Cuando se trata de una cocina pequeña, no hay espacio que deberíamos desaprovechar. Desde un hueco entre muebles para meter un carrito auxiliar hasta las zonas más altas de la pared. Y es que, de nada sirve esa mueblería que se corta unos centímetros antes de llegar al techo más que para almacenar polvo y suciedad.
Por eso, desde la empresa versátil modulares (@versatilmodulares), nos recomiendan algo muy básico: los muebles hasta el techo. "Cuando tenemos espacios pequeños, cocinas pequeñas, no hay que tener miedo en hacer la mueblería hasta arriba, que llegue hasta el techo sin ningún problema", dice su representante.
Una estrategia sencilla que permite sacar partido a una zona que, en muchas cocinas, queda completamente desaprovechada: la parte superior de los armarios. Los muebles altos pueden convertirse en el lugar perfecto para guardar aquellos objetos que utilizamos con menor frecuencia, mientras que las baldas y compartimentos inferiores quedan reservados para el menaje y los utensilios del día a día.
Tres niveles, tres usos diferentes
Una de las ventajas de diseñar los muebles hasta el techo es que permite establecer una organización por niveles. De esta manera, cada zona responde a una necesidad concreta y acceder a los objetos resulta mucho más sencillo.
En el primer nivel pueden colocarse las piezas de uso cotidiano. Tazas, vasos o aquellos elementos que forman parte de nuestra rutina diaria deben permanecer en una zona cómoda y fácilmente accesible. "En esta mueblería, por ejemplo, pongo en el primer nivel las tazas que uso a diario", explica la interiorista.
El segundo nivel puede destinarse a elementos que también se utilizan con frecuencia, aunque no necesariamente todos los días. Es el caso de platos, fuentes, cuencos o parte del menaje habitual.
Y queda un tercer nivel, situado en la zona más próxima al techo, que se convierte en un auténtico espacio extra de almacenamiento. "Es perfecto para almacenar todas esas cosas que no uso a diario", señala. Allí pueden encontrar su lugar los moldes de repostería, la vajilla de ocasiones especiales, pequeños electrodomésticos que se utilizan de forma puntual o cualquier otro objeto que no sea necesario tener constantemente a mano.
Aprovechar la altura sin recargar el espacio
Llevar los muebles hasta el techo no significa necesariamente que una cocina vaya a parecer más pequeña o más saturada. Al contrario, cuando el diseño está bien planteado, esta solución puede contribuir a crear una sensación de orden, ya que permite concentrar una mayor capacidad de almacenaje en una misma superficie.
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Además, al evitar el espacio vacío que suele quedar entre la parte superior de los armarios y el techo, se elimina una zona que tiende a acumular polvo y que, en muchas ocasiones, termina utilizándose para colocar objetos de manera improvisada.
El resultado es una cocina más limpia visualmente y, sobre todo, más funcional. La cuestión no consiste únicamente en añadir armarios, sino en distribuirlos de manera que cada cosa tenga su lugar y que aquello que más utilizamos permanezca siempre al alcance.
Fotografía de portada | Vía @versatilmodulares
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