En uno de los momentos más mediáticos de su carrera, con el estreno de Pura Sangre el pasado 28 de enero en Telecinco, Blanca Romero (@blancaromeroe) vive una etapa de máxima exposición pública. Sin embargo, lejos de los focos y las alfombras rojas, su verdadero refugio está en el norte. En la Asturias verde, donde el tiempo discurre a otro ritmo, la actriz ha encontrado el equilibrio que necesita.
De alma costera, espíritu sidrero y pasado indiano. Así es Villaviciosa, la parroquia asturiana donde ha construido su particular santuario. Escoltada por el Cantábrico, rodeada de praos infinitos y flanqueada por palacetes, blasones, hórreos y granjas, la vivienda se integra en el paisaje sin caer en el tópico rústico. Al contrario, se aleja de la estética tradicional más evidente del Principado para abrazar una calidez contemporánea, luminosa y profundamente personal.
Un dormitorio elegante con clave minimalista
El dormitorio principal es una declaración de intenciones. Predomina una paleta neutra donde el blanco de la ropa de cama contrasta con la sobriedad de un cabecero tapizado en tonos tierra. Las paredes lisas y los techos altos, rematados con molduras discretas, aportan una sensación de amplitud y pureza visual.
En el centro, la cama vestida con textiles blancos impecables se convierte en protagonista absoluta. Sobre ella, Blanca posa en un delicado vestido negro de líneas fluidas, una elección estética que dialoga con la sencillez sofisticada del espacio. Las mesillas clásicas en tonos claros y una lámpara de base torneada refuerzan ese aire atemporal.
Aquí no hay excesos decorativos, sino que cada pieza tiene una razón de ser. La luz natural, suave y envolvente, potencia la sensación de descanso y convierte el dormitorio en un auténtico santuario personal.
Un salón biblioteca con carácter
Si el dormitorio invita al recogimiento, el salón-biblioteca es el corazón intelectual y social de la vivienda. La estancia destaca por sus techos con vigas curvas en color blanco, un guiño a la arquitectura tradicional reinterpretada desde una mirada contemporánea.
A ambos lados, estanterías empotradas repletas de libros enmarcan el espacio y aportan profundidad. Frente al gran ventanal con cuarterones —que enmarca un paisaje verde casi pictórico— se sitúa un sofá capitoné en terciopelo azul petróleo. La pieza añade un toque clásico y sofisticado que contrasta con la fibra natural de la alfombra de yute.
Las cortinas en lino crudo tamizan la luz exterior y crean un ambiente íntimo y acogedor. Dos mesas auxiliares de madera maciza, de formas orgánicas, actúan como centro improvisado y subrayan la conexión con la naturaleza. El conjunto equilibra tradición y modernidad con una armonía impecable.
El espacio a doble altura
Uno de los rincones más impactantes de la casa es el salón principal a doble altura. Aquí, un espectacular candelabro de hierro forjado con lágrimas de cristal desciende desde el techo, convirtiéndose en una pieza escultórica que preside la estancia.
La distribución es abierta y fluida. Un sofá XL blanco de líneas suaves aporta frescura y ligereza, mientras que las plantas colgantes y las macetas estratégicamente ubicadas refuerzan la presencia del verde, incluso en el interior. Las guitarras apoyadas junto a la pared introducen un matiz personal y creativo.
En las paredes, obras de arte contemporáneo conviven con pequeños cuadros enmarcados, creando un diálogo entre lo clásico y lo actual. La barandilla blanca de la planta superior permite que la luz circule sin obstáculos, potenciando la sensación de verticalidad y amplitud. El suelo en madera clara unifica el conjunto y aporta calidez, equilibrando la altura y la monumentalidad del espacio.
Imagen de portada | Blanca Romero
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