En la búsqueda constante de optimizar metros cuadrados, una de las decisiones más habituales en reformas y viviendas nuevas es sustituir las puertas abatibles tradicionales por modelos correderos. A primera vista, parece una solución lógica para liberar espacio y ganar fluidez. Sin embargo, la arquitecta Emma Guillén (@rusem.ma) advierte que esta elección no siempre responde a un criterio bien planteado.
Más allá de una cuestión de centímetros, la clave está en entender el uso real del espacio y cómo se relacionan sus elementos. Porque, como señala la experta, "Mucha gente cambia la puerta abatible por una corredera para ahorrar espacio, pero no es esa la cuestión, sino el uso y la distribución".
Más paso, pero menos pared
Las puertas correderas se han convertido en sinónimo de modernidad y ligereza visual. Y no es casual, éstas permiten ampliar el paso entre estancias y eliminar el radio de giro que exige una puerta abatible.
Sin embargo, esta ventaja tiene una contrapartida que muchas veces se pasa por alto, la pérdida de superficie útil en la pared. Al necesitar un tramo libre para deslizarse, las puertas correderas limitan la colocación de muebles, cuadros o incluso interruptores en ese espacio. "Con puerta corredera, ganas paso, pero pierdes pared útil y suele ser más cara", dice la arquitecta.
Además, su instalación suele implicar un mayor coste, especialmente si se opta por sistemas empotrados que quedan ocultos dentro del tabique y ofrecen un acabado más limpio.
La abatible
Frente a la tendencia actual, la puerta abatible sigue siendo una opción plenamente vigente. Su principal inconveniente es evidente: necesita espacio para abrirse, lo que puede condicionar la distribución en estancias pequeñas.
No obstante, ofrece ventajas claras. Es más económica, más sencilla de instalar y permite aprovechar al máximo las paredes, algo especialmente valioso en viviendas donde cada centímetro cuenta para almacenaje o decoración.
La clave está en el uso, no en la moda
El error más común, según Emma Guillén, es tomar esta decisión guiándose únicamente por la idea de ganar espacio o por tendencias estéticas. En realidad, todo depende del contexto. "Para mi, si tienes poco espacio real, puerta corredera pero si puedes permitirte mínimamente el giro, abatible. A no ser que quieras unir espacio sin que las puertas queden en medio", dicta.
Si el espacio es realmente reducido y el giro de la puerta resulta inviable, la corredera es una solución eficaz. En cambio, si existe margen suficiente para la apertura, la puerta abatible suele ser la opción más equilibrada en términos de coste, funcionalidad y aprovechamiento del espacio.
Fotografía de portada | Emma Guillén
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