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40 Winks: uno de los micro hoteles más bonitos del mundo que encierra provocación y misterio
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40 Winks: uno de los micro hoteles más bonitos del mundo que encierra provocación y misterio

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'40 Winks' es un pequeño hotel ubicado en el moderno East London (uno de sus lugares más representativos es Whitechapel), un subconjunto al este de Londres con áreas cercanas a la antigua ciudad. Es aquí, donde se ubica este mágico hotel. Su propietario es el diseñador David Carter y la decisión de decorarlo como si de su propia casa se tratase lo ha convertido en un cuento de hadas ingenioso y de capricho, con una larga lista de espera.

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Adentrarse en cada una de las estancias del hotel 40 Winks es como introducirse en el cuento de Alícia en el País de las Maravillas y para maravilla, la que su regente ha conseguido fusionando el mobiliario histórico-clásico inglés y otros con reminiscencias de otros países del mundo, con el glamour y el modernismo de piezas selectas elegidas para coordinar con elementos antiguos que cada vez es más usual ver entre las tendencias del siglo XXI.

Durante una década fue uno de los lugares de moda en la ciudad y grandes celebridades pasaron por sus estancias. También lo han hecho importantes compañías publicitarias para realizar sus campañas. Fotógrafos, estilistas y modelos han pisado este hotel colmado de sofisticación y sensaciones que nos trasladan al Londres añejo enfrentándolo con el más actual.

Y es que, 40 Winks tras una década sigue enamorando a grandes artistas que deciden exponer sus obras entre sus paredes. Es curioso, pero con tan sólo dos habitaciones el micro hotel boutique londinense se ha convertido en uno de los hoteles más pequeños del mundo y con una gran lista de espera.

Ha alcanzado tal estatus social que atrae a la prensa internacional y no es que sus precios por noche sean de lo más desorbitados, sí algo elevados para algunos bolsillo pues oscilan entre los 136 y 222 euros la noche pero factibles si queremos darnos un capricho. Sin embargo, es el gran alboroto que envuelve a este hotel lo que nos lleva hasta sus estancias analizamos qué sucede en ellas y tras un estilo ecléctico que combina láminas orientales con papeles pintados, cojines de pelo largo y pompones de tul decorativos para el techo, comprendemos qué atrae tanto a todo viajero. Son muchos los deseosos de experimentar la fascinación que emana en el lugar.

Una de las claves del mini Hotel 40 Winks es evitar la frialdad que presentan otros hoteles de mayor tamaño. Por ello el interiorismo usado es seductor y memorable, totalmente encantador para cualquier huésped que desea sustituir lo ordinario por lo extraordinario. Esto sucede cuando una vez instalados sienten como alojarse en él es una experiencia que merece la pena y se asemeja , en parte, al sentimiento cercano de tu propio hogar mientras se disfruta de su enigmática decoración.

El juego de luces y claros oscuros, más la mezcla del mobiliario causan una sensación de inmersión fascinante y, entre ellos, se organizan eventos con narradores y músicos que atraen aún más a participar de este lugar. Lo mejor es que para asistir a las fiestas hay que vestirse con el pijama o camisón para pasar una cómoda y gran velada. Lo bueno que tiene una ciudad como Londres son la cantidad de alojamientos nuevos que se abren cada semana, sin embargo 40 Winks sigue recibiendo solicitudes para reservas constantemente y no es para menos, si lo que se busca, es una experiencia diferente y original.

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La imaginación y la creatividad en los espacios la ponen sus mobiliarios que juegan paralelamente con el color de las paredes (blancas y otras muy oscuras), algunas empapeladas. En el baño la gran bañera victoriana revestida de latón es la pieza reina y el conjunto de cortinas con pequeñas esferas de madera,igual ocurre con el inodoro de estilo clásico o los mobiliarios desgastados a drede, así como objetos sin sentido repartidos por todo el hotel que decoran chimeneas, ventanales y cocina. Todos ellos causan sensaciones enigmáticas. Una posible experiencia para viajar al lugar de las hadas y tomar un buen té inglés entre sus interiores.

Fotos | 40 Winks Hotel

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