unas regletas metálicas.

Antes y después

Antes y después

Una vez cubierto el suelo con la tarima, rellené los huecos con bolo blanco de tamaño medio, regando abundantemente para eliminar el polvo que los impregnaba. Entonces pude comprobar que bajo el entramado el agua fluía sin que nada la obstaculizara, una de mis mayores preocupaciones.

Al contrario que en otras losetas que había visto con anterioridad, estas presentaban una pequeña separación entre las lamas, adecuada para permitir las dilataciones, pero que apenas deja ver el suelo, y no deja que caigan dentro objetos pequeños, hojas, etc… contribuyendo a mantener la base del suelo más limpia, solo efectuando un buen riego de vez en cuando.

Madera y bolo blanco

Vista general

Ya solo quedaba dar una buena limpieza con agua y jabón, y una vez seco, aplicar una capa de aceite para maderas exóticas, para facilitar su conservación y mantenimiento. Después de trabajar sobre el suelo, moviendo muebles, y realizando cortes, la madera presentaba marcas en algunas partes. El efecto del aceite sobre la madera es espectacular, ya que, una vez aplicado, de inmediato recupera el color original y hace desaparecer cualquier marca o raya de la madera, apareciendo como nuevo.

En el capítulo de costes, la tarima viene a costar 47 euros el metro cuadrado, al que hay que añadir 75 kilos de bolo blanco, que cuestan unos 30 euros aproximadamente.

El resultado ha sido muy favorecedor, cambiando el aspecto de la terraza por completo. Este verano trasladaré mi despacho aquí, para disfrutar del aire libre mientras escribo.

Y ahora vamos a jugar un poco; os lanzo un reto ¿sabéis qué es el adorno que reposa bajo el pruno, junto a las macetas, en la penúltima imagen del post?

En Decoesfera | Diario de a bordo

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