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Una casa en oro, negro y blanco

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Oro, negro y blanco. No es precisamente la combinación de colores más habitual, pero le ha servido al arquitecto barcelonés Jorge Rangel para devolver a la vida a este antiguo piso de menos de 100 metros cuadrados.

La vivienda original era un sinfín de pequeñas habitaciones que el arquitecto decidió transformar en un espacio fluido y contínuo, con formas quebradizas y ángulos extraños que lo moldean según las necesidades de cada uso, todo realzado por el uso de los contrastes entre el negro de la piedra caliza, el blanco de techos y paredes y el dorado de las nuevas particiones. Por momentos, es como estar en Alicia en el País de las Maravillas.

casa en oro, negro y blanco - comedor

Desde la entrada, accedemos directamente al salón comedor. Un espacio amplio y generoso, donde dos grandes sofás, uno negro y otro gris claro, nos invitan a sentarnos y charlar en un ambiente luminoso y cálido, donde las predomina el blanco, aunque va ganando presencia el dorado y, al fondo, el negro de la cocina.

En lo que debía ser una antigua y pequeña habitación, se encuentra ahora el comedor. Una gran mesa de cristal redonda, flanqueada por cuatro sillas de altos respaldos a rayas negras y blancas es todo lo que encontramos en esa zona, bien resguardada por una imponente pared dorada e iluminada por una lámpara de araña.

casa en oro, negro y blanco - cocina

Tras el salón, llegamos a la cocina, un lugar en el que predomina el negro y la superficie rugosa de la pizarra con la que está cubierta la barra y gran parte de los paramentos verticales. Salvo algún detalle en acero inoxidable, todo es negro en esta gran cocina: sillas, lámparas, electrodomésticos… hasta la imponente campana extractor.

Sin embargo, a pesar de lo mucho que llama la atención una cocina en este color, seguro que todos habéis reparado en lo que se encuentra a continuación, que no es otra cosa que un gran jacuzzi con el que se comienza la transición del espacio público a lo privado.

Desde luego, no es nada convencional encontrarse una gran bañera junto a la cocina. Tiene sus ventajas, porque podemos, por ejemplo, vigilar el baño de los niños mientras preparamos la comida, aunque dudo que ese fuera el motivo de su colocación. ¿Qué os parece a vosotros?

casa en oro, negro y blanco - baño

Siguiendo nuestra ruta, llegamos al baño, ubicado junto a la habitación principal, justo tras la pared dorada que flanquea la subida al jacuzzi, e iluminado por el gran ojo de buey en la pared de pizarra.

La decoración del baño refleja perfectamente el espíritu de la vivienda. Grandes contrastes de colores y formas que tratan de liberarse de la ortogonalidad. Ninguno de los pavimentos o revestimientos están colocados de forma paralela ni a las paredes ni a los techos, provocando inquietud en el espectador.

El inodoro, el lavabo y el bidé también contribuyen a añadir un poco de surrealismo, con sus líneas curvas y su blanco brillante. El espejo, por su parte, es como un eclipse y un atardecer al mismo tiempo.

casa en oro, negro y blanco - dormitorio

Tras abrir la última puerta, llegamos al dormitorio, donde nos espera la última sorpresa de la visita. Y es que junto a la cama encontramos la ducha —porque bañarse es muy bonito, pero lo cómodo es ducharse—, de nuevo enmarcada por la pizarra negra, como el resto de las zonas húmedas de la vivienda.

Entenderéis ahora por qué se siente uno como Alicia en el País de las Maravillas al pasear por esta casa en oro, negro y blanco. Nada está donde parece, o al menos donde se lo espera, los colores y las formas te desorientan, atribulan y atrapan. Al mismo tiempo quieres escapar y quedarte allí a vivir para siempre.

Más información | Jorge Rangel
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