En medio del bosque asturiano, entre vegetación, un río y apenas unos vecinos, María encontró algo que llevaba tiempo buscando, una forma diferente de vivir. Con 32 años, decidió alejarse de la vida convencional y recuperar una antigua vivienda abandonada para convertirla, poco a poco y con sus propias manos, en su hogar.
La casa, a la que ha bautizado como Nogalia, no llegó a su vida como una vivienda lista para entrar. Cuando la descubrió, apenas podía distinguirse entre la vegetación. Las zarzas habían invadido buena parte de la construcción y el paso del tiempo había dejado su huella. Sin embargo, María vio posibilidades donde otros probablemente habrían visto únicamente una ruina.
Su historia se ha dado a conocer a través del canal de YouTube de Arnau Serrado, dedicado a personas que han decidido abandonar las ciudades para emprender una vida más sencilla en entornos rurales y de montaña. María también muestra su día a día y la evolución de su casa en su propio canal, @elcampuylamaria.
Una casa escondida entre las zarzas
El encuentro con Nogalia se produjo durante una etapa especialmente particular. María se encontraba en el pueblo cuando comenzó la pandemia de COVID-19, un lugar al que acudió para confinarse junto a su madre, que también vive allí.
La amplitud del entorno y la escasa población del municipio hicieron que aquella experiencia fuese muy diferente a la que vivieron muchas personas durante aquellos meses. Fue precisamente en ese periodo cuando comenzó a explorar los alrededores y, siguiendo el curso del río, terminó encontrando aquella construcción prácticamente engullida por la naturaleza. “Esta es nuestra casita, a la que hemos bautizado Nogalia. Yo llegué aquí cuando el COVID. En el 2019 la encontré y en el 2020 la compré”, explica.
Cuando la vio por primera vez, únicamente podía distinguir la parte superior de la casa. El resto estaba cubierto por una auténtica maraña de vegetación. “De la casa solo se veía la parte de arriba, el resto era zarza que se lo comía todo”.
Pero aquella primera impresión no fue suficiente para hacerla desistir. Todo lo contrario. María decidió investigar quién era el propietario y, después de hablar con un vecino, consiguió ponerse en contacto con el dueño. “Una vez la encontré, sentí que había posibilidades de que este fuera mi hogar”.
Una vivienda de 6.000 euros
El siguiente paso fue entrar en la casa y comenzar a descubrir qué había detrás de aquella vegetación. Con herramientas y mucho trabajo físico, María fue despejando el acceso. “Me puse a dar palos a diestro y siniestro a la zarza, encontré la puerta, entré y descubrí una nueva María, la María real”.
La compra se cerró por 6.000 euros, una cantidad que convirtió aquella antigua construcción en su propiedad y, sobre todo, en el proyecto personal que todavía continúa desarrollando. “Pagué 6.000 euros por la casa y a día de hoy es mía, soy propietaria”.
Desde entonces, la reforma se ha convertido en un proceso pausado en el que el tiempo tiene más valor que el dinero. No se trata de transformar la vivienda de un día para otro, sino de ir adaptándola progresivamente a sus necesidades. “Mi moneda de cambio ahora mismo es el tiempo, no el dinero”.
Artesanía para financiar una vida con muy poco
Vivir de una manera tan alejada de los modelos convencionales también implica encontrar una forma de obtener ingresos sin renunciar al estilo de vida que ha elegido. En el caso de María, la artesanía se ha convertido en una de sus principales vías para conseguir ese dinero.
“Yo me dedico a la artesanía, tengo una marca que se llama Salvaxe y me dedico a hacer macramé, es una de las cosas que me da ingresos para poder seguir sobreviviendo y ganar el poco dinero que necesito para vivir aquí, he aprendido a vivir con muy poco”.
Su trabajo artesanal encaja, además, con la filosofía que ha adoptado desde que se instaló en Nogalia. En lugar de buscar grandes ingresos para mantener un determinado nivel de consumo, su objetivo es reducir sus necesidades y hacer que sus recursos sean suficientes para sostener su día a día.
La venta de sus piezas de macramé le permite generar parte de los ingresos que necesita mientras continúa dedicando buena parte de su tiempo a la casa, al entorno y a las tareas propias de una vida más autosuficiente.
El suelo de arcilla y una reforma hecha a mano
La vivienda no es especialmente grande, aunque tampoco se trata de una construcción diminuta. Una de las necesidades que María identifica es precisamente la falta de espacio destinado al almacenamiento. “Es verdad que la casa no es pequeña, pero tampoco es grande y me gustaría tener un poco más de espacio, necesito lugar de almacenamiento”.
Uno de los trabajos que está realizando actualmente tiene que ver con el suelo. La vivienda presenta una superficie de arcilla muy compacta, un material que no le preocupa por problemas de humedad, pero que sí supone un considerable esfuerzo físico a la hora de modificarlo. “El estado de mi suelo es pura arcilla, es muy compacto, no tiene humedad pero de cara a picar es un material muy duro”.
Su estrategia consiste en avanzar poco a poco, dedicando cada día una parte de su tiempo a la rehabilitación. “La idea que tengo es nivelar, ir nivelando, todos los días pico un poco”.
Es una filosofía que encaja con la manera en la que María ha decidido construir su nueva vida: menos dependencia del dinero y más capacidad para aprovechar sus propias habilidades, su tiempo y los recursos que tiene a su alrededor.
Vivir desconectada de la red eléctrica
Nogalia tampoco funciona como una vivienda convencional. María vive sin conexión a la red eléctrica y obtiene la energía necesaria mediante placas solares. Eso significa que el sol se ha convertido en una variable más de su rutina diaria. La cantidad de energía disponible condiciona determinadas actividades y obliga a organizar el trabajo doméstico de una manera diferente.
El agua también procede de un recurso propio: un manantial situado en el entorno. “Pagas 6 euros al año”, explica al hablar del coste relacionado con el agua, aunque reconoce que este sistema implica depender de las condiciones meteorológicas.
La misma dependencia se produce con las placas solares. “Si haces sol, puedo tirar más de ella, pero si no hace sol, tengo que hacer otro tipo de actividades”. En lugar de entender estas limitaciones como un inconveniente permanente, María ha incorporado la meteorología a su manera de organizarse.
Una casa que funciona al ritmo de la naturaleza
La vida en Nogalia exige modificar algunas de las costumbres habituales de una vivienda conectada a todos los servicios. Aquí no siempre se puede decidir cuándo utilizar determinados recursos, porque las condiciones del entorno tienen un papel determinante.
“Vives un poco al ritmo de la vida, pero como nunca hay expectativa y cada día es un día nuevo, puedes practicar en hacer las actividades conforme lo vayas sintiendo, siempre hay cosas que hacer y siempre puedes ser productivo”.
La productividad, en este caso, no está necesariamente relacionada con llenar el día de obligaciones. Hay momentos para trabajar en la casa, cultivar, cuidar el entorno o realizar tareas manuales, pero también para detenerse. “Siempre hay cosas por hacer, siempre puedes ser productivo y, si no tienes ganas, te puedes quedar en el sofá tranquilamente mirando pasar los pájaros”.
Fotografía de portada | Arnau Serrado
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