Con el final del verano, balcones, terrazas y jardines empiezan poco a poco a transformarse. Muchas de las plantas que han florecido durante los meses de más calor reducen su actividad y los días cada vez más cortos anuncian la llegada de una nueva estación. Es también el momento en el que las plantas de interior recuperan protagonismo.
Entre ellas destaca la calathea, una planta tropical reconocible por unas hojas que pueden resultar casi tan llamativas como una flor. Verdes intensos, dibujos geométricos, franjas claras, tonos púrpuras o combinaciones de varios colores hacen que cada variedad tenga un aspecto diferente, y que en cada casa impriman un carácter bien distinto.
Sin necesidad de sol directo
Originarias principalmente de las regiones tropicales de América, las plantas conocidas popularmente como calatheas están acostumbradas a crecer protegidas por vegetación de mayor tamaño. Esa procedencia explica buena parte de sus necesidades y también por qué no necesitan recibir sol directo para resultar espectaculares.
Unas hojas que parecen pintadas
El principal atractivo de la calathea, que llega a Lidl por 9.99 euros, está en su follaje. Dependiendo de la variedad, sus hojas pueden presentar rayas, manchas, bordes ondulados o contrastes entre diferentes tonalidades de verde. Algunas muestran además el envés en tonos morados o rojizos.
Otra de sus peculiaridades es el movimiento de las hojas. A lo largo del día pueden modificar ligeramente su posición en respuesta a los cambios de luz, un comportamiento característico de distintas plantas de la familia de las marantáceas.
En casa, la mejor ubicación suele ser un espacio luminoso pero protegido del sol directo. Colocarla junto a una ventana con luz filtrada puede ser una buena opción, mientras que una exposición intensa al sol puede terminar dañando o decolorando sus hojas.
La humedad, una de las claves
A diferencia de otras plantas que toleran olvidos prolongados de riego, la calathea agradece cierta regularidad. Conviene mantener el sustrato ligeramente húmedo durante su periodo de crecimiento, pero evitando siempre el encharcamiento, ya que el exceso de agua alrededor de las raíces también puede perjudicarla.
La humedad ambiental es otro factor importante. Su origen tropical hace que agradezca ambientes relativamente húmedos y que pueda sufrir especialmente en habitaciones muy secas. Con la progresiva bajada de las temperaturas, por tanto, conviene prestar atención a la proximidad de radiadores y otras fuentes de calefacción.
Sin corrientes, por favor
También prefiere temperaturas estables. El frío intenso y las corrientes de aire no son buenos aliados de la calathea, por lo que durante otoño e invierno debe mantenerse protegida dentro de casa y lejos de cambios bruscos de temperatura.
Un sustrato aireado y con buen drenaje ayudará a conservar la humedad necesaria sin acumular demasiada agua. También es importante utilizar una maceta con orificios que permita evacuar el exceso después de cada riego.
Con sus grandes hojas decorativas y la enorme variedad de dibujos disponibles, la calathea ofrece una forma diferente de mantener el color cuando termina el verano. No necesita flores para llamar la atención: su follaje es precisamente el encargado de convertirla en una de las plantas de interior más decorativas durante todo el año.
Fotos | Pexels: Huy Phan y cottonbro studio.
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