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Puertas abiertas: un comedor campestre en blanco

Puertas abiertas: un comedor campestre en blanco
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Este comedor campestre que vemos hoy y que pertenece a Jeanette Lindell, es un buen ejemplo de cómo el color, o mejor dicho la ausencia de este, obra milagros. En este espacio conviven muchos objetos de procedencias dispares, sin embargo se ha conseguido que el ambiente resulte relajante y no abigarrado, como hubiera sucedido de combinar diferentes colores.

Todo es blanco. Desde los muros, techo y suelo que delimitan el espacio hasta el piano que descansa junto a la pared, incluso el enjambre de marcos que ocupa un gran plano junto a la entrada. Un ejemplo de como una casa de campo puede ser luminosa sin abusar de lo típicamente rústico.

Varias son las jugadas magistrales que han tenido lugar entre estas cuatro paredes. El suelo se presenta liso y brillante, así como las paredes también muestran un aspecto depurado. Para romper con tanta uniformidad y aportar un punto acogedor, el techo se ha cubierto de un entramado de listones de madera. Este contraste me parece muy acertado, da una dimensión muy interesante a la habitación.

Comedor campestre

Los muebles se han pintado o escogido en blanco, pero no se ha cedido totalmente a este no color: el sobre de la mesa ha conservado un tono de madera natural que beneficia claramente el resultado. los pequeños contrastes que veremos a lo largo de toda la habitación son muy sutiles, pero necesarios. La elección de un banco como asiento en uno de los lados, enriquece estéticamente la zona de comedor, aunque al tener brazos y estar pegado a la mesa no resulta demasiado cómodo en la práctica.

Sobre la mesa vemos algo que a muchos seguro que espanta, pero que a mí me gusta especialmente: un colgador de ramas secas que forma conjunto con la lámpara de lágrimas de cristal. El color pajizo resulta suficientemente neutro como para que llame la atención sin apabullar la vista. Es toda una declaración de intenciones: la mesa es el alma de la sala, el corazón alrededor del cual se estructura la estancia, punto de reunión y atención.

Al fondo, junto a la entrada vemos un conjunto de fotografías. Otra jugada maestra, ya que los marcos se confunden sobre el fondo y el colorido de las imágenes crea un suave collage que no desentona. Imaginemos esos mismos marcos en distintos colores, o en tonos oscuros por ejemplo; el efecto sería muy diferente sin duda.

Vista desde la cocina

Cerca de la ventana, un piano espera a que saquen de entre sus cuerdas todo su potencial musical, ya que el decorativo se le ha exprimido al máximo. Su zona alta sirve de apoyo para diversos objetos equilibrados con acierto, letras, plata, un busto y un espejo, juntos en buena compañía al calor de la melodía. Una frase pintada en la pared da aún más serenidad al rincón.

Los pequeños detalles tienen gran importancia. Sobre las columnas se cuelgan farolillos livianos de cristal que alumbran sin agobiar, y los armarios se decoran con coronas hechas con ramas verdes. En un rincón hay una pequeña zona de trabajo en la que acomodarse y escribir, y una butaca invita a relajarse.

Un interior con duende en el que no solo imagino la vida cotidiana de la familia que la habita, sino que me veo a mí misma relajada, descansando y riendo en este estupendo comedor lleno de paz.

Imágenes vía | Blomsterverkstad En Decoesfera | Claves del estilo Shabby Chic

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